Alfonso Lessa
En menos de un mes los uruguayos deberán elegir al próximo presidente (o dos si hay balotaje): tendrán que optar entre Luis Alberto Lacalle y José Mujica. Pero más aún, deberán elegir, según el candidato blanco, entre el populismo y la República; de acuerdo a los frentistas, entre la continuidad del modelo de Vázquez o lo que consideran un retroceso.
Parece claro que después de las internas en las que no pocas veces Mujica tomó distancia de Vázquez, hoy el candidato frentista y sus asesores son conscientes que la popularidad del mandatario constituye uno de sus principales capitales. Y el discurso oficialista se ha ido impregnando cada vez más de la gestión del gobierno.
El presidente, dicho sea de paso, anunció desde Nueva York que no descarta su candidatura para el 2014, en un nuevo gesto de reafirmación de su liderazgo, luego de las críticas que lanzara al candidato de su propia fuerza política.
Su hermano y prosecretario de la Presidencia, Jorge Vázquez, al mismo tiempo, ingresó de lleno en la campaña debatiendo a distancia con Lacalle sobre las sociedades anónimas.
Ante la publicidad de los logros del gobierno, los blancos han recogido el guante y aprovechan cada oportunidad para comparar cifras y datos sobre la economía y la seguridad pública, dos de los temas que más importan a los uruguayos.
Los blancos, al mismo tiempo, procuran atacar a Mujica golpeando algunas de las características personales que le han permitido construir un personaje popular, pero que también rechinan a una parte del electorado.
Entre los blancos, Larrañaga se ha mantenido en la primera línea de combate, ocupándose del discurso más duro. Entre los frentistas, Astori -otro de los capitales del Frente-, ha ido reapareciendo gradualmente luego de los desaciertos recientes de su compañero de fórmula.
Los dichos de Mujica, primero en La Nación de Buenos Aires y luego en el libro Pepe Coloquios siguieron centrando buena parte del debate y de la preocupación de su comando electoral, que ha trabajado para reforzar la imagen del candidato como parte de un equipo.
Entre los blancos, el tema también preocupa. Lacalle la tuvo servida en bandeja, pero volvió a cometer errores innecesarios, como la polémica acerca del lugar donde vive Mujica.
El candidato colorado, Pedro Bordaberry, en tanto, ha comenzado a golpear no sólo a Mujica, sino también a Lacalle, consciente de que sólo puede crecer en un espacio que comparte con el candidato blanco. Y Pablo Mieres espera por los votos disconformes con todos los demás.
Al mismo tiempo que esto ocurre, acaba de comenzar la publicidad electoral en los medios. Es, por ley, el último de los recursos que los partidos lanzan a la cancha. La publicidad masiva, según estiman los expertos, difícilmente haga cambiar el voto a aquellos que están plenamente definidos.
Pero, sin embargo, puede influir en un espacio menor de electores, aquel que está integrado por los ciudadanos de voto débil o indefinido, que en esta elección serán decisivos.