RUBEN LOZA AGUERREBERE
Pronto se cumplirán 20 años de ese acontecimiento emocionante de la historia moderna de la libertad, y que ya están festejando las ciudades europeas. Me refiero, naturalmente, al derrumbe, del muro de Berlín.
Mientras esperamos en nuestra lengua espléndidos libros como "El muro de Berlín" de Frederick Taylor y "La caída del muro de Berlín" de Jean-Marc Gonin y Olivier Guez, la oportunidad es buena para evocar este hecho extraordinario, a través de Jean Francois Revel. El ilustre pensador francés, como se recordará, había nacido en Marsella en 1924; escribió más de 30 libros y fue miembro de la Academia Francesa de Letras.
En las páginas de su libro "La gran mascarada", Revel sostiene que: "Lo que marca el fracaso del comunismo no es la caída del Muro de Berlín, en 1989, sino su construcción, en 1961". Y agrega: "Era la prueba de que el "socialismo real" había alcanzado un punto de descomposición tal que se veía obligado a encerrar a los que querían salir para impedirles huir".
Revel dice que solamente una minoría de occidentales comprendió el mensaje de "esa deslumbrante confesión de fracaso". Se refería a la edificación del muro. Luego, durante dos décadas, las teorías revolucionarias se desarrollaron y esparcieron como si nada hubiera sucedido. Y aquí Revel apunta: "Es un deshonor para Occidente que el Muro fuera a fin de cuentas derribado por las poblaciones sojuzgadas por el comunismo en 1989 y no por las democracias en 1961, cuando hubiera sido tan fácil que ocurriera".
Y es que la utopía, como dice el pensador francés, "no está sujeta a ningún resultado obligado". ¿Por qué? Porque "su única función es permitir a sus adeptos condenar lo que existe en nombre de lo que no existe".
Tras la desaparición de la Unión Soviética, no bajo las armas del adversario, como le aconteciera al nazismo, sino por efecto de su propio comején interno, se hizo patente el fracaso político, económico e ideológico del comunismo. Muchos pensaron que en el seno de la izquierda internacional ello llevaría a una reflexión crítica sobre la validez de esas ideas, teniendo en cuenta los millones de víctimas que causara, cantidades que han comparado con el nazismo, como señala Martin Amis en "Koba el temible", inhallable en nuestras librerías.
Pero, señala Revel, ocurrió lo contrario: la última década del siglo "ha sido testigo de la poderosa contraofensiva por los políticos e intelectuales de la vieja izquierda con el fin de borrar e invertir las conclusiones que, en 1990, parecían desprenderse de la evidencia del hundimiento del comunismo y, más generalmente, de los fracasos del socialismo".
De esa forma se buscó reeditar la utopía socialista. Y comenta Revel, tras el derrumbe del Muro de Berlín: "En el fondo, el reino del comunismo no es de este mundo, y su fracaso, aquí, en la tierra, es imputable al mundo, no a la idea comunista". En este punto, coincide con el libro de Francois Furet, "El pasado de una ilusión" (prologado por Vargas Llosa), al que tanto elogiara Jorge Semprún.
Y volviendo al tema que nos ocupa, el derrumbe del Muro de Berlín, para decirlo con palabras de Revel, es el mejor testimonio de que, "a pesar de todos sus defectos, son los países democráticos y capitalistas donde -y menos mal- se mantiene la libertad".