Los pueblos orientales

Ruben Loza Aguerrebere

El historiador Aníbal Barrios Pintos (Minas, 1918) es un hombre numeroso. Dirigió un centenar de revistas, entre 1938 y 1972, dedicadas a los Departamentos del Interior de nuestro país; durante años fue colaborador del suplemento de "El Día", con artículos de temas de nuestra historia.

Es autor de 43 obras históricas, entre ellas piezas clásicas, como "De las vaquerías al alambrado", "Historia de la ganadería en Uruguay", "Orientales en la emancipación americana" (con Reyes Abadie) y, entre otros, la "Historia de la mujer en el Uruguay". Miembro de la Academia de Letras y del Instituto Histórico y Geográfico, ha obtenido el Premio Nacional de Literatura y el Bartolomé Hidalgo.

Barrios Pintos acaba de publicar en estos días otro libro que nos enriquece: se trata de "Historia de los pueblos orientales" (Ediciones Banda Oriental), un caudaloso volumen de más de 600 páginas, en las cuales el historiador escribe sobre el surgimiento de los pueblos de todo nuestro país, en el período que va desde 1850 hasta 1900. La expansión del ferrocarril, las nuevas vías de comunicación, los centros fabriles, las colonias agrícolas, los puertos y la incesante búsqueda de inmigrantes europeos (que se dispersaron por todo el territorio nacional), que analiza, dan cuenta de cómo el Uruguay iba a la cabeza, en materia de urbanización, en toda América Latina.

Finalizada la llamada Guerra Grande, se promulgaron diversas leyes que determinaron la fundación de nuevos pueblos cercanos a la frontera con el Brasil. Señala Barrios Pintos que en la segunda mitad del siglo XIX, en la creación de los pueblos uruguayos, fue predominante la figura del fundador privado. Asimismo, el estudio del historiador minuano revela que más de una treintena de pueblos proyectados, algunos de ellos delineados, no se concretaron.

Otros detalles relevantes, tienen que ver con la primera ley de colonización, en nuestro país, que es de 1853, otorgando beneficios fiscales a las familias inmigrantes dedicadas a la agricultura. Otro proyecto, no menos valioso, es el de Benjamín Victorica y Urquiza, del año 1888, destinado a construir un ferrocarril en la frontera y colonizar tierras adyacentes, con la obligación de instalar cinco colonias en el tramo comprendido entre Artigas (hoy) y Rivera, y quince entre Rivera y el actual Río Branco. En cuanto a la normativa para la declaración de pueblos, data de 1877.

A través de sus páginas, Barrios Pintos traza el itinerario de cada uno de los pueblos, con datos minuciosos, que surgen tanto de archivos locales como internacionales. Para la confección de esta obra invalorable, el historiador uruguayo ha recorrido fuentes documentales en Uruguay, en Argentina y España, entre ellas, el Museo Mitre, la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, los archivos de Santa Fe y Corrientes, y el archivo de Indias, en Sevilla. Posee, en consecuencia, los datos más recónditos. Barrios Pintos ha incluido en estas páginas, en la nómina de pueblos y villas, a varios que hoy constituyen barrios montevideanos, y que iniciaron su andadura hacia el porvenir con ese rango; algunos de ellos aún conservan esa categoría.

Este tercer tomo de la "Historia de los pueblos orientales", culmina uno de los mayores emprendimientos para la reconstrucción de las raíces de nuestra identidad nacional.

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