Francia

Chalecos amarillos y Macron, síntomas de la misma crisis

Los chalecos amarillos se han convertido en el adversario más fuerte del presidente de Francia, Emmanuel Macron, pero, según la experta en movimientos sociales Danielle Tartakowsky, ambos son en realidad “dos síntomas diferentes de una misma crisis política”.

Nueva jornada de violencia durante las protestas de los chalecos amarillos. Foto: EFE
Protestas de los chalecos amarillos en Francia. Foto: EFE

La historiadora francesa Danielle Tartakowsky habla de un “efecto espejo”: “Los chalecos amarillos son la respuesta de la sociedad civil a Macron, que en su campaña se reivindicó por encima del sistema de partidos y al lado de la ciudadanía”, asegura.

Presidenta de la Universidad París VIII entre 2012 y 2016, Tartakowsky es una de las mayores especialistas en la historia sociopolítica de Francia en el siglo XX y una voz de referencia para comprender la naturaleza de las movilizaciones colectivas en el país.

Frente a un presidente “que ha menospreciado a todos los actores intermediarios”, Tartakowksy considera lógico el surgimiento de este movimiento civil sin base organizativa ni portavoces, determinado a expresarse más allá de las estructuras tradicionales.

Su irrupción en la agenda política constituye, según su análisis, un brusco freno a un Macron que “creía tener un cheque en blanco” tras salir victorioso de sus dos grandes frentes contra el sindicalismo: la reforma laboral y la de los ferrocarriles.

Los chalecos amarillos, a semejanza de ese presidente a quien piden que dimita, rehúsan definirse de izquierda o de derecha, en lo que Tartakowsky considera la “primera alianza” entre sectores distintos como asalariados, autónomos y jubilados.

Según un estudio publicado por el diario Le Monde, basado en cuestionarios a manifestantes, la mitad de los movilizados no había participado con anterioridad en una protesta organizada.

Esta unión, a su modo de ver, va más allá de la reduccionista división entre campo y ciudad.

“Se trata de la Francia de los olvidados, que denuncian al Estado no solo por su abandono, sino también porque su política incrementa las desigualdades sociales y territoriales”, asegura la también presidenta del Comité de historia de la ciudad de París.

Con una fuerte presencia en municipios medianos y zonas periféricas de las grandes ciudades, París representa para los chalecos amarillos un “territorio ajeno”, contrariamente a la importancia fundamental que la capital francesa ha tenido tradicionalmente en la historia de la acción colectiva.

Otro aspecto destacable es la visibilidad de las mujeres, tanto a pie de calle como en la toma de la palabra, cosa que Tartakowsky atribuye a la “dimensión cotidiana” del movimiento.

A pesar de que esta concepción de “lo personal es político” y del levantamiento de barricadas podrían evocar Mayo del ‘68, muy presente en el imaginario colectivo por celebrarse este año su quincuagésimo aniversario, para la historiadora supone un espejismo engañoso.

“Los estudiantes y los sindicatos no son los actores principales, no existe un contexto de crecimiento económico y, sobre todo, los chalecos amarillos no comparten un convencimiento ideológico de que hay que cambiar el mundo”, argumenta.

Esta falta de estrategia política, según Tartakowsky, les ha catapultado a ser un movimiento de masas, pero también a contradicciones internas: abanderados de la lucha progresista contra la “injusticia fiscal”, algunos también han proferido afirmaciones xenófobas.

Un sondeo encargado por La República en Marcha, el partido en el gobierno, concluyó que si los chalecos amarillos concurriesen a las elecciones europeas, los más perjudicados serían la izquierda radical de la Francia Insumisa y la extrema derecha de la Agrupación Nacional.

En la víspera de la quinta jornada de movilizaciones, Tartakowsky augura una desaceleración del movimiento debido a las medidas anunciadas por Macron -como el aumento del salario mínimo o la exención de impuestos y cotizaciones para las horas extras- y al atentado en Estrasburgo.

Además, ahonda la historiadora, “es probable que este estancamiento vaya acompañado de un aumento de la violencia”.

En cuanto al largo plazo, Tartakowsky se muestra prudente y recuerda que “las movilizaciones colectivas se caracterizan por provocar a largo plazo consecuencias independientes de la voluntad de sus actores”.

Aunque no cree en una transformación en partido de los chalecos amarillos, como Podemos a raíz del 15-M en España, “lo que no cambiará en absoluto es el profundo malestar expresado, que en los próximos años condicionará el sistema político y social francés”.

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