¿Energía?

Estamos en un momento del país, la región y mundial en que el tema energético se impone en la preocupación ciudadana, las agendas de gobierno, los presupuestos económicos de cuanta actividad acontece, y en los académicos, que con sus conocimientos, capacidades, métodos, exploran y buscan nuevas fuentes.

Al tema de la energía —como tantos otros a nivel nacional— se le reconoce como un problema, se le encara y discute en forma parcial y sectorialmente, no se deciden los caminos a seguir, y se le posterga. Es como tantos otros temas-problemas, en que los discursos van por un lado y las acciones —o inacciones— por otro.

El problema energético está entrando en una fase donde las medidas de emergencia surgirán por necesidad, por no haberse —en tiempo y forma— hecho las previsiones del caso. Por supuesto las medidas en cuestión serán soluciones que aliviarán la crisis, pero seguramente serán parciales, circunstanciales y efectivas —no decimos eficientes pues seguramente tengan un alto costo agregado que pagaremos entre todos.

La semana pasada tuve ocasión de participar en una de las habituales sesiones de trabajo de un grupo que se reúne periódicamente para analizar, reflexionar y a veces proponer acciones tendientes a la generación de nuevos conocimientos y su posterior aplicación al quehacer nacional. O sea que se tratan temas de investigación y desarrollo, de ciencia y tecnología, de innovación y distribución social de beneficios, de políticas y presupuestos, de organización jurídica del Estado y participación social, de integración nacional y cooperación internacional.

En la sesión se trató la preparación de un "Encuentro Regional de Ciencia y Sociedad" que tendrá lugar en Montevideo, en junio, organizado por uruguayos y brasileños, con participación de argentinos, chilenos y otros mercosurianos, y de cuya convocatoria se informará en breve. La agenda abarca Ciencia y Sociedad, con fuerte presencia de las ciencias sociales auxiliando la comprensión de las complejas interrelaciones de la investigación e innovación, la Biotecnología, la Informática y Comunicaciones, y las Energías.

Al tratar el Panel dedicado a Energías quedó clara la importancia y trascendencia para el desarrollo y progreso nacionales, y en la necesaria integración a los grupos de análisis, propuesta y decisiones de la academia, esto es, los investigadores. Porque como en tantos otros temas del quehacer político nacional, éste también es demasiado importante como para dejarlo exclusivamente en manos de los políticos; debe participar el conjunto social.

El Uruguay es doblemente dependiente de las energías provenientes del petróleo: no tenemos o no conocemos la existencia de yacimientos en nuestro territorio y plataforma marítima, que sería la primera y de evidente dependencia, pero existe una segunda, quizás más imperceptible pero no menos determinante. Nos referimos a la resignación y a la aceptación irreflexiva a que el petróleo sea una de las dos fuentes básicas en la que se basa nuestra economía, junto a la generación hidráulica.

El Uruguay debiera estar en plena actividad, como nación y sociedad organizada, buscando fuentes energéticas alternativas. Como son por ejemplo la eólica, la solar, de hidrógeno, la biomasa en sus múltiples vertientes, u otras muchas, que hoy están en las mentes de unos pocos y los laboratorios de menos.

Para lograr subsanar lo anterior, lo que se requiere es simplemente tener un país organizado, que planifique, que estimule la generación de conocimientos endógenos y que decida invertir en su futuro, para lo cual hay que asignar recursos a la investigación científica y la innovación tecnológica. Hay quienes afirman que los recursos hacen la agenda, y así nos va; estamos convencidas que en función de la agenda —pensada— que nos propongamos, debemos asignar recursos, y así nos irá.

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