Durante la campaña electoral de 2024 el Frente Amplio se comprometió ante la ciudadanía y ante todos los gremios de la educación a aumentar el Presupuesto de la Educación llevándolo al 6% del PIB más el 1% para investigación, ciencia y tecnología.
Recorrieron el país asegurando que la Educación sería una prioridad y que alcanzarían ese aumento presupuestal que lo resumían en el 6+1 que estaba en todos los documentos programáticos de esa fuerza política y en buena parte de sus discursos preelectorales.
Sin embargo, en estos días el Ministro de Educación y Cultura, José Carlos Mahía, dijo con claridad que no podrán cumplir con lo prometido. O sea que, como en otros campos de la vida del país, este Gobierno incumple, otra vez, sus promesas de campaña.
Recordemos que el gasto en Educación está aproximadamente en 4.9% del PIB y en investigación, ciencia y tecnología apenas roza el 0.5%.
Por lo tanto, los reclamos de los gremios que creyeron en la promesa electoral son obvios y evidentes puesto, que, a la hora de la verdad, se sienten engañados. Y, como si fuera poco, el Ministro del ramo les confirma que no se va a cumplir con lo prometido.
A esta altura son tantas las promesas incumplidas que es natural que la ciudadanía tenga una posición muy crítica y desapruebe mayoritariamente la gestión gubernamental. Prometieron resolver todos los temas y transcurrido ya alrededor de una cuarta parte del período de gobierno, es muy poco e insuficiente lo que se ha cumplido.
Además de educación, debe señalarse el triste record de dedicar más de un año entero a diseñar un plan de seguridad que aún no sabemos muy bien en qué consiste, lo que sí sabemos es que la inseguridad sigue siendo tanto o más grave que antes del inicio de este gobierno.
Ni hablemos de la reducción de la pobreza infantil, que fue señalada como la prioridad número uno del gobierno y, sin embargo, sigue estando entre los anuncios postergados.
Podríamos seguir con una larga lista de temas relevantes que están en pausa o con un nivel de ejecución sorprendentemente lento. Lo cierto es que la estrategia del Frente Amplio fue útil para juntar votos, pero el incumplimiento de las promesas queda en evidencia provocando una desaprobación creciente de la ciudadanía.
De todos modos, lo más grave no es solo que no se cumpla con el aumento presupuestal; es más, muchas veces hemos dicho que no alcanza con incrementar el presupuesto para mejorar la educación. Lo que hay que cambiar en profundidad es el funcionamiento, las formas de gestión y los resultados de nuestro sistema educativo.
El problema es que los niños, niñas y adolescentes de nuestro país no aprenden en las aulas lo que es necesario e imprescindible para un desempeño exitoso en la vida adulta. El problema de la educación es que, desde hace décadas, casi la mitad de los jóvenes uruguayos en edad de terminar la educación media no egresan y desertan del sistema educativo sin concluir sus estudios.
El problema mayor es que un proceso de transformación de la educación iniciado en el gobierno anterior, ahora fue interrumpido y desmontado por el actual gobierno que no está impulsando ningún cambio de relevancia, condenando a las nuevas generaciones al grave estancamiento educativo que sigue siendo uno de nuestros mayores problemas.
Nuestro sistema educativo no compite, en varios indicadores, ni siquiera con los sistemas educativos de muchos países de América Latina. Es más, en estos últimos años varios de los países de la región han mejorado en varios indicadores educativos, mientras que nuestro país sigue estancado. Y no estamos, ni siquiera, pretendiendo compararnos con los países desarrollados o miembros de la OCDE. Baste recordar que nuestra tasa de deserción en la enseñanza media es de las más altas de toda América Latina, solo superadas por El Salvador, Honduras y Guatemala.
Entonces, el problema no es sólo la asignación presupuestal, el problema es cómo se aplican y utilizan los recursos. Tenemos una cultura arraigada en el funcionamiento de un sistema que bloquea y desperdicia las oportunidades de cambio.
Si no volvemos a impulsar el proceso de transformación educativa que se inició en el período pasado, no habrá presupuesto que alcance, porque falta una conducción que tenga objetivos claros y contundentes en la dirección del cambio educativo.
De todos modos, todo lo dicho no justifica el incumplimiento de las promesas preelectorales del actual gobierno; porque, además, en materia de Ciencia y Tecnología la asignación presupuestal ha sido siempre históricamente muy baja y un incremento como el prometido y también incumplido, sería seguramente aprovechado de manera efectiva para el desarrollo de nuestro conocimiento científico y nuestro desarrollo tecnológico.
No se puede dejar pasar estas situaciones porque, más allá del caso concreto, contribuyen fuertemente a deteriorar la confianza de la ciudadanía en la política. Vender promesas fáciles y luego no cumplirlas es uno de los peores vicios de la política.
Es bueno, entonces, que la ciudadanía recuerde, cuando se acerquen nuevamente los tiempos electorales, como fue el comportamiento de quienes ofrecieron “el oro y el moro” y cuando llegaron al gobierno lo llenaron de “promesas rotas”.