BERLÍN | THE ECONOMIST
Rüsselsheim se ha convertido en destino obligado de los alemanes. Frank-Walter Steinmeier, el ministro de Relaciones Exteriores que está en campaña para intentar convertirse en Canciller, en septiembre, apareció allí el mes pasado. Su misión: asegurar a los trabajadores de Opel que el gobierno luchará por sus empleos. "¡Opel debe vivir!", clamó el habitualmente circunspecto ministro ante 10.000 personas. La canciller Angela Merkel, que tiene la esperanza de ser reelegida, hará una peregrinación este mes.
Definir la suerte de Opel se ha convertido en el tema más apremiante de la política germana. La empresa, que es parte del brazo alemán de la estadounidense General Motors, está al borde de la quiebra, y dice que necesita 3.300 millones de euros (US$ 4.200 millones) para sobrevivir. El Partido Socialdemócrata (SPD) de Steinmeier y miembros de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU), entre cuyos votantes está incluida la mayoría de los 29.000 empleados de Opel, quieren rescatar a la empresa a casi cualquier costo.
Del otro lado, están los liberales en economía que temen que el Estado ya se encuentre asumiendo demasiado de la economía. Algunos temen que Alemania corra el riesgo de convertirse en algo similar a un país socialista.
La prosperidad de Alemania ha tenido como base el concepto de que el Estado vigila el mercado, pero no intenta controlarlo. El gobierno ya había afectado en parte ese concepto al fijar salarios mínimos para algunos sectores.
Ahora, piensa avanzar más. El gobierno gastará 80.000 millones de euros con la finalidad de estimular la demanda y tiene disponibles 500.000 millones de euros para el rescate de bancos. Asimismo, creó el Fondo Económico Alemán con 100.000 millones de euros para proveer crédito y garantías de éstos a empresas no financieras, quizás incluyendo a Opel.
Crisis genera discrepancias
La crisis polariza la política en Alemania. El Partido Socialdemócrata crece, en parte, debido a que promueve la intervención del Estado en la economía. El Partido Libre Democrático, que apoya el libre mercado, aparece con un nivel récord del 15%. La Unión Demócrata Cristiana está en el medio y tiene divisiones, ya que un sector quiere que el Estado salve a empresas. Angela Merkel no apoya esa postura ni tampoco la rechaza con vigor. Eso le ha creado resistencia del ala liberal. Merkel, no es partidaria del control estatal de la economía. "Al final del proceso, volveremos a los antiguos parámetros de la economía social de mercado", afirma.