Judíos reaccionan ante decisión papal de revocar excomuniones

Legitimados. Cuatro obispos lefebvristas; uno de ellos niega el Holocausto

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CIUDAD DE VATICANO | EL PAÍS DE MADRID

Retirar la excomunión a un obispo que niega el Holocausto. Esta decisión de Benedicto XVI, anunciada el sábado, volvió a abrir las heridas entre católicos y judíos. Y fue blanco de numerosas críticas.

El Papa decidió revocar las excomuniones a cuatro obispos consagrados en 1988 por el prelado cismático Marcel Lefebvre, fallecio en 1991. La comunidad judía recibió con indignación la readmisión de uno de ellos, el británico Richard Williamson quien, en una entrevista reciente, negó el Holocausto, afirmó que "no existieron las cámaras de gas" durante el exterminio a manos de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que no murieron seis millones sino 300 mil judíos, y "ninguno (de ellos fue) gaseado".

Desde que se hizo oficial la revocación de las excomuniones a Williamson y otros tres obispos -el español Alfonso de Galarreta, el suizo Bernard Fellay y el francés Tissier de Mallerais- las críticas no cesaron. El rabino Giuseppe Laras, presidente de la Asamblea de los rabinos italianos sostuvo que era un acto "innecesario".

David Rosen, presidente del Comité Judío Internacional definió el hecho como "un paso que contamina a la Iglesia". En su opinión, el Vaticano "amenaza el futuro de la reconciliación con el pueblo hebreo".

Sin embargo, durante el Ángelus del domingo, el Papa exaltó a que se desarrollen lazos entre hebreos y cristianos al recordar la conversión de San Pablo, quien, para adherirse a Cristo "no tuvo que abandonar su fe hebrea". Esta no es la primera vez que Benedicto XVI desata las protestas de la comunidad judía. La decisión en 2007 de introducir la antigua liturgia preconciliar en la que, durante la oración del Viernes Santo, se invoca a Dios para que "ilumine y convierta a los hebreos", provocó un fuerte malestar.

En 2008, en tanto, en el 50 aniversario de la muerte de Pío XII, el Pontífice defendió su memoria y se mostró partidario de su beatificación. Este hecho trajo la inmediata respuesta del pueblo judío que acusa a Pío XII de "pasividad" ante el Holocausto.

Los que sí recibieron bien que se revoquen las excomuniones fueron los lefebvrianos, partidarios de un mayor tradicionalismo. En el transcurso de conversaciones con los lefebvrianos, reanudadas tras el Jubileo del año 2000, éstos pidieron que las excomuniones fueran revocadas. Los lefebvrianos se mostraron siempre en contra de cualquier gesto de apertura de la Iglesia, desde la renovación litúrgica hasta el respeto hacia los hebreos. El portavoz del vaticano, Federico Lombardi, dijo que "la revocación no significa compartir las tesis" del obispo negacionista.

Renzo Gattegna, presidente de la Unión de las Comunidades hebreas italianas calificó de "tremendo" el hecho de que un obispo que niega El Holocausto sea "legitimado y rehabilitado por el Papa". Pero, además, se asombró de que alguien que "contradice documentos fundamentales del Concilio pueda ser readmitido".

Los cardenales de todo el mundo, convocados por Benedicto XVI en marzo de 2006 para expresar su parecer sobre la reconciliación con los lefebvrianos, fueron tajantes. Reclamaron de la Fraternidad "una leal adhesión" al Concilio".

La recomendación parece haber sido ignorada porque, en la carta dirigida por los lefebvrianos en diciembre solicitando la readmisión, sólo se habla de la aceptación "de las enseñanzas de la Iglesia católica romana y del Primado papal y sus prerrogativas". No hay en ella ninguna referencia al Concilio.

La revocación de la excomunión es, según Lombardi, un "paso importante para obtener la plena comunión" entre la Iglesia Católica y los ultratradicionalistas lefebvrianos. La excomulgación de estos significó el mayor cisma de la Iglesia durante el siglo pasado.

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