La nueva presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se emocionó este sábado al rendir un homenaje a sus compañeros de generación caídos en la lucha contra la dictadura militar (1964-1985), pero aseguró en su primer discurso que asume el poder sin resentimientos ni rencores.
"Muchos de mi generación, que cayeron en la lucha contra la arbitrariedad, no pueden compartir la alegría de este momento. Comparto con ellos este momento, y les rindo mi homenaje", dijo Rousseff, de 63 años, con la voz quebrada por la emoción.
Integrante de la resistencia armada a la dictadura militar brasileña, Rousseff tenía apenas 19 años cuando fue arrestada por agentes del régimen. Fue sometida a torturas y pasó tres años en la cárcel.
"Dediqué mi vida a la causa de Brasil. Entregué mi juventud al sueño de un país más justo, y soporté las adversidades más extremas. No tengo ningún arrepentimiento. Y no tengo resentimientos y no guardo ningún rencor", dijo la recientemente investida mandataria brasileña.
Toda la experiencia personal pasada en esos años, dijo, le dio una perspectiva que le ayudará al frente del gobierno del gigante sudamericano.
"Esta dura caminata me hizo valorar y amar más la vida. Me dio coraje para enfrentar desafíos todavía mayores. Es con ese coraje que quiero gobernar", dijo.