Encuestas y elecciones

Es cierto que las empresas encuestadoras suelen equivocarse, si bien en ocasiones coinciden marcando tendencias que, de no intervenir sucesos posteriores, adelantan lo que sobrevendrá. Se trata de organizaciones cuyo objeto es predecir el futuro, una difícil tarea donde es fácil errar. Contradictoriamente, estas mismas encuestadoras pueden, sin proponérselo, ayudar a generar acontecimientos, haciendo que su mero pronóstico se transforme en causa o con causa de ellos. Todo lo cual ratifica la delicada ambigüedad de estos temas.

En nuestro país dos organizaciones, Opción y Equipos Consultores, adelantaron una baja de alrededor del cinco por ciento en los apoyos al Partido Nacional y a Cabildo Abierto que redundaron en similar ventaja del Frente Amplio sobre el bloque republicano, con un crecimiento de los indecisos, y en un aumento significativo de la probable votación del Partido Colorado. A estas alturas de la contienda, cuando faltan menos de ochenta días para el evento electoral, el tema merece análisis. Al menos para intentar comprenderlo, aunque fuere, como ocurre en asuntos como estos donde interviene la subjetividad del elector, solo se lo logre parcialmente.

Ambas mediciones fueron efectuadas coincidiendo con lo ocurrido en Artigas, donde la torpe corrupción del gobierno departamental blanco perjudicó notoriamente al Partido Nacional.

A la vez que por primera vez midió el impacto de la elección de Valeria Ripoll a la vicepresidencia, una decisión que difícilmente haya aportado adhesiones al oficialismo. No sabemos con precisión si éstos, que podemos calificar de circunstanciales, fueron los únicos elementos que incidieron en esta baja, pero parece atendible atribuírsela, dada la proximidad entre su acaecimiento y su registro.

Como fuere, no se trató -como se pretende- de una suba del bloque de izquierda sobre el de derecha, sino un aumento del centro izquierda frentista sobre la coalición de centro republicana, por consiguiente, más fácil de revertir, dado su impacto transitorio.

En el Uruguay de los dos millones cuatrocientos mil votantes, efectivos, existe una franja de alrededor de trescientos sesenta mil electores donde se alojan los indecisos (aproximadamente uno cada diez votantes) más un adicional algo mayor al cinco por ciento del electorado, que puede bautizarse como de votos migrantes que, según las circunstancias, saltan sin mayor esfuerzo de uno a otro de los bloques enfrentados. Este parcial desplazamiento, como dijimos reversible, podría estar explicando el descenso transitorio de la participación del Partido Nacional y el aumento de la indecisión.

Lo que no logra explicar es la razón por la cual en una eventual segunda vuelta entre Delgado y Orsi, donde no se eligen partidos sino hombres, la diferencia a favor de Orsi, aparece como tan consistente. Mayor aún a la que surgió en las pasadas elecciones entre Lacalle Pou y Martínez. Se trata de un índice muy firme que se repite de una a otra medición. El mismo estaría indicando que solamente un triunfo en primera vuelta, evitando una segunda, podría otorgar la Presidencia a la coalición republicana. Un camino que desde ya le impone una campaña sin errores, donde todos sus integrantes deberán asumir el riesgo al que están expuestos.

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