Aníbal Durán Hontou
Lo que expondremos acto seguido, tal vez se gane el mote de "banal" o "innecesario", tal vez lo tilden de "retórica vacua". En lo particular, nos parece la génesis que permitirá cambios futuros… Me refiero a valores que debemos rescatar y preservar.
Así nos referimos a la tolerancia; tolerar no es compartir. La tolerancia es una manera de convivir independiente de las ideas que se agiten en el escenario de la convivencia.
Tolerar no es transigir; el que transige se pliega a ideas que no compartía. La tolerancia mantiene frente al campo opuesto toda la vieja firmeza de una postura distinta; observa la posición ajena desde su lugar, sin comprometerse con ella, y usa tácticas cordiales ya sea para no entorpecer el ejercicio de las actitudes que no comparte, ya sea para ganar adeptos en campo contrario.
Nos ocupamos del respeto; el respeto es por encima de todo una noción moral. La persona sin otra consideración adjetiva, solo por el hecho de serlo, es acreedora a un título de respeto sin discriminación de ninguna causa específica, de ninguna relación particular. El respeto debe considerarse como una contribución forzosa, ininterrumpida y permanente, que los hombres se deben entre sí. Contribución sin exclusiones, firme, perpetua, niveladora, a la que nadie escapa en el trance de sus contactos con unos y con otros. Puede exigirse sin otra sanción que la reciprocidad y debiera acatarse al margen de toda idea de correspondencia, por simple buen gusto, por el placer estético de ajustar la conducta a normas de afinidad social.
El mundo sufre una pérdida de cortesía, un déficit de buenos modales.
La cortesía es un conjunto de costumbres, etiqueta, educación y rituales informales que facilitan nuestra interacción y por lo tanto nos otorgan la manera de tratarnos con mutua consideración.
¿Qué decir de la educación ? No repetiremos conceptos, análisis, conclusiones de gente verdaderamente idónea. Simplemente diremos que la educación reclama entre nosotros una rectificación de rumbos. Esa rectificación debe apuntar a colocarla frente a dos realidades: la que deriva de la capacitación práctica del hombre para la conquista de un bienestar material y lo prepara en cuanto instrumento de producción y la que mira al hombre en sí mismo como valor sustancial, empeñándose en integrarlo como ser inteligente y sensible, capaz de reacciones morales, capaz de percibir en la vida de relación el equilibrio necesario entre los derechos que se proclaman y los deberes que se tienen, capaz de moverse y actuar subrayando las exigencias que lo enfrentan con su fin último.
"Solo los educados son libres", dijo un griego, sabia expresión.
Seguramente la educación no produce mejores individuos en forma automática, pero lo hace con mucho más frecuencia que la estupidez y el egoísmo que surgen de la falta de conocimiento y el empobrecimiento del intelecto. Una educación pública de calidad, es lo único que nos va a asegurar movilidad social que equivale a decir que el hijo de un hombre humilde podrá ser profesional el día de mañana, como era moneda corriente muchos años atrás.
Refirámonos a la democracia como un valor a preservar. Al decir de Giovanni Sartori, la democracia es una gran generosidad, porque para la gestión y la creación de la buena ciudad confía en sus ciudadanos. Pero se constata que los ciudadanos no participan, no se informan, muchas veces ni van a votar y eso hace decir al citado Sartori "que la democracia está potencialmente en peligro".
Pero hagamos un distingo: diferenciar a la máquina de los maquinistas. La máquina (la democracia) es lo que mejor se ha inventado para permitir al hombre ser libre y no estar sometido a la tiranía de otros hombres. El problema son los maquinistas, los hombres, que imbuidos de soberbia y altanería ponen en riesgo esta máquina con más de dos mil años.
Accionemos con el ejemplo, todos somos al mismo tiempo sujetos activos y pasivos de ejemplo; todos debemos administrarnos en función de la posibilidad de influir y ser influidos. La vida de relación plantea en este sentido un clima que es necesario encarar como de recíproca situación de servidumbre moral, donde la libertad humana queda limitada a cuanto no atente ni directa ni indirectamente a desorientar los rumbos de la conciencia ajena.
Finalmente, la etapa de desarrollo de un país no equivale a los productos de ese desarrollo (tecnología avanzada), sino a una condición previa: una actitud de seriedad, de responsabilidad, de conductas probas socialmente compartidas; afianzar los valores expuestos en la nota, constituyen el inicio del camino hacia ese desarrollo.