Sebastián Da Silva
Que Mujica no tiene ninguna autoridad moral o intelectual para exigirle a una maestra de escuela que eduque bien a sus alumnos es bien conocido por todos los uruguayos. Nadie que se exprese urbi et orbi como lo hace el candidato frenteamplista puede pararse frente a un patio escolar para recomendarles buenos modales, educación o buen idioma castellano a nuestros niños.
Este detalle no menor, aparentemente no impacta ni en nuestra sociedad, ni en la izquierda universitaria, ni en el Frente fundado por un caballero como lo fue el Gral. Líber Seregni.
Hoy vale todo, y si dicen que el nivel de la campaña es muy bajo, hay objetivamente un aporte sustancial de Mujica y sus amanuenses que le festejan sus ocurrencias.
Esta semana justificó esta particular forma de hablarle a la población, debido a su pasado entre rejas, que lo obligó a asimilar el lunfardo tumbero para poder hacer más sencilla su reclusión.
El dilema hoy ya no pasa por el lenguaje del "Pepe", pese a todo es uno de los hombres más populares del Uruguay, sino por las consecuencias que esta forma de hacer y decir pueden tener si llegara a ser Presidente de la República.
En Derecho Internacional, existen dos seres humanos que representan a toda una nación, dos seres humanos que con su firma, sus discursos, y sus compromisos tienen plena y discrecional facultad para involucrar a todo un territorio independiente, autónomo y autodeterminado.
Los tratados en la materia le dan esta facultad irrevocable a los cancilleres, encargados del relacionamiento con el resto de la comunidad internacional y por supuesto que en primerísima primera persona a la figura del Presidente.
Hoy Tabaré Vázquez está de gira por Estados Unidos, lo dicho y hecho frente a Hillary Clinton es tomado por el Departamento de Estado como la posición uruguaya, y sin el menor análisis ideológico o de coyuntura, cualquier compromiso o palabra de más o de menos que provenga de un mandatario es tomado como una posición irrevocablemente nacional y está bien que así sea.
Si hay algo que enorgullece a nuestro país, es su trayectoria internacional. Un país chico debe de tener gente preparada para representarlo y hacer valer sus derechos frente a los poderosos, algo que la tradición de nuestro servicio exterior ha hecho realidad desde que nos consolidamos como Estado Nación.
Pero en el vértice de esta pirámide está el que manda, el Presidente, que para el caso que tuviéramos el lamento de que sea Mujica, tendríamos que implorarle a nuestros santos que por favor y por el bien del país no se "descarrile", no abra la boca de más o diga una barbaridad en los tantos viajes y misiones que un presidente debe de hacer para afianzar las relaciones con el mundo.
Lo del reportaje con el diario La Nación fue patético, si fue gravísima la forma de dirigirse al Poder Judicial, la forma de hacerlo dio vergüenza propia, porque no fue a cualquiera al que le hicieron la entrevista.
Es culpa de todos habernos permitido que un ministro o un presidenciable no tenga el menor sentido común para dirigirse a un medio internacional.
De ahí a correr el riesgo de ser el hazmerreír del planeta es un tema muy pero muy delicado…