Tras la reforma, los autos viejos valen oro en Cuba

Cambio. Coches de 30 años se venden por 5.000 dólares

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La Habana | The new york times

Hasta hace unas semanas, el decrépito automóvil de Erik González hacía poco más que devorar su magro ingreso. Gastó cientos en arreglarlo, un Moskvich de 30 años de antigüedad que le heredó su abuelo.

Y aún cuando funcionaba, González podía darse el lujo de gastar en gasolina pocas veces.

Luego, de un día para otro, su cacharro soviético se convirtió en su cochinito. González puso el coche a la venta el mes pasado, cuando el gobierno publicó la normativa por la cual se permite a los cubanos comprar y vender libremente vehículos usados por primera vez en medio siglo.

El eje puede estar torcido, el carburador desecho, la batería en las últimas, y los faros delanteros no funcionan, pero cree que su Moskvich azul Francia le hará ganar al menos 5.500 dólares, un gigantesco negocio para un mesero cuyo salario estatal es de 15 dólares mensuales.

Publicidad. Al igual que la nueva ley por la cual se permite la venta de casas que entró en vigor la semana pasada, los cambios publicitan los esfuerzos del presidente Raúl Castro para remodelar la tambaleante economía e impulsar al sector privado.

Tras décadas en las que estuvo congelada la propiedad de tales artículos de precio elevado, los esfuerzos prometen inyectar dinero en el mercado en un momento en el que funcionarios cubanos tratan de estimular la empresa privada y sacar a cientos de miles de trabajadores de la nómina pública.

"El Estado no tiene por qué meterse en un asunto entre dos individuos", dijo Castro a la Asamblea Nacional en diciembre de 2010, y criticó las complicadas normativas y "prohibiciones irracionales`` que, dijo, generaron la corrupción.

Sin embargo, al igual que varios otros cambios de Castro, la nueva ley creó un bolsón de libertad económica en un mercado que sigue estando excesivamente controlado. Los cubanos pueden comprar y poseer más de un vehículo usado, y ya no lo perderán si emigran.

No obstante, el derecho a comprar uno nuevo aún está limitado a un grupo reducido de cubanos que ganan alguna divisa extranjera, incluidos los médicos, artistas, músicos, integrantes de las tripulaciones de aviones comerciales, y a un puñado que trabaja en la base naval estadounidense en la bahía de Guantánamo.

"Estas normativas no tienen lógica", dijo Leopoldo, un taxista que trabaja la ruta entre La Habana y Güira de Melena, unas 20 millas de distancia, en un reluciente Tatra 1985. Pidió no usar su nombre completo por temor a hacer enojar a las autoridades.

Mercado negro. Antes, los cubanos sólo podían comerciar legalmente con coches anteriores a la revolución de 1959, por eso, los icónicos estadounidenses todavía circulan las calles de la isla. Sin embargo, sólo son una fracción reducida de los coches usados del país.

Los isleños compraron y vendieron automóviles a escondidas, pero era un negocio de riesgo que disuadió a gente e hizo que los compradores fueran cautelosos de pagar grandes sumas por un auto del que no serían dueños legales.

Emilio Morales, el presidente del Grupo de Consultoría La Habana con sede en Miami, dijo que la nueva normativa simplemente legaliza lo que muchos cubanos ya hacían en forma ilícita y que no incrementará el anticuado inventario de vehículos, ni aliviará el apabullante problema del transporte en Cuba. La medida tiene el propósito de aplacar a la gente, no de estimular a la economía, explicó Morales.

A pesar de décadas de prohibiciones comunistas, los instintos capitalistas de quienes manejaban el mercado automotriz parecen crecer con fuerza.

Transacción. Los controles estrictos sobre las importaciones produjeron una mezcla curiosa de tránsito que refleja la historia comunista de Cuba. Los Oldsmobil y los Plymouth, que son las reliquias del pasado capitalista del país, ahora funcionan como taxis, un nicho lucrativo en el sector privado en ciernes. Y están las lujosas camionetas todo terreno que conducen extranjeros o los artistas y músicos que pertenecen a la nueva elite económica.

"Los precios aquí son absurdos, pero la calle es la que determina el precio``, observó Alejandro, un trabajador de aviación quien está vendiendo su Hyundai Accent 2008 en 30.000 dólares, pero no quiso proporcionar su nombre completo para no llamar la atención. "Lo que estás pagando no es el coche en sí mismo, sino el privilegio de tener uno", dijo.

El valor en donde no se ve

En Cuba, han empezado a aparecer letreros de "se vende" en las ventanillas de los coches.

Muchas personas que los compraron ilegalmente están luchando para validar la transacción. Y Revolico, la respuesta cubana a Craiglist, está repleto de personas que prometen pagar decenas de miles por un Hyundai o un Kia usados.

Sin embargo, el control sobre las importaciones significa que los autos seguirán siendo escasos y alcanzarán precios exorbitantes, independientemente de su estado, dicen economistas y agentes de vehículos.

"Un coche por el que pagarías para su destrucción en otro país, lo puedes vender aquí en 14.000 dólares", comentó Paul Gómez Valladares, un mecánico que arreglaba los cojinetes de una Combi.

No obstante, la nueva normativa ha generado un barullo en una isla donde ser dueño de un automóvil es un privilegio raro y la cantidad de vehículos per cápita está entre las más bajas del hemisferio.

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