Chequera en blanco

ALFONSO LESSA

Néstor Kirchner finalmente se sacó las ganas de ser el secretario general de la Unasur y el presidente José Mujica resultó una pieza clave en su aspiración, al retirar el bloqueo a la candidatura que había impuesto su antecesor Tabaré Vázquez.

Su decisión se transformó en el hecho político de la semana relegando a un segundo plano los días finales de fría campaña electoral para las elecciones que se realizan hoy.

El propio Mujica, conciente del paso que dio, ha dicho que su postura le puede provocar un costo interno en Uruguay y ha dado explicaciones diversas, algunas consistentes -las que tienen relación con los intereses de futuro del país- y otras innecesarias y poco novedosas, como las relacionadas con el futuro electoral argentino.

Mujica explicó su decisión, por una parte, en la necesidad del Uruguay de terminar con la parálisis de las relaciones bilaterales, que pasan hoy por el corte del puente, pero van mucho más allá e incluyen otros temas muy relevantes: desde el dragado de canales al comercio. E incluso en la necesidad de no quedar aislado frente a la postura favorable a la candidatura de Kircnher de otros países.

Por otra parte, justificó su decisión en lo que según él habrá de ocurrir electoralmente en Argentina el año que viene: "Lo más importante, los periodistas no lo han visto todavía y los politólogos tampoco. Lo más importante es quién va a ganar en Argentina, cuál va a ser el próximo régimen, el Justicialismo". Mujica añadió, basándose -dijo- en encuestas y análisis realizados en Buenos Aires, que si el Justicialismo no gana, tendrá igual un gran protagonismo. Nada nuevo, más allá del pronóstico que esto efectivamente significó y que luego trató de minimizar como tal: esta idea no hace más que referir a lo que ocurre en Argentina desde la época de Perón. Eso sí, la realidad y las encuestas muestran algo diferente a lo insinuado por Mujica: por el momento, el antikirchnerismo parece mayoría en un movimiento tan heterogéneo que alberga a oficialistas y opositores y que ha cobijado al mismo tiempo a la Triple A y a los Montoneros, a Menem y a Kirchner.

Kirchner -acompañado de su esposa- ha sido protagonista fundamental del conflicto bilateral al que usó políticamente; y ha tenido otros gestos agresivos hacia Uruguay, como el hecho de haber alentado a los piqueteros en una cumbre presidencial, haber facilitado el acto de Chávez contra la presencia de Bush, mientras se reunía con Vázquez en Uruguay y haber hostigado al sistema financiero.

Pero el fallo de La Haya abrió una nueva etapa y una posibilidad para reencauzar las cosas. Mujica tenía muy poco margen para tomar otra decisión, sin agravar aún más el conflicto. En su decisión, Mujica actuó con realismo político, apostando al futuro en lugar de anteponer el pasado, realizó una jugada fuerte y extendió, más que un cheque, una chequera en blanco a los Kirchner. Ahora resta saber si tendrá una respuesta acorde por parte del matrimonio presidencial.

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