CARACAS | AP
Desde que un hombre armado trató de asaltar a su padre, el empresario venezolano Dumas Rojas insiste en movilizarse en vehículos blindados, con ventanas lo suficientemente fuertes como para resistir los disparos de una pistola Magnum 44.
Rojas, de 33 años, decidió que también le instalaran un blindaje del mismo nivel 3 en la camioneta que usa su esposa cuando sale con sus dos hijos. Así, dice, se siente seguro.
"Ahorita la seguridad personal, por lo menos para lo que a mí respecta, no tiene precio", dijo. Es triste que sea necesario adoptar estas medidas hoy en día, pero "en cualquier zona uno está expuesto a que lo atraquen, lo roben o lo secuestren".
En muchas partes de América Latina, desde Brasil hasta México, cada vez más blindan sus vehículos como medida de precaución contra robos, secuestros y narcotraficantes.
Ya sea en San Pablo o en el norte de México, los ricos y la clase media-alta se sienten vulnerables. En algunos lugares están aumentando los secuestros. En otros, individuos armados irrumpen en edificios y roban todos los departamentos.
Los venezolanos hacen frente a una creciente ola de robos, secuestros y asesinatos, y la mayoría de los delitos no son resueltos.
Miedos. Los temores por la delincuencia y un aumento exponencial en los secuestros han convertido a Venezuela en uno de los mercados del blindaje de crecimiento más rápido en la región y los comercios reportan fuerte demanda para los trabajos de protección, que muchas veces suelen costar más de 20.000 dólares.
Los dueños de estos negocios dicen que muchos clientes han sobrevivido a secuestros o robos, o que tienen familiares o amigos cercanos que pasaron por esa experiencia.
Las encuestas muestran que la delincuencia es la máxima preocupación de la gente en Venezuela, que tiene una de las tasas de homicidios más alta del mundo, según un estudio a nivel mundial sobre homicidios difundido este año por las Naciones Unidas.
Arduo trabajo. En la tienda de Francisco Belisario en Cagua -un poblado con calles estrechas de la época colonial, a unos 70 kilómetros (al suroeste de Caracas- zumban las herramientas eléctricas mientras trabajadores colombianos refuerzan camionetas con Kevlar, placas de acero y ventanas resistentes a las balas.
"Los pedidos de blindaje de vehículos han crecido un 100% anualmente", dijo Belisario, quien estima que el número de negocios dedicados al blindaje en Venezuela ha crecido en los últimos cinco años, de menos de 10 a más de 40 por día.
Hace casi tres años, Belisario abrió Blindacenter, el primer centro de blindaje en Cagua. En la actualidad su negocio está lleno de camionetas Jeep Cherokee, una Chevrolet Silverado, una Range Rover y un Mini Cooper. Y tiene lista de espera.
En tanto, la vecina Colombia ha sido pionera en la producción de vehículos blindados, debido a su prolongado conflicto interno y la violencia del narcotráfico.