TENSIÓN POLÍTICA EN BRASIL

Lula no es considerado prófugo y pasará la noche en la sede del sindicato metalúrgico

Entre versiones de negociación entre los abogados de Lula y las autoridades para una posible entrega, el líder de 72 años pasará la noche en el sindicato en el que inició su ascenso político hasta la presidencia.

Lula Da Silva saluda desde una ventana de la sede del sindicato metalúrgico. Foto: EFE
Lula Da Silva saluda desde una ventana de la sede del sindicato metalúrgico. Foto: EFE

El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no es un prófugo por la justicia, pese a no haberse entregado dentro del plazo fijado por el juez Sergio Moro, porque las autoridades saben donde está y no han intentado arrestarlo, explicó la asesoría de comunicación del magistrado.

"Lula no incumplió una orden judicial. Le fue dada la oportunidad para que se presente ante la justicia sin necesidad de que tenga que intervenir la policía. Pero todo el mundo sabe donde está, no está escondido ni prófugo", dijo la asesora a la AFP.

"Solo puede ser considerado con pedido de búsqueda o prófugo si la policía lo busca y no consigue localizarlo", añadió.

Más de una hora después de la hora señalada, el expresidente saludaba a miles de manifestantes congregados frente al Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campos (afueras de Sao Paulo), donde permanece desde la noche del jueves, cuando fue emitida la orden de arresto.

CONVOCAÇÃO GERAL: Todas e todos no Sindicato dos Metalúrgicos do ABC #OcupaSãoBernardo Acompanhe #AOVIVO a mobilização em defesa de Lula e da Democracia

Publicado por PT - Partido dos Trabalhadores en viernes, 6 de abril de 2018

El documento precisaba que podía presentarse "voluntariamente a la Policía Federal en Curitiba hasta las 17:00 horas del viernes.

Entre versiones de negociación entre los abogados de Lula y las autoridades para una posible entrega, el diputado Ze Geraldo del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), de Lula, dijo a la AFP que el líder de 72 años pasará la noche en el sindicato en el que inició su ascenso político hasta la presidencia (2003-2010).

"Ya está definido: Lula no va a Curitiba (sur). Vamos a pasar la noche aquí. Esa decisión ya fue tomada (...), después se negociará cómo sigue", señaló desde el interior del edificio.

Las negociaciones también apuntaron a buscar un vehículo que lo pueda trasladar desde el aeropuerto de Curitiba hasta la sede de Policía, por cuál puerta deberá entrar y otros detalles. 

Lula quiere evitar la imagen de ser transportado en un avión de la Policía Federal, que ya transportó a varios de los investigados por el caso de Lava Jato.

Lula saluda a los partidarios que se acercaron a darle apoyo. Foto: AFP
Lula saluda a los partidarios que se acercaron a darle apoyo. Foto: AFP

"Lula estaría negociando por medio de intermediarios", señaló una fuente del Partido de los Trabajadores, que admitió también que el expresidente estaría dispuesto a entregarse "aunque tal vez no ahora".

También el presidente de la Federación Nacional de los Policías Federales (Fenapef), Luís Antônio Boudens, admitió hoy en Curitiba que las puertas continúan abiertas para el diálogo.

"Sí, claro (existe la posibilidad de continuar negociando con la defensa), cuantos menos traumas tenga la ejecución de la orden y cuanto más preservados sean los participantes de la acción mejor, lógico, eso es obvio. Ahí es cuestión de consenso", apuntó Boudens a un grupo de periodistas.

Puede ser detenido en cualquier momento.

Lula puede ser detenido en cualquier momento. Voceros de la Policía Federal dijeron que proseguirán las negociaciones con la defensa del líder del Partido de los Trabajadores (PT) antes de intentar alguna operación de captura.

El exmandatario continúa en una de las salas del Sindicato de los Metalúrgicos del ABC, en Gaurulhos, a donde fue después de que el juez Sergio Moro decretara su prisión. Afuera del edificio se congregó una multitud para brindarle su apoyo y se espera que Lula hable en vivo en los próximos minutos.

El expresidente se reunió con abogados para decidir qué hacer. La abogada Waleska Zanin llegó a la sede del sindicato poco antes de las 13:00 y estuvo en la sala con el líder del PT.

Cientos se congregaron para apoyar a Lula da Silva. Foto: AFP
Cientos se congregaron para apoyar a Lula da Silva. Foto: AFP

Resistir hasta el fin

Frente a la sede sindical de Sao Bernardo, la determinación dominaba.
"Estaremos aquí el tiempo que haga falta. Hay gente decidida a todo", dijo Luciano Oliveira, de 24 años. "El presidente no debe entregarse, porque uno se entrega cuando hizo algo errado y él no es culpable".

"Estamos aquí para resistir hasta el fin. Lula no será encarcelado y volverá a ser presidente para ayudar al pueblo", afirmó Renata Swiecik, una cajera desempleada de 31 años y madre de cuatro hijos.

"Si querían a Lula en Curitiba, espérenlo sentados, porque Lula no se entregará", arengó por su lado a la multitud el dirigente del PT Paulo Pimenta.

Lula, de 72 años, fue condenado a doce años y un mes de cárcel por corrupción pasiva y lavado de dinero, como propietario de un apartamento ofrecido por una constructora para obtener contratos en Petrobras.

El expresidente ya estuvo 31 días detenido en 1980, cuando dirigía las grandes huelgas obreras contra la dictadura militar (1964-1985).

Lula negocia las condiciones de su entrega. Foto: EFE
Lula negocia las condiciones de su entrega. Foto: EFE

Otros manifestantes se mostraban más prudentes.

"Lula tendrá que resistir, pero en algún momento tendrá que entregarse. Los militantes aceptaremos cualquier decisión que él tome", afirmó Michelle Baza, una farmacéutica de 37 años, militante del PT.

¿Candidato entre rejas?

Paradójicamente, la ley brasileña permitiría que Lula hiciera precampaña desde la cárcel, ya que su postulación solo podría ser invalidada en agosto por la justicia electoral, que impide participar en comicios a personas condenadas en segunda instancia, como es su caso desde enero.

El PT podría verse forzado a cambiar de candidato a último momento.
En ese caso, quedaría por ver cuál es su capacidad de transferir votos a otros candidatos de izquierda, para unas elecciones que se anuncian como las más inciertas desde la restauración de la democracia en 1985.

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