"Cap Arcona", fue preferido por uruguayos

| En 1945 este barco tuvo un trágico fin en el puerto de Lubeck, hundido por los nazis con 7 mil prisioneros

EMILIO CAZALA

El Cap Arcona fue el gran transatlántico alemán de una época que de alguna manera estuvo vinculada a la historia contemporánea del Uruguay y si bien es cierto que competía con otros monstruos de la época igualmente prestigiosos, fue el barco preferido de una clase social alta muy europea, así que Sudamérica le dio una fuerte y gran acogida. Sin duda fue un barco diferente que también supo cautivar a los viajeros de 1ra. clase y a los de la Turística. Millares de uruguayos viajaron desde y para Europa en este barco y también lo hicieron Presidentes, miembros de las realezas europeas, industriales y empresarios famosos, banqueros, personalidades de renombre social. Aun hay testigos en Montevideo que lo recuerdan por haber viajado con sus padres siendo adolescentes.

Ciertamente los alemanes en construcciones navales fueron duros competidores de los franceses e ingleses desde mediados del siglo XIX y la verdad que construyeron barcos formidables que por entonces causaron admiración, como el trío de Ballin, incluido su "Imperator.

Esta ha sido por otra parte la historia de los grandes y exclusivos barcos de pasajeros alemanes desde 1885, avanzados, diferentes, con servicios y tripulantes formales, con trato social refinado autoexigido y en definitiva alemanes a la antigua. El barco mantuvo un servicio entre Europa y el Río de la Plata entre 1927 y 1939.

Es difícil imaginar en sus numerosas y admiradas visitas a Montevideo que involuntariamente este querido barco terminaría sus días el 3 de mayo de 1945 en un drama digno del infierno del Dante con la muerte de 7 mil desgraciados seres humanos ex prisioneros de los campos de concentración ahogados, un episodio que pone los pelos de punta y que sólo exalta la maldad humana y la humillación de los desvalidos de siempre.

EN MONTEVIDEO. La histórica foto que publicamos muestra el famoso transatlántico alemán Cap Arcona amarrado en lo que se conocía entonces como el Muelle de Escalas que recién se había terminado de construir. La imagen muestra la imponente y elevada estructura del barco germano ocupando la casi total extensión de ese muelle y completan el escenario numerosos carros transportando lo que parece ser bolsas de lana sucia listas para ser embarcadas en dicha nave. También pueden verse otros carros llevando las valijas de los viajeros arribados o a punto de embarcar, lo cual hace pensar que en 1927 o 28 cuando se tomo esta foto, el transporte dentro del puerto era mayormente realizado a tracción animal. Sobre la derecha de la foto se advierte la presencia de una cachila que entonces era el último modelo.

Sabemos que millares de uruguayos viajaron en este barco e incluso un Presidente de la República, cuando trasladarse al viejo mundo suponía un alejamiento de la patria de por lo menos dos meses.

Entonces los más encumbrados marchaban con la familia, su personal de servicio, chofer y automóvil y una abundante ropería que seguramente sumaría más valijas al regreso.

Algunos relatos mencionan que su elevada estructura podía ser vista desde cualquier punto de la ciudad, en un Montevideo ediliciamente bajo ya que el edificio más alto era el Palacio Salvo.

Dicen que sus tres imponentes chimeneas (una falsa), dos de ellas echando gruesas y largas columnas de humo negro, se destacaban a lo lejos y era motivo de admiración para los montevideanos.

EL CAP ARCONA. Este barco en su época fue uno de los grandes barcos del mundo y según las crónicas en lo interior rayaba en lo deslumbrante. Era el buque insignia de la antigua compañía Hamburg-Sud que desde sus comienzos en 1871 marcó una fuerte inclinación por servir el tráfico marítimo hacia Sudamérica en una actitud de respeto e interés a esta parte del mundo, según lo revelo años más tarde uno de sus directivos a su paso por Montevideo. Nosotros sentimos hacia Sudamérica la misma atracción que sintió un siglo antes hacia estas tierras el sabio alemán Humboldt.

La presencia del Cap Arcona en el mundo naviero y turístico a fines de la década del 20 causó sensación, admiración y estupefacción, no tan solo por sus características y magnitudes, sino porque a partir de este barco precisamente se abría un nuevo estilo de viajar que habría de ser imitado más tarde por otras líneas navieras. Se acercaba al clímax de confort y refinamiento de los cruceros de hoy.

