EL PAIS DE MADRID
La búsqueda de la riqueza en una sociedad industrial puede acabar desembocando en los orígenes mismos de todo: la tierra, el suelo, la propiedad agraria. Pergam Finance es una sociedad de gestión francesa que se ocupa de hacer rendir el dinero. Y se ocupa de los intereses de "varios centenares de clientes y entre ellos grupos familiares e instituciones europeas", cuenta su director, Olivier Combastet.
Y desde hace un año ofrece a sus clientes algo muy palpable: tierra. En Uruguay o en Argentina. Y con la intención de desarrollar proyectos de agricultura intensiva y, en menor medida, de producción de biocombustibles, cuya demanda no deja de aumentar, y más tras la espiral de precios de petróleo.
"Para poder participar en ese tipo de inversiones hay que aportar un mínimo importante y aceptar que ese dinero no se puede recuperar antes de cinco o diez años", afirma Combastet, quien cree estar en condiciones de ofrecer planes de negocio "de los que se espera un rendimiento que se sitúa entre el 10% y el 12%. Hay que tener en cuenta que sólo nos interesan las tierras que están mal explotadas y que, por consiguiente, ofrecen buenas perspectivas de creación de riqueza".
De momento, la propuesta ha resultado atractiva para 25 inversores, y el montante total dedicado a la adquisición de terrenos en Latinoamérica es de U$S 75 millones, lo que supone cerca del 10% del global que maneja Pergam Finance según la publicación Option Finance.
"En Francia, y quizá en buena parte de Europa, seguimos viviendo con la idea de los excedentes agrícolas, de la sobreproducción y no nos damos cuenta de que el mundo ha cambiado y aún cambiará más y muy rápidamente", explica Combastet. "El proceso de urbanización en países como China o la India es galopante. Se calcula que, sólo en China, el 1% de la superficie agrícola es destruido cada año por las nuevas ciudades y por la polución. Y en ese contexto de potencias emergentes, con un peso económico y demográfico cada vez mayor, ningún Gobierno apuesta por proteger a los campesinos, que son los grandes sacrificados en las transformaciones sociales de los últimos siglos". Y algunos agricultores franceses buscan lejos de sus fronteras lo que no pueden hallar en las propias. Es el caso de Jean Démazure, que en nombre del grupo Sucden ha alquilado 61.000 hectáreas en Rusia para cultivar remolacha azucarera. El clima impone un rendimiento un 20% menor que en Francia, pero el bajo coste de la mano de obra y la posibilidad de disponer de grandes superficies compensan.
Obviamente no faltan quienes critican la operación de Pergam Finance. "¡Lo que faltaba! Ahora los ricos especuladores van a enriquecerse empobreciendo a los campesinos latinoamericanos... ¡Después de los milicos, los especuladores!", concluye un lector de Libération. Para Combastet, el reproche no es totalmente infundado, "pero es preferible mirar hacia delante que hacia atrás. El mundo no puede pararse, volver a ser como antes. Además, la imagen del campesino argentino o uruguayo con una pequeña propiedad, dos vacas y unas gallinitas, es un mito".
Un socio conocedor de la región
En Latinoamérica, Pergam Finance tiene un socio. "Se trata del grupo (argentino) Bellamar, que gestiona 100.000 hectáreas y 50.000 cabezas de ganado. Nosotros tenemos la competencia financiera y ellos saben qué tierras presentan las características que nos convienen".
En líneas generales puede decirse que el precio de la hectárea agrícola en Argentina o Uruguay es tres veces inferior al vigente en Europa occidental.
El porqué de la elección como objetivo inversor de los dos países citados es doble: "por un lado, por razones familiares, son países que conozco, y por otro, ofrecen unas garantías de seguridad considerables. El mundo se ha vuelto muy interdependiente y ciertos absurdos ahí aparecen descartados del horizonte político", concluye el grupo inversor.