JERUSALEN | ap
La transformación política de Ariel Sharon, de constructor a destructor de asentamientos judíos, quedó sellada en noviembre de 2003 en una reunión secreta del primer ministro con enviados de Estados Unidos en Roma, donde el gobernante israelí reveló sus planes de retirarse de la franja de Gaza y partes de Cisjordania a fines de 2005.
Durante cuatro décadas, Sharon ha sido el principal elemento impulsor de la construcción de asentamientos en tierras reclamadas por los palestinos. En ese hotel de Roma, dijeron asistentes del político, Sharon se constituyó en el primer líder israelí que fijó un plazo definitivo para el desmantelamiento de algunos de ellos.
Y pese a la vehemente oposición de muchos en su país, que incluyó acusaciones de que había traicionado a los colonos y maniobras para propiciar su caída, el político continuó con su plan de retirada, que deberá ponerse en vigor la semana próxima.
Sin embargo, durante las luchas políticas de los dos últimos años, el cambio de Sharon ha continuado siendo un enigma. Los asistentes de Sharon y los expertos han ofrecido una amplia gama de explicaciones, desde estratégicas hasta sicológicas.
Pero se afirma que el primer ministro ha tenido siempre un lado pragmático que le permite ajustar sus opiniones a los cambios de la situación política. Algunos afirman que la actual oleada de violencia en el Medio Oriente podría haber hecho comprender a Sharon que no puede conservar todo el territorio capturado en la guerra de 1967. Y ante esa realidad, devolver Gaza podría ser parte de una estrategia que le permitiría quedarse con toda Jerusalén e importantes asentamientos de la Cisjordania.
Sharon se ha rodeado de asesores moderados que lo han ayudado a preparar el plan de Gaza, entre ellos su hijo Omri y su abogado y amigo Dov Weisglass.
Sus allegados afirman que Sharon también quiere borrar la imagen que tiene de belicista, y asegurarse así de un lugar prominente en la historia de Israel.
Algunos de sus detractores, como el legislador Zvi Hendel, dicen que el plan de repliegue fue un intento cínico de Sharon de desviar la atención pública de las investigaciones de corrupción a que ha sido sometido el político.
Los fiscales se mostrarían renuentes, según Hendel, a encausar a un primer ministro que ha reactivado las esperanzas de paz.