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Ni una mención

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Acaba de ser publicado en Argentina un libro con el título “Laboratorio Uruguay”. Es un compendio de correcta admiración por el Uruguay escrito desde la desgarradora situación política de la Argentina. Danilo Arbilla, siempre al corriente de todo lo referido al Uruguay, ya se me adelantó y escribió sus comentarios. Yo no me voy a referir al libro sino a otra cosa.

Nosotros, los uruguayos estamos preocupados por el nivel de agresividad en nuestro escenario político. Ellos, los argentinos encuentran maravillosa nuestra vida política. Lo que a los argentinos les resulta admirable -y hasta envidiable- es, por contraste, la forma que tenemos acá de tramitar las diferencias.

Nuestro país tiene una honorable tradición en ese sentido. En los tiempos presentes ha habido gestos emblemáticos en ese sentido: Vázquez al final de su mandato invitando a Luis Lacalle Pou, electo pero aún sin asumir, a acompañarlo en visita oficial a Argentina; Mujica y Sanguinetti, rivales históricos, renunciando juntos al Senado; el Presidente Lacalle Pou invitando a Sanguinetti y Mujica a viajar con él a Brasil a la toma de mando de Lula; Mujica y Sanguinetti escribiendo y presentando juntos un libro. Como para decir: vayan llevando.

Los argentinos admiran estos procederes y su rico significado. Los uruguayos también. Pero no todos: y este es el tema de esta columna: los que no.

Blancos, colorados y ciudadanos sin partido no solo hemos valorado y aplaudido los gestos reseñados sino que nos hemos sentido representados como orientales. Y lo hemos expresado. Por el contrario, en filas del Frente Amplio solo hay silencio: ni una voz, ni siquiera un murmullo de aprobación o identificación con esos gestos en los que, después de todo, participaron las principales figuras frentistas.

Ni una palabra del Presidente del Frente Amplio: él no ha sido capaz de participar en un acto así y no puede aplaudirlo en otros: no le sale, no lo siente. Carolina Cosse, aunque pusiera todo su empeño, tampoco podría elogiar -y menos aún entender- esos gestos de líderes que, por otra parte, invoca como modelos en cada discurso. No digamos nada de Carrera o Bergara.

El propio Yamandú Orsi, cuya candidatura (y toda su trayectoria política) es una fabricación de Mujica y del MPP, no ha tenido, no se le ha ocurrido tener, una palabra de admiración y un gesto de aplauso hacia esos episodios constructores de nación. No digo que se lo reconozca a Lacalle Pou (sería natural pero es demasiado) pero podría reconocérselo a Mujica.

Los dirigentes del antiguo Frente Amplio, el fundacional, entendían lo que es una nación, lo que debe ser la acción política y cuales cosas se pueden hacer (o decir) y cuáles no porque destruyen lo esencial, lo que es común a los de un bando y del otro. Los viejos dirigentes frentistas sabían historia, tenían presente la creación cívica del Uruguay a través de los procesos de encuentro en las diferencias.

En el FA actual no se ha manifestado ni un gesto ni una palabra de reconocimiento hacia las actitudes componedoras en los que han participado sus principales figuras; todos los días es la ira en los rostros y la apuesta política a señalarse y hacerse fuertes en la destrucción. ¡Qué poco han entendido del Uruguay y de los gestos a través de los cuales este país es lo que es y no es como la Argentina!

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