Bagdad | AFP y AP
Tres atentados contra iraquíes que realizaban sus compras para las fiestas religiosas, con un saldo de siete muertos y casi 50 heridos, marcaron el final del Ramadán más sangriento en Irak desde la invasión estadounidense en 2003, mientras Washington sopesa un cambio en su estrategia.
El Ramadán finaliza en estas horas con la fiesta del Aid al Fitr -su fecha precisa es una de las muchas cosas que dividen a los sunitas iraquíes y a la mayoría chiita-, después de un mes de carnicería feroz, incluso para un país sacudido por la violencia como Irak.
Cientos de iraquíes fueron asesinados en ataques sectarios de ambos bandos, mientras las pérdidas entre las fuerzas estadounidenses durante el mes de octubre casi se acercaron al balance total desde comienzos de 2006.
En lo que va de este mes sagrado -que para la confesión sunita terminaba ayer-, han muerto por día un promedio de 43 iraquíes, incluyendo civiles, funcionarios de gobierno, policías y miembros de las fuerzas de seguridad. Se trata de un fuerte incremento si se lo compara con el promedio diario de 27 muertos desde abril del 2005.
La cantidad verdadera es probablemente mayor, ya que muchas de las matanzas no son reportadas. Las Naciones Unidas estiman que cerca de 100 civiles iraquíes mueren a diario en Irak.
Por otra parte, también han muerto 80 soldados estadounidenses en lo que va del mes, superando el récord mensual anterior de este año de 76, registrado en abril. A más de una semana de fin de mes, octubre está camino a convertirse el mes más letal para las fuerzas norteamericanas desde hace dos años.
Ayer se renovaron los hechos violentos en Irak, con varias bombas en Bagdad que mataron al menos a siete personas e hirieron a casi medio centenar, entre ellas varios niños.
Una de las bombas estalló en una pastelería del suburbio de mayoría chiita de Jadida, hiriendo a 20 personas que compraban dulces y pasteles para las próximas fiestas.
Otra bomba explotó en un taxi colectivo cuando pasaba a través del abarrotado mercado de Chorja, según la policía en el lugar. Poco después, otra explosión golpeaba a un vehículo de la policía cercano, mientras los aterrorizados tenderos corrían para refugiarse. Un civil resultó herido mientras los oficiales, presas del pánico, disparaban a ciegas a los edificios colindantes.
cambio. Los oficiales estadounidenses esperan que el final del mes sagrado de ayuno musulmán termine con el derramamiento de sangre, pero el caos de este Ramadán ha modificado los términos del debate en Washington, donde se habla ya de un cambio de estrategia, dos semanas antes de las elecciones legislativas en aquel país.
El presidente estadounidense, George W. Bush, se reunió con sus comandantes militares para analizar la situación, en medio de rumores de que Estados Unidos está perdiendo la confianza en la capacidad o la voluntad del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, de detener la violencia. El mandatario se encargó de dejar algo en claro: las tropas estadounidenses no se irán hasta "que la tarea esté finalizada".
La Casa Blanca señaló que las conversaciones versaron sobre "la naturaleza del enemigo, los retos en Irak, los mejores medios para llevar a buen término la estrategia y los objetivos para tener éxito en la región y para la seguridad de los estadounidenses".
Según el diario New York Times, los mandos estadounidenses podrían imponer unos plazos a Maliki para controlar la violencia sectaria y colaborar en la seguridad, para no afrontar "penalizaciones" políticas.
Cuatro marines murieron el sábado en combate en la provincia occidental de Al Anbar, lo que eleva las bajas estadounidenses en octubre a 80, el peor balance mensual desde la batalla de Faluya en noviembre de 2004.
Bajas
Para el ejército de EE.UU., octubre ya es el mes más mortífero desde noviembre de 2004
todo empeora
La invasión a Irak por parte de una coalición internacional liderada por Estados Unidos, en marzo de 2003, permitió derrocar la tiranía del dictador Saddam Hussein. Sin embargo, la situación actual es considerada por observadores internacionales y organizaciones de derechos humanos como una crisis humanitaria.
El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) calcula en 754 mil los desplazados internos que han abandonado sus viviendas desde marzo de 2003. Casi la mitad de ellos han dejado sus casas desde el pasado febrero, cuando fue atacado un santuario chiita de Samarra por un grupo armado, que las autoridades locales vincularon al brazo iraquí de la organización terrorista Al Qaeda. Este fue el inicio de una guerra interconfesional entre chiitas y sunitas que no ha podido ser controlada.
La prestigiosa revista médica "The Lancet" afirmó hace dos semanas que unas 655.000 personas murieron en Irak desde marzo de 2003 por acciones directa o indirectamente vinculadas a la invasión.
Antes de la invasión las muertes violentas en Irak representaban el 2% del total; hoy suponen el 55%. La tasa de mortalidad bruta pasó de 5,5 por 1.000 habitantes, a 13,3 por mil.