En conversaciones informales, los militares suelen decir que el gobierno del presidente Tabaré Vázquez los ha relegado, especialmente en lo salarial y profesional, un enfoque al menos discutible.
En lo salarial, las Fuerzas Armadas no han formado parte de las prioridades del gobierno de izquierda. Sin embargo, en lo profesional la situación es diferente, ya que cuando finalice esta administración el 1° de marzo de 2010, se habrá renovado la amplia mayoría de la cúpula superior de las Fuerzas Armadas. Esta movilidad es relevante en lo profesional y a ella se ha sumado que se han realizado inversiones en renovación de equipos y mantenido las misiones de paz que levantan fuerte rechazo en la izquierda.
En materia de armamento, el gobierno de Vázquez ha provisto al Ejército, entre otras cosas, de decenas de vehículos blindados y renovó su armamento ligero luego de 25 años; a la Armada le compró buques de guerra y helicópteros; a la Fuerza Aérea aviones para enviar a las misiones de paz en el exterior.
Ascensos. Por distintas circunstancias, Vázquez favoreció la movilidad de los escalafones superiores en las tres fuerzas. Cuando llegan al grado de coronel, los militares tienen dos metas: ser agregado militar en el exterior o ascender a general. Por eso, acelerar la progresión del escalafón máximo -el cargo de comandante en jefe es una designación de confianza política- en la jerarquía de oficial general es la aspiración de todos los oficiales superiores que buscan una oportunidad. Hoy, en Uruguay, cuando se nombra un general, salvo que haya un impedimento de edad, puede estar en ese grado hasta ocho años.
Desde 2005, el Ejército renovó el 95% de su plana mayor (15 de 16 generales), la Armada la mitad de sus oficiales generales (tres de seis), y la Fuerza Aérea dos tercios (cuatro de seis brigadieres), algo que no se dio en los cuatro gobiernos previos al actual, entre 1985 y el año 2000.
Desde fines de 2005, el mandatario aplica una ley sancionada por este gobierno que le permite escoger directamente a los oficiales superiores para ascender a la jerarquía de general, en un mecanismo que ha sido reiteradamente cuestionado a nivel político por considerárselo muy subjetivo. Hasta ese momento, el Poder Ejecutivo se regía por una ley de 1941 que establecía que los ascensos a general por decisión presidencial sólo se podían hacer dentro de un tercio de los oficiales superiores en actividad.
La reunión de Díaz. Para que ocurriera el proceso de renovación relativamente rápido entre los 16 oficiales generales del Ejército debió mediar un hecho inesperado. A mediados de octubre de 2006, el entonces jefe del Ejército Carlos Díaz, sin consultar a sus superiores, se reunió con el ex presidente Julio María Sanguinetti y el ex ministro de Defensa Yamandú Fau en el Cortijo Vidiella, un establecimiento lindero al Batallón Nº 14 de Infantería, tradicionalmente utilizado como lugar de reunión por los comandantes en jefe del Ejército. Esa noche acompañaron a Díaz los generales Pedro Aguerre y Miguel Dalmao, todos ascendidos por Vázquez en 2005.
Cuando se enteró el presidente Vázquez, en fulminante decisión destituyó a Díaz y ordenó el arresto de los dos generales. El nombramiento del nuevo comandante fue un proceso engorroso, muy cuestionado en la cúpula del Ejército y que trajo secuelas. Vázquez eligió a Jorge Rosales, un general ascendido en febrero de 2006, y que tenía por delante a nueve oficiales. Al romperse el estilo -hasta ese momento casi siempre respetado- de nombrar al general más antiguo como comandante, varios oficiales pidieron el retiro dando lugar al ascenso de otros tantos coroneles en febrero del año 2007, como fue el caso de Juan Villagrán, Milton Ituarte y Felisio de los Santos.
Desde 2006 obtuvieron la jerarquía de general Wile Purtscher -a quien se maneja como posible futuro jefe del Estado Mayor del Ejército-, Luis Pérez, Raúl Gloodfotszky y Daniel Castellá, además de Rosales. En 2008, en tanto, el gobierno ascendió a los coroneles Neris Corbo y Domingo Montaldo. Los últimos oficiales en ascender en febrero de 2009 fueron los coroneles Nelson Pintos y José María Burone.
Actualmente, solo el general Juan Giorello, ascendido por el ex presidente Jorge Batlle, permanece en actividad.
En la Armada. La Armada Nacional presenta una situación de equilibrio: de sus seis oficiales generales, tres fueron ascendidos por Vázquez y el resto ya habían sido promovidos por Batlle. Incluso, en esta fuerza se da una situación singular, cual es que el viernes 4 Vázquez acordó con Mujica que el contraalmirante Óscar Debali, actual prefecto Nacional Naval, será el nuevo jefe de la fuerza desde el 1° de febrero, en sustitución del almirante Juan Fernández Maggio, quien a partir de esa fecha pasará a retiro. Debali es el contraalmirante de mayor antigüedad dentro de la fuerza, y Mujica accedió a nombrarlo comandante en jefe, lo que será por un año porque en febrero de 2011 pasará a retiro obligatorio.
Debali fue ascendido a contraalmirante en febrero de 2003, a iniciativa del entonces presidente Batlle. En la fuerza es considerado un muy buen profesional y fue miembro de varios tribunales de honor por elección de sus pares. Debali es conocido como simpatizante del Partido Colorado.
Otro de los contraalmirantes ascendido en el anterior gobierno (2004) es Hugo Viglietti, el actual comandante de la Flota de la Armada.
Los tres oficiales generales ascendidos por la actual administración son Federico Lebel y Alberto Caramés, promovidos en 2006, y Juan José Burgos, un año después. Lebel es agregado naval en Estados Unidos y Caramés es el director general de Personal Naval. Burgos, en tanto, es el actual jefe de Estado Mayor.
Fuerza del Aire. Mientras tanto, de los seis oficiales generales de la Fuerza Aérea, cuatro fueron promovidos por el gobierno del presidente Vázquez y los dos restantes vienen de la época en que gobernó Batlle.
José Bonilla es el actual comandante en jefe, cargo que asumió a comienzos de 2009. Fuentes del gobierno electo adelantaron a El País que Mujica lo confirmaría en su cargo.
Bonilla es oficial general desde el año 2004, lo mismo que el brigadier general José Vilardo, que actualmente tiene destino en Montreal, Canadá, como secretario de la Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI).
En el año 2006, el gobierno del Frente Amplio ascendió a la máxima jerarquía al brigadier Carlos Pena, actual jefe del Estado Mayor de la FAU. Dos años más tarde fueron promovidos los brigadieres generales Daniel Olmedo y Carlos Lupinacci, respectivamente director nacional de Aviación Civil y titular del comando aéreo Logístico. En 2009, fue ascendido el brigadier general Washington Martínez, que fue puesto a cargo del comando aéreo de Operaciones de la Fuerza Aérea.
Relegados: Menos en los equipamientos, los militares afirman que el gobierno los postergó.
Influencia de los masones
El 83,3% de las promociones al generalato en el gobierno del presidente Tabaré Vázquez recayeron sobre coroneles integrantes de la Masonería y el 50% de quienes ascendieron a teniente general del Ejército, también pertenecen a esa orden, lo que cambió radicalmente la tendencia de los gobiernos anteriores. Este análisis surge de una afirmación contenida en el libro "Desconfianza infinita. Lacalle, Sanguinetti, Batlle y Vázquez y la elección de sus cúpulas militares", escrito por el politólogo y diputado colorado electo Fernando Amado.