Vuelve polémica por el Diu

| Muchos científicos aseguran que el DIU es un abortivo. Pese al uso extendido de este dispositivo y a su promoción como política masiva de salud, hay encuestas que muestran que el 95 por ciento de las mujeres no conocen su mecanismo de acción.

EDUARDO CASANOVA | MÉDICO UCM / ESPECIALISTA EN BIOETICA

Hace 2.500 años ya existían textos médicos que describían objetos llamados "pesarios" que se colocaban en el interior del útero para impedir el embarazo. En esa época no se dudaba de su efecto abortivo, sin embargo, durante el siglo pasado, tanto en nuestro país como en el resto del mundo se promocionó y generalizó la utilización de dispositivos intrauterinos (DIU) con una finalidad que se declaraba como anticonceptiva, es decir, que impedía la concepción pero que no causaba abortos.

Pese a la gran extensión del uso del DIU y a su promoción como política masiva de salud, algunas encuestas muestran que el 95 por ciento de las mujeres no conocen el mecanismo de acción de estos dispositivos. De hecho, desde hace ya varios años, muchos autores plantean que sus efectos no serían anticonceptivos, sino abortivos.

Este punto de vista se ha reafirmado ante evidencias actuales que aportan diferentes estudios. Algunos autores demostraron el efecto abortígeno recurriendo a la dosificación en la sangre materna de sustancias liberadas por el propio embrión luego de generado, varios días antes de anidar en el útero.

Apoyándose en estas evidencias y en otros efectos secundarios e indeseables sobre el organismo de la propia mujer, algunos bioeticistas han planteado la necesidad de recurrir al consentimiento informado, para que cada mujer conozca y consienta su colocación sabiendo los efectos abortivos que dicho procedimiento le causará.

No sería suficiente informarle sólo sobre los posibles efectos negativos del procedimiento sobre su cuerpo (rotura de útero, hemorragias, infecciones, adherencias), sino también sobre sus hijos.

Si bien en ocasiones la opinión pública se conmovió ante informes de campañas masivas de esterilización ocurridas en otros países, pasó más desapercibida esa otra realidad, ocurrida en países como el nuestro, en que las madres podrían estar abortando hijos sin siquiera saber que los han concebido. Esto sería un efecto de considerar al DIU como un "anticonceptivo" y no como a un verdadero abortivo.

Los llamados "anticonceptivos de barrera", como el condón o diafragma, se llaman de este modo porque impiden la fecundación del óvulo por el espermatozoide, al establecer un obstáculo o barrera para la llegada del espermatozoide a la trompa uterina.

Pero, este papel de "barrera" no lo ofrece el DIU al ser colocado en el cuerpo uterino. Si el DIU fuese verdaderamente un anticonceptivo y no un abortígeno, no parecería justificarse su preferencia anticonceptiva frente al preservativo, ya que éste en cierto porcentaje previene el SIDA, mientras que el DIU no lo previene en absoluto.

Estos planteos llevan a preguntarse acerca de los motivos de las políticas de salud que han promocionado la implantación masiva de DIU, fundamentalmente en mujeres jóvenes, con la excusa de "prevenir el embarazo adolescente".

Las cifras estadísticas del Hospital Pereira Rossell, el principal hospital materno-infantil de nuestro país, parecen contener la respuesta: el 27% de los embarazos asistidos son en madres menores de 19 años, que en el 59% de los casos utilizan preservativos.

La conclusión parece simple: el efecto del DIU contra la vida humana es mucho más radical, aunque sea abortígeno y aunque su efecto de protección contra el SIDA sea del 0%.

¿es abortivo? Algunos trabajos, publicados en 1987 sostenían que "el DIU no es abortivo", pues su acción se centraba sobre el espermatozoide (acción espermicida), agrediéndole para impedir que fecundase al óvulo.

Los DIU con "T de cobre" hacían que este metal interfiriese con el zinc de las mitocondrias causando su muerte. Sin embargo, esta acción era dudosa, no entendiéndose claramente el motivo por el que el mismo mecanismo no afecta también a las mitocondrias de otras células, como las del útero e incluso al mismo óvulo, antes o después de fecundado. De hecho, los embarazos producidos en mujeres con DIU eran un hecho conocido y evidente, que al producirse obligaban a retirar el DIU.

También desde 1987 se han venido publicando otros trabajos que sostenían que "es improbable que la eficacia anticonceptiva de los DIU resulte fundamentalmente o en forma exclusiva, de su capacidad para interferir con la implantación".

Sin embargo, resulta sugestivo que en los Estados Unidos sólo se haya reconocido como aceptable el uso del DIU luego de que se legalizara el aborto.

Por otro lado, más tarde se llegó a pro- mocionar el uso del dispositivo intrauterino, en forma similar al que se utiliza la "pastilla del día después", es decir como "anticonceptivo de emergencia".

El eufemismo o error de la expresión "anticonceptivo" se debe a que luego de una posible concepción, el DIU sólo podrá actuar eliminando al embrión ya concebido ya que el óvulo sólo vive 24 horas.

Autores, como Di Pietro dosificaron en la sangre materna una sustancia producida por el embrión en las primeras cuatro horas de concebido.

La caída en sus niveles sería una evidencia indirecta de la muerte del embrión abortado.

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