Más de dos siglos después de la batalla de Waterloo, osamentas humanas recientemente recuperadas de soldados caídos en ese episodio crucial de la historia europea representan un enigma excepcional para científicos y expertos.
Dos cráneos, tres fémures y huesos del área de la pelvis, que probablemente pertenecieron a cuatro combatientes, están siendo objeto de intensos análisis.
“Semejante cantidad de huesos es realmente única”, afirmó el historiador Bernard Wilkin frente a una mesa de autopsia del Instituto de Medicina Legal de Lieja (este de Bélgica) cubierta con esos fragmentos. Los huesos serán sometidos a análisis que podrían determinar la región de origen de los soldados.
La batalla de Waterloo, el 18 de junio de 1815, marcó la derrota de Napoleón Bonaparte ante dos columnas, una dirigida por el británico duque de Wellington (Arthur Wellesley) y una división prusiana comandada por el mariscal Gebhard Leberecht von Blücher.
El choque cerró el capítulo del Imperio Napoleónico.
Se sabe que soldados de una media docena de nacionalidades europeas participaron en esa batalla que dejó unos 20.000 muertos, a unos 20 km al sur de Bruselas.
Sin embargo, estos restos de soldados caídos hace 200 años no fueron descubiertos ni exhumados en misiones especializadas. Pero en 2022, al terminar una conferencia sobre Waterloo, Wilkin fue abordado por un hombre que le hizo una confesión inquietante: “Tengo prusianos en mi sótano”.
“El hombre me mostró fotos en su teléfono y me explicó que le habían dado unos huesos para que los exhibiera, pero que él se había negado a hacerlo por cuestiones éticas”, explicó Wilkin.
Ante la atribución de esos huesos a un soldado “prusiano”, los especialistas recomiendan un poco de cautela.
Estos huesos habrían sido hallados en la localidad de Plancenoit, donde tropas prusianas y napoleónicas lucharon encarnizadamente ese 18 de junio, y por ello Wilkin observa que los restos también podrían ser de un soldado francés.
El enigma podrá ser resuelto por el experto en patología forense Philippe Boxho, que durante dos meses realizará el análisis de los restos.
Para él, los huesos todavía contienen rastros de ADN. “Mientras el material esté seco, podemos hacer cualquier cosa; con la humedad todo se desintegra”, explicó Boxho. Wilkin apuntó que “en un escenario ideal” desearía poder contar a “franceses y alemanes” entre los restos humanos analizados.
De esa forma, los dos países podrían unirse un día en torno a las sepulturas, piensa “Sería un lindo mensaje”, comenta.
En base a AFP