Una joven uruguaya que se encontraba abocada a su diaria tarea de secar su ropa en un tranquilo poblado de Almería, en el sur de España, fue una de los heridos en el último atentado de la banda terrorista vasca ETA.
"Estaba en la azotea de mi casa cuando de pronto sentí un ruido ensordecedor, como si fuera una garrafa que explota, y antes de darme cuenta de lo que pasaba volé de punta a punta de la terraza" cuenta Paola Meretta, todavía estremecida por los hechos, en un diálogo telefónico desde España con El País.
Maestra de profesión, y afincada desde hace años en la tranquila localidad turística de Denia, Meretta sufrió varias lesiones en su zona cervical, lo cual todavía le impide mover buena parte de su hombro izquierdo y la condena al uso de un collarín.
"Pero lo peor es el miedo y el impacto sicológico", relata, "ahora estoy tomando medicamentos para los nervios, y la verdad que sigo muy afectada, hoy a mi marido se le cayó un tabla al piso y el ruido casi me mata del susto".
El atentado terrorista ocurrió el pasado domingo, en medio de la polemica que sacude a España sobre el plan "soberanista" que impulsa el jefe del gobierno vasco, Juan José Ibarretxe. ETA, que llevaba tiempo si hacerse sentir decidió que era un momento adecuado para demostrar que sigue con vida.
"El problema fue que la policía recibió el aviso, y comenzó a evacuar la zona, pero el anónimo había dicho que la bomba explotaría en 40 minutos y al final la detonación ocurrió mucho antes", cuenta Meretta. "Nosotros vivimos en una urbanización a tres casas del hotel atacado y no dio el tiempo de que nos avisaran".
Según Meretta la explosión provocó grandes daños en el edificio del hotel, y los escombros y vidrios rotos llegaron hasta su propia casa.
"Fue espantoso, nosotros acostumbrados a vivir en Uruguay, que no hay ni terremotos ni nada, no sabíamos que hacer", explica, "de repente había policías por todos lados, sirenas, humo, en mi casa la puerta quedó toda rajada y en el hotel que es un edificio grande de nueve pisos dejó un boquete como de 25 metros".
"Menos mal que aca es invierno, y hay muy poca gente en el pueblo, porque si hubiera sido verano, podría haber pasado cualquier cosa", relata.
La joven uruguaya cuenta que recibió el apoyo de toda la gente del pueblo, incluso la alcaldesa se preocupó por su salud. "Lo más increible que me pasó es que hay gente que piensa que uno quiere sacar algun partido de esto", sostiene. "Fui al sicólogo que es un argentino y me miraba con cara irónica y me decía que ahora me iban a dar la ciudadanía, como si a mi me importara eso en este momento, además de que yo tengo todos los documentos en regla".