Aquí aparecían los refinamientos del imperio romano y del renacimiento en medio de la exuberante frivolidad que se mezcló hábilmente con la practicidad de los anglosajones. La consigna era todo para el pasajero y ello incluía cultura, diversión, entretenimiento, comodidad y calidad de servicio. En estos años y con este barco ya se estaba ofreciendo lo que vendría medio siglo más tarde, los cruceros de placer, simplemente disfrutar a bordo. El Cap Arcona fue precisamente eso, un transporte marítimo combinado con las delicias y el placer de un crucero que inspiraba deseos de no desembarcar en destino. Estamos seguros que ignoraban que estaban adelantándose medio siglo a una nueva modalidad de viajar teniendo a bordo todo lo que se tiene en tierra y aún más. Durante muchos años el Cap Arcona fue un barco seleccionado por la sociedad uruguaya para sus viajes a Europa. según los relatos de las época, viajar en este barco fue además un toque de DISTINCIÓN para muchos uruguayos encumbrados, opulentos, clase media o ahorristas.

Este transatlántico de más de 200 metros de largo y luego de haber transportado sin contratiempos millones de viajeros sudamericanos terminó trágicamente al final de la II Guerra Mundial en el puerto de Lubeck poco menos que apuñalado por la espalda.

características. El Cap Arcona medía 205 metros de eslora y 28 mil toneladas de registro con capacidad para transportar 850 pasajeros en primera clase, 322 en segunda y una cantidad indefinida en tercero que suponemos podría llegar a los 250. Tenía innovaciones técnicas como por ejemplo la inmensa y conocida rueda a popa que tradicionalmente ha sido el control del timón había sido sustituida por una muy pequeña pero de igual forma que sólo mandaba impulsos eléctricos a un sistema hidráulico que accionaba la gigantesca pala del timón. El mismo mecanismo había sido ideado para mover los guinches eléctricos y para otros diferentes dispositivos a bordo de funcionamiento hidráulico. Tenía más compartimientos estancos que cualquier otro barco y en caso de peligro se cerraban automáticamente.

VACAS A BORDO. Según crónicas de la época aparecidas en publicaciones de Buenos Aires sorprendidos cronistas bonaerenses detallaban las lujosas vestimentas de los pasajeros y lo más insólito señalaban que algunos opulentos viajeros argentinos solían llevar en la nave sus propias vacas para consumo de carne fresca durante el viaje.

"Eran -dicen- los estancieros viajeros, que no querían verse privados de sus cotidianos bistecs porque no consumían carne congelada". El Cap Arcona había llegado a su viaje 50 el 9 de marzo de 1934, hecho que aconteció en el puerto de Santos y allí se festejó su aniversario de oro. Al llegar al puerto de Hamburgo el Cap Arcona había llegado a recorrer 700 mil millas náuticas sin la menor alteración de su itinerario, que había sido elaborado con años de antelación y celoso cumplimiento.

AVENIDA A BORDO. Hace algunos años tuvimos la oportunidad de conocer un viajero del Cap Arcona que lo conoció consecutivamente durante 8 años a través de los viajes que hizo al viejo mundo y aún recordaba con detalles cómo era esta nave. En la cubierta superior , nos dijo, donde estaban instalados los inmensos botes salvavidas, había dos avenidas de palmeras con fuentes surgentes a sus costados que lanzaban hermosas y poéticas cortinas de lluvia fina que a los jóvenes nos gustaba disfrutar. Estas avenidas durante el viaje solían transformarse en verdaderos jardines de invierno con todos sus atractivos pero entonces ya se veían repletos de personas mayores. Desde aquí -dice nuestro relator- bajábamos en ascensor nueve pisos para llegar a la enorme piscina que estaba en la parte más baja de la nave. Era un inmenso habitáculo de grandes dimensiones con mármoles en colores donde nos dábamos cita los jóvenes. Los amplios y grandes salones, algunos con tres pisos de altura, estaban decorados con pintura verde, blanco y oro, maderas de nogal del Cáucaso y columnas de mármol por todos lados. Todo esto apareció 30 o 40 años más tarde en los grandes transatlánticos y cruceros de lujo pero el Cap Arcona fue un adelantado.

LUFTHANSA. Cuentan los historiadores que el Cap Arcona mantenía un servicio postal de singular velocidad atendido en parte con aviones del servicio "Cóndor" que entonces fue la precursora de la actual Lufthansa. Estos aviones salían de Berlín con la correspondencia, efectuaban algunas escalas en tierra y entregaban la correspondencia al Cap Arcona en Las Palmas tres días mas tarde. Luego el avión de la Cóndor levantaba la correspondencia del Cap Arcona en la isla Fernando de Noronha y de Rio salía rumbo a Europa. Era un servicio de 8 días de duración que se ofrecía en los años 1928. El próximo lunes la tragedia del Cap Arcona

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