Frenar la revolución eléctrica: una miopía estratégica en un mundo en llamas

La noticia ha encendido las alarmas en los sectores más visionarios de nuestro país: el Ministerio de Economía y Finanzas está evaluando seriamente revisar y recortar los incentivos fiscales a los vehículos eléctricos. Bajo el argumento técnico de que el mercado "ha madurado" tras un impresionante salto en las ventas, el gobierno amaga con reintroducir el IMESI a los autos de cero emisiones.

Esta visión no es solo un error contable; es una muestra alarmante de miopía estratégica. Calificar de "maduro" un parque automotor donde los vehículos de combustión interna siguen siendo la abrumadora mayoría es un autoengaño peligroso. Pero lo más grave es el contexto global en el que se pretende tomar esta decisión. Mientras el mundo observa con horror el desarrollo de la guerra de Estados Unidos contra Irán, el suministro global de petróleo pende de un hilo. En un planeta al borde del abismo energético, insistir en encadenar el futuro de Uruguay a los combustibles fósiles importados roza la irresponsabilidad histórica.

Cada barril de petróleo que Uruguay importa representa una fuga de divisas, pero hoy, además, representa una vulnerabilidad geopolítica inaceptable. Depender del crudo extranjero en medio de un conflicto bélico que amenaza con bloquear las principales rutas marítimas del Medio Oriente es exponer nuestra economía a la inflación importada, al desabastecimiento y a los caprichos de un mercado global volátil y hostil. El costo de esta dependencia no se mide solo en dólares; se mide en la pérdida de nuestra soberanía económica.

¿Por qué dar un paso atrás cuando llevamos la delantera? Uruguay ha logrado lo que potencias industriales solo sueñan: transformamos nuestra matriz energética y hoy generamos casi la totalidad de nuestra electricidad a partir de fuentes renovables: eólica, solar e hidroeléctrica. Esta es nuestra gran ventaja estratégica en el siglo XXI. Somos inmunes a las crisis de generación eléctrica que azotan a otros países porque el viento y el sol no dependen de la geopolítica de Washington, Teherán o la OPEP.

Ante la necesidad de equilibrar las cuentas públicas, la respuesta burocrática de siempre es recurrir al libreto gastado: subir impuestos, eliminar exoneraciones y asfixiar al sector privado. Es una receta destinada al estancamiento. En lugar de continuar con esta adicción fiscal de aumentar la carga impositiva a la innovación, el gobierno debe mirar hacia adentro. El verdadero camino hacia el equilibrio fiscal y la prosperidad no es recaudar más a la fuerza, sino achicar el costo del Estado y desmantelar el pesado aparato burocrático que asfixia a los ciudadanos y a las empresas. Si bajamos el costo de la estructura estatal y eliminamos las trabas regulatorias absurdas, liberaremos una energía económica sin precedentes. Menos burocracia significa más margen para la actividad económica real, más incentivos para el ahorro y un terreno fértil para la inversión productiva. Alivianar la mochila que el Estado le impone al privado es la única forma sostenible de generar riqueza.

El verdadero salto al futuro no consiste en recaudar un puñado de dólares eliminando las exoneraciones fiscales al transporte limpio para financiar el peso de un Estado ineficiente. La verdadera genialidad económica radica en acelerar de manera agresiva la transición completa hacia las renovables, impulsada por un sector privado dinámico y desregulado, sustituyendo cada gota de petróleo importado por electrones generados en suelo uruguayo. Descarbonizar por completo el transporte nos daría una inmunidad total ante las crisis externas, blindando nuestra economía y transformando a Uruguay en el primer país del continente verdaderamente independiente de los combustibles fósiles.

En un momento donde las corporaciones globales y los ciudadanos del mundo buscan refugios seguros frente al cambio climático y la inseguridad energética, nuestra matriz verde, combinada con una reforma que reduzca el peso del Estado, sería nuestra mejor carta de presentación. Castigar el éxito de la electromovilidad con más impuestos es enviar la señal equivocada al revés de la historia. No apaguemos el motor de nuestro propio futuro. Es hora de subsidiar la audacia y liberar la economía, no de financiar el pasado con la plata de los contribuyentes.

Fernando Espuelas es el CEO de Verde Inc., y fue fundador de StarMedia.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar