PABLO ANTUNEZ
El Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) adoptó un modelo más participativo, redefinió su misión y apunta al desarrollo integral de los productores y el sector agropecuario. El organismo, solventado por los propios demandantes de la tecnología, mantiene un relacionamiento constante con instituciones del primer mundo y la región y, aunque está lanzando al mercado nuevas variedades de forrajeras, no hay ninguna que sea modificada genéticamente.
Su actual presidente, Pablo Chilibroste, dialogó con El País, explicó las investigaciones que se están realizando con un evento de trébol blanco australiano y brindó la visión de la institución en torno a los transgénicos y los nuevos tiempos.
—¿Qué está haciendo INIA en materia de organismos genéticamente modificados?
—Lo que está haciendo, por ahora, en el marco de un acuerdo con una institución de Australia, es evaluar la manifestación de algunos eventos transgénicos en Uruguay. La investigación con transgénicos es muy, pero muy exigente en términos de protocolo, seguridad y de control de lo que se hace. En este momento INIA está trabajando con un material que fue enviado desde Australia y lo que está generando y demostrando son capacidades de desarrollar este tipo de investigación. INIA no tiene transgénicos incorporados en sus programas de mejoramiento dentro de sus cultivares provisorios para ser lanzados al mercado. Lo que sí está haciendo es comenzando trabajos de investigación en este campo, por ahora con un evento específico de trébol blanco, pero probablemente esto se amplíe a otros eventos con el concepto de que hay que separar los temas comerciales de los de investigación.
—¿Por qué el interés en este producto?
—INIA tiene que ser parte de esta red de desarrollo en Uruguay. Tiene que desarrollar capacidades en el área de biotecnología en general y en el área de la transgenia en particular, porque eso se está moviendo muy rápidamente en el mundo. Al Uruguay este tema no lo puede agarrar desprevenido.
Si hoy por razones de estrategia comercial y de posicionamiento en el mercado mundial, Uruguay dice no queremos trabajar con productos transgénicos está muy bien, pero el país tiene que tener capacidad desarrollada, porque esto puede cambiar muy rápidamente.
—En torno a este tema las visiones cambian muy rápidamente
—Todos vieron los cambios que se dieron en la soja, en los maíces y los que están teniendo los países vecinos. En Brasil hace dos años no se plantaba una sola hectárea de soja transgénica y hoy es prácticamente el 50%; en Europa no entraba la soja transgénica y hoy entra.
Hay que entender que estamos en un escenario muy cambiante, con cambios muy fuertes en el ambiente externo, con los países de la región y del mundo que están trabajando muy duro en este campo. Nos parecería un error tremendo que frente a este tema Uruguay mire para otro lado, al contrario, debe tener clara cuál es su estrategia de desarrollo, su estrategia comercial y en ese marco, también tener una política activa y una estrategia de desarrollo en el área de ciencia e investigación.
—¿Cuál es la visión específica del INIA en este tema?
—La visión de INIA es que su Unidad de Biotecnología, además de integrarse más en los programas del Instituto y asistir todo el mejoramiento genético, también incorpore a los transgénicos conectado con los otros organismos que trabajan en esta área, para definir una estrategia común de desarrollo que le posibilite al Uruguay estar bien posicionado desde el punto de vista científico-técnico.
Después verá que hace con eso, pero no puede no tenerlo. Nos parece pertinente que vaya desarrollando capacidades y demuestre, en esta articulación con Australia, que tiene capacidad de desarrollar experimentos que son muy exigentes en sus protocolos, que pueden llegar a buenos resultados. Ese es un elemento esencial para luego hacer acuerdos más amplios y más orientados a características que nos pueden interesar.
—¿Por ejemplo?
—Se están desarrollando materiales en Australia introduciendo genes en trébol blanco que reduzcan o eliminen el meteorismo (empaste). Esa es una característica de mucho interés en Uruguay, hoy igual podemos seguir diciendo que no nos conviene utilizarlo si estuviera disponible, pero si mañana cambiamos de opinión, Uruguay tiene que conocer el material, haberlo evaluado y estar listo para estar en carrera. Hay que ser muy franco y entender las diferencias que hay entre la estrategia de desarrollo de un sector y las capacidades de investigación. Si queremos correr alguna carrera, la capacidad de investigación tiene que estar al primer nivel mundial en toda las áreas que podamos.