MILAN | ENVIADO
El gobierno uruguayo sostuvo ayer que "la tarea de reconstrucción" de la economía uruguaya "debe comenzar, no será fácil, pero estamos convencidos de que es la única forma de mejorar los niveles de vida de nuestra gente". Este mensaje fue transmitido a la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo por el director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, Isaac Alfie, quien leyó un discurso preparado días antes por las autoridades económicas, donde se estableció la posición uruguaya sobre distintos temas vinculados con el organismo.
Alfie hizo una reseña de lo sucedido en Uruguay durante 2002, especialmente del agravamiento de la crisis económica y financiera. "Llegamos este año a la asamblea, luego de haber sobrellevado 2002, un año difícil para la región, que decreció, pero resultó particularmente adverso para Uruguay, cuyo PIB cayó casi 11%, el desempleo trepó a 18% y el consumo privado se contrajo en más de 15%", expresó.
Luego explicó que ni los dos ajustes fiscales realizados en febrero y mayo, ni la reducción del 15% en el gasto público en términos reales pudieron evitar que el déficit del gobierno se mantuviera en 4% del PIB. "Las adversidades fueron múltiples, no únicamente regionales", agregó. "La economía mundial no pasa por su mejor momento y a esto se agrega que el comercio mundial continúa fuertemente distorsionado, y los precios de las materias primas —a excepción del petróleo—, sumamente deprimidos.
El representante uruguayo destacó que en ese contexto no habría sido posible enfrentar "la mayor crisis financiera de los últimos 30 años" sin la asistencia de los organismos internacionales.
"Una vez más, se volvió a demostrar que nunca son muchas las medidas tendientes a fortalecer la solvencia fiscal y el virtual cese en el ingreso de capitales a la región volvió a dejar al descubierto nuestra dependencia del ahorro externo", dijo posteriormente.
Para evitar esa dependencia, lo cual "es un deber impostergable", según Alfie se necesitan "tesorerías sólidas, políticas creíbles de largo plazo, reformas estructurales que liberen recursos del lado de la oferta, y apertura comercial".
El delegado de Uruguay destacó el papel sustancial que juega el BID en asistir a los países latinoamericanos, y obviamente a Uruguay, por lo cual transmitió la posición de nuestro país sobre la reafirmación del compromiso con mantener la solidez financiera del organismo, en momentos de incertidumbre y riesgo latente en la región.
Recordó que recientemente ese compromiso de todos los países miembros se plasmó en la posibilidad de aumentar los cargos financieros que pagan las naciones prestatarias. Planteó entonces que en el futuro, el BID debe avanzar hacia una política anticíclica en todo sentido al comportamiento del sector privado, y "donde nuestro banco tenga capacidad de responder en los momentos más difíciles".