Escritor, senador y Premio Nobel

RUBEN LOZA AGUERREBERE

Camilo José Cela es dueño de una carrera literaria tan extensa como exitosa. Recuerdo que don Fernando Díaz Plaja contaba que desde joven Cela sabía que sería Premio Nobel. En ese largo recorrido, el celebrado escritor ha tocado, por cierto, todos los géneros. Baste recordar que hasta escribió un diccionario. Peregrino de infinitos caminos literarios, fue, por cierto, un abanderado de la clásica tradición española.

Hijo de padre gallego y madre de sangre inglesa, abrió los ojos en el paisaje cantado por Rosalío de Castro. Nació en la pequeña villa de Iria Flavia (La Coruña), en 1916. Cuando tenía nueve años, su familia se instaló en Madrid. Terminados los estudios secundarios, que formó en colegios religiosos, comenzó a estudiar medicina pero abandonó la carrera rápidamente. Llegó la guerra civil, que lo sorprendió, con veinte años recién cumplidos. Estuvo en Madrid una temporada y luego pasó a la zona nacional.

Terminada la guerra civil, Camilo José Cela se matriculó en la Facultad de Derecho. La abandonó tres años después. Fue entonces cuando se colocó como escribiente en el Sindicato Nacional Textil. Allí planeó y redactó su primera novela, la muy exitosa y hoy clásica, "La familia de Pascual Duarte", publicada en Madrid, en 1942. Con este libro, en esa fecha, podríamos decir que renació la tradición literaria española.

Camilo José Cela sostenía, como Baudelaire, que la inspiración no existe. Decía que la inspiración: "es un subterfugio de zánganos". Por ello, todos los días tomaba su pluma para "cultivar callos en el dedo de escribir". Y trabajando sin pausas, Camilo José Cela fue escribiendo su larga obra. Todos sus libros fueron escritos a mano: "Cuaderno de Guadarrama", "Tobogán de hambrientos", "Toreo de salón", "Garito de hospicianos", "Viaje al Pirineo de Lérida", "Los sueños vanos, los ángeles curiosos", "El carro de heno" y tantos más.

En 1977, Camilo José Cela se convirtió, por designación real, en senador de las primeras Cortes Generales de la transición democrática. Puso en esa oportunidad, al servicio de los textos legales, su impronta de académico y conocedor del idioma castellano.

Tras publicar "Los vasos comunicantes" retornó a la novela con "Mazurca para dos muertos", una emotiva tragedia, teñida por la violencia, el tremendismo y el humor negro; le valió el Premio Nacional de Literatura de 1984. Y, hablando de premios, tres años después recibió el Príncipe de Asturias de las Letras. Y llegamos a 1989, año en que se le confirió el Premio Nobel de literatura. Este modificó su vida, en verdad, aunque siguió escribiendo, y, entre sus libros de esos días, figuran "Desde el palomar de Hita", "El camaleón soltero" y "Memorias, entendimientos y voluntades". En 1994 ganó el Premio Planeta con "La cruz de San Andrés", y publicó otros libros, entre ellos, "El asesinato del perdedor". Finalmente, le fue concedido el Premio Cervantes.

Al recibir el Premio Nobel, Camilo José Cela recordó a su maestro, a don Pío Baroja, diciendo: "Se quedó sin el Premio Nobel porque la candelita del acierto no siempre alumbra la cabeza del justo".

Pero con él fue justa. A diez años de su muerte (en enero del 2002) su obra le sobrevive y sin riesgos. En ella confraternizan el juego y la realidad, porque sus libros, aunque hablen de la muerte, son el habitáculo de la vida. ¡Larga vida al escribidor!

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