El Pope y el Pepe

Sebastián Da Silva

En la mayoría de los casos el ejercicio de un cargo público, adorna, barniza y jerarquiza la personalidad de quien lo ejerce. Las metamorfosis más elocuentes son las de los Presidentes. Pensemos en el Lula candidato, caudillo del sindicato metalúrgico de hace 10 o 15 años, y comparémoslo con su presente actual cautivando al Foro de Davos y nos daremos cuenta como tremebunda responsabilidad modifica usos, lenguaje y costumbres en un ser humano.

Salvo la triada de incorregibles, Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa, en el resto de América Latina el paso por la presidencia transforma y convierte a los mandatarios en calidad de "Popes".

Conforman junto a las elites académicas y empresariales un acervo de conocimiento que sólo el hecho de estar cinco años dirigiendo los destinos nacionales pueden otorgar.

Nuestro país tiene el privilegio de tener un sistema político admirado a nivel internacional, lo que permite que nuestros ex mandatarios sean permanentemente invitados a dictar conferencias por el mundo, siendo todos ellos, palabra autorizada para hablar de la calidad del sistema democrático uruguayo.

Imagino que por estas circunstancias y por el dulce sabor del poder es que son huesos difíciles de roer.

En Chile que es una democracia comparable con la nuestra, los ex presidentes no tienen la influencia y el liderazgo que tienen en nuestro país, pero acá siempre son opinión influyente para hablar de cuanto tema tengan por antojo.

José Mujica está en esta fase de transformación, pasó el trance de ser el Pepe y se lo ve cada día más Presidente.

Le está imprimiendo a su mandato su sello particular, que en la mayoría de las veces es casi antagónico de su antecesor y correligionario Tabaré Vázquez.

Por cepas o por nefas estas diferencias son cada día más visibles, uno era más solemne, este es más accesible, uno media las palabras, este habla siempre y en todo lugar, uno era mas trancador, este tiene marcha atrás, uno ya está en la categoría de Pope y el actual presidente esta rindiendo examen diario, y lo que es más importante Mujica está en la Estación Carnelli y Vázquez cuenta los días para intentar manejar la locomotora desde la Estación Central.

La cantidad de centímetros cuadrados de advertencias en una caja de cigarrillos fue el detonante de una disputa sórdida que me imagino se está dando en el seno del gobierno.

Los entornos, el personal de confianza y las estrategias personales en algún momento se iban a topar.

Unos por no entender que los derechos adquiridos en una democracia tienen fecha de vencimiento, y los otros por la retórica y el bla bla bla frentista de la unidad que no les permite dejar en claro ciertas cosas obvias: Hoy el presidente es Mujica.

El panorama para adelante es complicado para propios y ajenos. El Frente puede ingresar en un internismo paralizante y la oposición puede caer en el corral de ramas que significa una polarización exclusiva de la izquierda que impida que nuestras mejores ideas tengan la visibilidad que modifique el comportamiento electoral.

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