Marcada por la historia y la muerte

Arrasó el kirchnerismo. La pelea con el campo, la inseguridad y el temor por la crisis económica golpearon a su gobierno en un principio | Tras la muerte de su marido, su popularidad se multiplicó

 20111023 609x600

Tras el popular mandato presidencial de su marido Néstor Kirchner, Cristina Fernández saltó de una crisis a otra. Luego de obtener más de 45% de los votos en los comicios de 2007 su popularidad bajó. Pero tras la muerte de "él" todo cambió.

Poco después de asumir, los poderosos intereses del sector agrícola se confabularon contra un aumento tributario. Analistas financieros predijeron un inminente colapso económico en el país. Y en tanto, la inseguridad crecía La mayoría de la gente encuestada desaprobó su liderazgo y cables secretos de EE.UU. hicieron eco a especulaciones sobre que no concluiría su mandato.

Luego Kirchner, su compañero de casi toda la vida, murió de un ataque al corazón el 27 de octubre del año pasado. Un alud de simpatía convirtió el funeral en una catarsis nacional y Fernández cambió su tono. Superó una retórica de "todo o nada" que ella y su esposo habían blandido ante sus enemigos y se presentó a sí misma como la presidenta de todos.

Mientras, Fernández demostró su capacidad a quienes dudaban que podía gobernar sin la ayuda de su marido. Sus enemigos esperaban y sus aliados temían que la viuda se derrumbara sin el apoyo constante de Kirchner. Pero la realidad fue que la economía siguió creciendo y Fernández introdujo más programas sociales que ayudaron a reducir la pobreza. Los índices de aprobación se dispararon al 70% este mes.

"No pensamos nunca en retroceder ni en negociar ni en hacer un gobierno débil... Yo me planté y bueno, dije, si me echan, que sea por lo que pienso y hago y no por lo que no me animo a hacer", le dijo Fernández a Sandra Russo, cuya biografía autorizada, La Presidenta (Planeta, 2011).

Peronista de izquierda de nacimiento, Fernández creció entre una dictadura (1966-1973) y otra (1976-1983). Mientras cursaba la carrera de abogacía en los `70, militó en la Juventud Peronista, fuerza que estaba proscrita desde 1955 cuando un golpe militar derrocó a Juan Perón. A principios de esa década la policía mató a un tío suyo; lo confundieron con un guerrillero.

"Todo lo que yo me acuerdo de política, desde chica, tiene que ver con la violencia", le dijo Cristina a su biógrafa.

Los discursos han sido el arma elegida por Fernández, formada como abogada, gerente de campaña, representante legislativa y luego senadora. Así llegó hace cuatro años a la presidencia, y acompañó el avance de su marido que gobernó antes de ella, de 2003 a 2007.

Silvina Walger, escritora de un texto no oficial sobre la vida de Cristina, tiene otra visión. La define como: "una mujer autoritaria, amarga, arbitraria".

A pesar de dichas impresiones, muchos argentinos ahora consideran a Fernández la política más capaz de mantener el país en la vía del crecimiento, ante una debilitada oposición. Muchos recuerdan bien el devastador colapso del 2001 y le dan crédito a los Kirchner de sacarlos de ahí.

Mientras algunos economistas advierten que la alta inflación y el gasto público son insostenibles, Fernández ha invertido fuertemente en reconstruir la capacidad industrial destruida por la ola privatizadora y los excesos de la deuda externa de los `90 y el resultante impago posterior. También reguló planes con petroleras multinacionales y compañías mineras para crear nuevas fuentes de ingresos y energía.

Conforme se acercaba el día de las elecciones, Fernández astutamente usó mucho de esa nueva riqueza y otras herramientas para consolidar su respaldo. Encantó a los argentinos de bajos ingresos con programas sociales anti pobreza, incluyendo un popular esfuerzo de 3.000 millones de dólares que transfiere efectivo a familias con niños que asisten a escuelas públicas.

También gastó millones para proporcionar "fútbol para todos" en la televisión estatal, arrancándole un gran flujo de ganancias a la franquicia de cable del enemigo Grupo Clarín. Se valió de su base izquierdista para avalar juicios de derechos humanos contra cientos de militares y legalizar el matrimonio entre parejas homosexuales.

Kirchner estaba a su lado en todas sus batallas. Hizo campaña con su figura, hablando simplemente de "él". Tuvieron dos hijos juntos: Máximo, quien administra el negocio de bienes raíces de la familia, y Florencia, quien dejó una escuela de cine en Nueva York para apoyar a su madre, que desde hoy comienza un nuevo desafío.

Fernández: "Todo lo que yo me acuerdo de política, de chica, tiene que ver con violencia".

"Él debe estar muy contento"

BUENOS AIRES | La presidenta argentina, Cristina Fernández, evocó entre lágrimas la figura de su marido, el fallecido expresidente Néstor Kirchner (2003-2007), al votar ayer en Río Gallegos (2.600 km al Sur de la capital).

"No puedo decir que es un momento de felicidad porque mentiría, tampoco de tristeza, desde donde él esté debe estar muy contento con que la gente vaya a votar y esté todo en paz y concorde", dijo Fernández con lágrimas en los ojos al evocar a su marido muerto el año pasado.

La mandataria arribó a la escuela ubicada en el centro de Río Gallegos en medio de un fuerte operativo de seguridad, y allí fue recibida con vítores por cientos de personas.

De riguroso luto, Fernández emitió su voto y se tomó varios minutos para consentir a quienes le solicitaron fotografías en medio de un desordenado forcejeo. AFP

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar