ELECCIONES
Jair Bolsonaro o Lula da Silva, en la elección más polarizada desde el fin de la dictadura en 1985.
Por el próximo mes y medio, Brasilestará en modo campaña electoral. Ayer martes arrancó oficialmente la carrera para las presidenciales del 2 de octubre, con el expresidente Lula da Silva como favorito y con el actual mandatario, Jair Bolsonaro, segundo acortando distancia. Ambos se llevarán toda la atención en esta campaña, ya que la diferencia con los otros candidatos es enorme.
Lula y Bolsonaro eligieron realizar sus actos de lanzamiento de campaña en lugares de gran simbolismo.
Bolsonaro, de 67 años, inició su carrera hacia la reelección en la ciudad de Juiz de Fora, en el estado de Minas Gerais, donde un enfermo mental lo apuñaló en 2018 cuando faltaba apenas un mes para la celebración de los comicios que ganó ese año.
Lula, de 76 años, revivió su pasado metalúrgico. Volvió “donde todo comenzó”, a las puertas de una fábrica de Volkswagen, en Sao Bernardo do Campo, su cuna política y desde donde lideró unas protestas masivas en la década de los 70, en plena dictadura militar.
La batalla presidencial, que cuenta con una docena de aspirantes, prácticamente se reduce a Lula y Bolsonaro, que concentran el 80% de las intenciones de voto, según los sondeos.
"Comunismo"
Bolsonaro apeló al voto religioso y agitó el fantasma del “comunismo” contra Lula en su primer día de campaña.
Aunque las encuestas le siguen dando la espalda, el gobernante aún lidera entre el electorado evangélico.
“Este país no quiere retrocesos, no quiere la ideología de género en las escuelas, no quiere liberar las drogas. Este país respeta la vida desde su concepción y no quiere el comunismo”, indicó en un primer acto en Juiz de Fora, la ciudad de su “renacimiento”.

Después volvió al mismo punto donde fue apuñalado en el abdomen el 6 de septiembre de 2018. Allí le esperaban cientos de sus partidarios vestidos con los colores de la bandera brasileña.
“¡Mito, mito, mito!”, le corearon centenares de seguidores. Su esposa, Michelle Bolsonaro, suscitó igual o incluso más entusiasmo. “Ella es la persona más importante aquí”, dijo el mandatario sobre la primera dama, una ferviente evangélica que cobró protagonismo en la precampaña.
“Brasil es una gran nación, un gran país pero hasta hace poco era robado por la izquierda que había en el poder. Este país no quiere más corrupción”, manifestó Bolsonaro, en alusión a los escándalos que aparecieron durante los gobiernos de Lula y Dilma Rousseff.
El mandatario, que no citó en ningún momento a Lula, también recordó que juró “dar la vida por la patria como militar” y afirmó que ahora, “como ciudadano”, mantiene el juramento y hará “todo por la libertad” de los brasileños.
Vuelta a las raíces
Por su parte, Lula se conectó de nuevo con sus orígenes obreros y empezó la campaña en el decaído cinturón industrial de San Pablo, donde se rodeó de cientos de metalúrgicos, a las puertas de la fábrica de Volkswagen en Sao Bernardo do Campo.
“Fue aquí que todo ocurrió en mi vida, donde aprendí a ser persona, adquirí conciencia política y donde creo que fue por ustedes que fui un buen presidente”, evocó.
El acto se desarrolló bajo un destacado dispositivo de seguridad, con tres filas de vallas metálicas de distancia con los periodistas, y en un momento alguien desde la carretera llegó a lanzar un huevo.
En su discurso, que pronunció subido a una Ford Ranger roja, Lula arremetió contra la gestión económica de Bolsonaro, que, según él, ha permitido la desindustrialización del país porque “no se ha preocupado en crear empleo”.
Para ello, trajo datos de la decadencia económica de un país que sufre una inflación del 10% y cuenta con unos diez millones de personas en busca de trabajo (9,3%). “No habrá mentiras, ni fake news que le mantengan gobernando este país”, sentenció entre gritos de “Lula, guerrero del pueblo brasileño”.
También calificó a Bolsonaro de “fariseo”, por manipular la fe de las personas, en respuesta a mensajes que circulan en grupos bolsonaristas que aseguran que cerrará las iglesias, si vuelve al poder; y “genocida” por “no derramar una sola lágrima” por los 700.000 fallecidos que deja la covid-19 en el país. “Si hay alguien poseído por el demonio ese es Bolsonaro”, afirmó Lula, y prometió “la mayor transformación” social de Brasil, centrada en crear empleos, subir salarios y en ser de nuevo “respetados” en el mundo.
Disputa de legados
La precampaña estuvo marcada por los constantes cuestionamientos de Bolsonaro al sistema de voto electrónico, levantando temores de que no reconozca una eventual derrota.
Lula, que recuperó sus derechos políticos en 2021 tras la anulación de sus condenas por la causa “Lava Jato”, sigue liderando los sondeos, aunque Bolsonaro recorta distancia.
La consultora IPEC indicó el lunes que Lula reúne 44% de las intenciones de voto en la primera vuelta del 2 de octubre, frente a un 32% de Bolsonaro.
“Es la primera vez que tendremos una disputa de legados, entre un presidente y un expresidente”, destaca Adriano Laureno, analista político de la consultora Prospectiva, quien califica la elección como la más “polarizada” desde la redemocratización (1985).

La principal preocupación de los brasileños, según las encuestas, es la situación económica, marcada en los últimos años por altos niveles de desempleo y de la inflación.
Aunque la tendencia es que el presidente mejore sus números con las recientes bajas de los precios de los combustibles y el aumento de ayudas sociales, la gran incógnita para los analistas es si llegará a tiempo de revertir los números. (Con información de AFP y EFE)
Candidatos en carrera
-Jair Bolsonaro. Partido Liberal. 67 años, se presenta a la reelección. Fue concejal en Río de Janeiro y diputado federal por 28 años. Ha pasado por diez partidos a lo largo de su trayectoria política. Se ha casado tres veces y es padre de cinco hijos. Bienes declarados: 2,3 millones de reales (453.000 dólares). Candidato a vicepresidente: el general retirado Walter Braga Netto.
-Lula da silva. Partido de los Trabajadores. 76 años. Será la sexta vez que disputará las presidenciales. Ganó dos, en 2002 y 2006. Para estas elecciones ha conseguido el apoyo de diez partidos. Pasó 580 días en prisión entre 2018 y 2019 por dos condenas por corrupción anuladas en 2021. Viudo en dos ocasiones y padre de cinco hijos, contrajo de nuevo matrimonio en mayo. Bienes: 7,4 millones de reales (1,4 millones de dólares). Candidato a vice: el exgobernador de San Pablo Geraldo Alckmin.
-Ciro Gomes. Partido Democrático Laborista. 64 años, ha sido ministro, gobernador y diputado. Los sondeos solo le atribuyen un 10%. Bienes: 3 millones de reales (600.000 dólares). Candidata a vice: vicealcaldesa de Salvador, Ana Paula Matos.
-Simone Tebet. Movimiento Democrático. 52 años, senadora. Los sondeos le atribuyen apenas un 2%. Bienes: 2,3 millones de reales (453.000 dólares). Vice: la senadora Mara Gabrilli.
-Vera Lúcia Salgado. Partido Socialista de los Trabajadores Unificado. 54 años. Graduada en Ciencias Sociales. Bienes: 8.800 reales (1.700 dólares). Vice: la líder indígena Raquel Tremembé.
-Felipe D’Avila. Partido Nuevo. 58 años, empresario, politólogo e ingeniero. Bienes: 24,6 millones de reales (4,8 millones de dólares). Vice: el diputado federal Tiago Mitraud.
-Soraya Thronicke. Unión Brasil. 49 años, senadora. Bienes: 783.000 reales (154.000 dólares). Vice: el economista Marcos Cintra.
-José María Eymael. Democracia Cristiana. 82 años. Abogado y fue diputado federal. Bienes: 1,6 millones de reales (315.000 dólares). Vice: economista Joao Barbosa.
-Léo Péricles. Unidad Popular. 40 años, mecánico. Bienes: 197 reales (40 dólares). Vice: la dentista Samara Martins.
-Sofía Manzano. Partido Comunista. 51 años, economista. Imparte clases en una universidad de Bahía. Bienes: 500.000 reales (98.600 dólares). Vice: el periodista Antonio Alves.
-Roberto Jefferson. Partido Laborista. 69 años. Se encuentra en prisión domiciliaria por el caso de “milicias digitales” . Bienes: 745.300 reales (147.000 dólares). Vice: el religioso ortodoxo Kelmon Luís da Silva.