Varios días han pasado desde el 17 de agosto, día en que Martinelli, en el marco de los 25 años del Parque, y encuadrado en sus actividades de apoyo a las familias ante la pérdida de seres queridos, realizó una actividad sin precedentes.
«Conversaciones en el Parque, palabra y memoria» fue un encuentro especial entre tres personas que, más allá de su renombre personal, comparten una experiencia de pérdida significativa, frente a la cual se vieron en la necesidad de rearmar de alguna manera sus vidas, su pensamiento, sus creencias incluso, para poder procesarlas y seguir honrando la vida, aún luego de un acontecer doloroso y, hasta, inesperado.
La mañana, nublada pero cálida, fue un marco ideal para los miembros del conversatorio. Así, Gabriel Calderón, director general y artístico de la Comedia Nacional, Manuela da Silveira, comediante y comunicadora, y Carmen Morán, actriz, cantante y conductora, por resumir de manera sintética sus hojas de vida profesional, fueron guiados por Alejandro De Barbieri, quien ocupó la silla de moderador. Quienes se hicieron presentes, pudieron descubrir un poco más sobre su pensar y sentir.
Generosidad
Fue un encuentro con características muy particulares, porque no es habitual hablar de la muerte. Esta ha sido y sigue siendo un tema tabú, aunque es el tema más común y definitorio de nuestra propia existencia.
Hablar de ella, de cómo vivir un momento de pérdida de los seres que más nos han amado y más amamos, padres, madres, hermanos, hijos, es atreverse a humanizar de una manera distinta este proceso que, por nuestra propia esencia, no osamos pensar y compartir, se mencionó en la reunión.
Sin embargo, la palabra que definió el momento fue «generosidad», para dar a quienes estaban presentes (muchos caminando por un sendero de duelo en esos momentos), buena parte de lo que habían vivido.
Durante la instancia se plantearon las interrogantes ¿cómo se hace para seguir?, ¿qué pasa cuando esta circunstancia te sorprende?, ¿es posible prepararse? Estas preguntas, y muchas más, fluyeron en el encuentro con un centenar de personas. Hubo generosidad y apertura, para escuchar y respetar pensares y sentires diferentes, que surgieron de los invitados de forma natural, honesta y franca, para enriquecerse entre sí y a los demás, provocando la reflexión y un sentimiento de profunda y auténtica humanidad.
No son abundantes las circunstancias propicias para un intercambio de este tipo, entre personas que, por su propia experiencia de vida tienen el don de la comunicación y la sensibilidad para hacer llegar palabras que calan hondo, y presentan nuevos caminos en los que el abrazo y la memoria se hacen uno. Martinelli lo hizo posible, reafirmando su tradicional vocación de servicio.
En el conversatorio se comentó lo que algunos autores señalan, «que la memoria es vida recobrada, vida con la que se camina y que hace crecer como personas. Quienes se han ido querrían que el camino continúe, sin olvido, pero llenando de experiencias la vida que sigue».
Durante el encuentro, De Barbieri fue moderando la charla, y uno a uno, Carmen, Gabriel y Manuela contaron algo de esa parte de su historia de la que se ha sido testigo por su lugar en la cultura del Uruguay.
Sus palabras alentaron a los presentes a buscar cada quien su camino, ya que no hay una única manera de transitar por la senda de la vida luego de perder a alguien amado. Pero es oportuno compartir algunas de las ideas que quedaron circulando entre la audiencia.
Aprendizaje
Así, entre los pensamientos compartidos, se habló sobre recordar con amor; poder dejar el dolor a un lado, y no por ello diluir la memoria, sino dar pasos hacia un estado en el que la vida va mostrando la fuerza del amor recibido, brindado y compartido, no solo en el interior, sino también con los otros, con las generaciones que vienen, con los que llegan para abrir sus propios senderos.
Muchas anécdotas y autores fueron citados por los cuatro invitados, quienes brindaron un momento personal y comunitario que resonará durante largo tiempo en cada uno.
Y recordaron a sus seres queridos; a Cristina, a Elena y al Toto, a Jimena, y en sus nombres, todos los presentes evocaron a sus seres queridos.