La intromisión en los asuntos internos uruguayos del presidente Kirchner acompañada por la complicidad de políticos locales, más la posición indescifrable del Frente Amplio, en relación con la denominada "Ley de Caducidad", en un país signado por la migración masiva registrada en los últimos tiempos, llevan a reafirmar la necesidad de enterrar el pasado y construir de una vez por todas un porvenir oriental de modernización y esperanza.
Tengo a la vista las expresiones de los nuevos mandos superiores de las Fuerzas Armadas nacionales y —en particular— las expresiones del nuevo jefe del Ejército, Teniente General Santiago Pomoli.
Se trata de un pronunciamiento respetuoso, en el que se reconoce que el pasado histórico que vivimos los uruguayos puede haber supuesto excesos —no sólo de parte de los terroristas—y que no es posible hurgar más sobre temas como el de los desaparecidos, encarado en reciente instancia por la llamada "Comisión para la Paz".
Pertenezco a una generación que ha sido rehén de los episodios impulsados por grupos guerrilleros, inspirados en el totalitarismo castrista.
Elementales razones de humanidad permiten comprender sin esfuerzo que es absolutamente admisible que existan quienes anhelan saber dónde reposan los restos de sus seres queridos, perdidos en la aciaga jornada del tiempo pasado. Pero el precio nacional relacionado y pagado cuando aquellos episodios es ya demasiado grande y la convocatoria a la grandeza y altura de miras a los dolidos resulta impostergable, como tributo que reclama una nación que viene de pasar enormes dificultades, que ha padecido el flagelo vigente de la ida de buena parte de su juventud a buscar suerte en suelos extraños y que —aun cuando hay una clarinada de esperanza respecto del bienestar común— está obligada al trabajo sostenido para, con el transcurso de varios años, rehacer su soporte material. Asiento de los valores éticos y de las libertades fundamentales que nos son caros y soporte necesario, para un futuro general uruguayo de progreso material y social.
De allí, la visión compartida del país, en función de las palabras del Teniente General Pomoli que se comentan.
"Nuestras Fuerzas Armadas, herederas de Artigas, sostén de la nacionalidad y respaldo indiscutido de nuestra soberanía territorial, fluvial y marítima, es posible puedan ser mejoradas. Es imposible a su vez ignorar que oficiales y tropa vienen sufriendo limitaciones presupuestales severas, como seguramente no conocieron a lo largo de la historia.
El tema es materia que corresponde a los expertos, no obstante lo cual su significación para un país pequeño metido entre dos grandes vecinos es de elocuencia espontánea. Sentirlas como parte del todo nacional, terminar con las separaciones, la confrontación y la severidad crítica, cuando alguna vez en la jornada moderna salieron de los cuarteles, convocadas por el gobierno civil, ante un aluvión de caos, sangre y anarquía, es imperativo que uno siente con rebeldía en la hora.
En definitiva, sin tapujos, ni temblor en el pulso, unimos la expresión modesta de nuestra pluma, para cerrar el pasado y encarar —de una vez por todas— el desafío grande del porvenir". De acuerdo con los conceptos desarrollados por el nuevo Comandante en Jefe del ejército.