Uruguay se ha ido secularizando

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Lleva 41 años trabajando para el Vaticano. En 2011 fue nombrado por el Papa Benedicto XVI como Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina con el objetivo de ser interlocutor de las Conferencias Episcopales, de los obispos, del Consejo Episcopal Latinoamericano y de muchas otras instancias católicas en el continente. Esta semana llegó a Uruguay para participar de la Lectio Inauguralis de la Universidad Católica donde reprodujo la frase del Papa que quedó grabada en su mente a fuego: "Hay que redescubrir la dignidad, la razonabilidad y la belleza de ser cristiano". Es que justamente eso es, según Carriquiry, lo que debe transmitir la iglesia al pueblo latinoamericano. Con 26 años llegó a trabajar al Vaticano. Era laico, casado y uruguayo. Hoy con 67, Guzmán Carriquiry es el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. Dice que Uruguay representa para la Santa Sede un caso "extremo" de debilitamiento del cristianismo.

La propia iglesia es la principal preocupación del Vaticano en América Latina. Se entiende que no está siendo capaz de absorber la fe religiosa de los pueblos, y colabora así con la proliferación de las comunidades evangélicas y neopentecostales. Dentro de ese escenario Uruguay es uno de los casos extremos, según el secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. En entrevista con El País, Guzmán Carriquiry opinó sobre los desafíos de la Santa Sede en el continente, las situaciones internas de la iglesia y sus consecuencias, las virtudes y carencias de la sociedad uruguaya, la posible despenalización del aborto y el rol de la familia en la educación.

-¿Qué temas de Latinoamérica preocupan, y por lo tanto ocupan hoy a la Iglesia?

-Preocupan muchos temas, pero fundamentalmente la iglesia misma. La primera preocupación de la Santa Sede es su relacionamiento con las iglesias de América Latina porque quiere que estas expresen un vigor espiritual, una capacidad cultural y un ímpetu misionero que responda a la sed y hambre religiosa de nuestros pueblos. El Papa siempre ha dicho `tenemos muchos problemas que nos vienen de afuera, pero los más serios son nuestros problemas, los de la propia iglesia`. América Latina también presenta problemas enormes. Todos los países están viviendo mucha violencia, que ya no es política, ideológica o militar, sino que es una violencia delictiva, que afecta a la ciudadanía. Preocupa que el crecimiento económico no disminuye la desigualdad, preocupa la secularización y que muchas veces, para un número importante de bautizados, el bautismo quedó sepultado en una capa de olvido e indiferencia. Preocupa la proliferación de las comunidades evangélicas y neopentecostales, no para criticarlas, sino para tener bien presente que la iglesia católica no está respondiendo.

-¿Hay alguna estrategia de la Santa Sede para evitar esta proliferación?

-Tenemos que estar más cerca de las preocupaciones, sufrimientos, alegrías y esperanza de la gente. En América Latina tenemos un 80% de bautizados, que es el 45% de los católicos de todo el mundo. Si a estos les sumamos los hispanos, llegamos a la mitad de los católicos de todo el mundo. Entonces lo que suceda en la misión de la iglesia en los pueblos de América Latina va a tener una influencia determinante en todo el catolicismo. El Papa señala un debilitamiento de la fe a causa de la secularización, entonces ese patrimonio que tenemos hay que revitalizarlo, hacerlo crecer en la fe. Ese es el gran desafío de la Iglesia.

-¿Eso es lo que representa para América Latina el viaje del Papa Benedicto XVI a Cuba y México?

-Eso es lo que el Papa alentó fuertemente en México y Cuba.

-¿Por qué eligió esos dos países?

-El Papa había viajado a San Pablo en 2007 y en julio de 2013 presidirá un evento gigantesco: las Jornadas Mundiales de la Juventud en Río de Janeiro. Entonces, entre dos visitas a Brasil parecía conveniente que el Papa visitara países hispanoamericanos. México es la muestra más acabada del catolicismo popular, barroco y mestizo. Y se aprovechó para pasar por Cuba donde la visita de Juan Pablo II había sido impresionante. Además los gobiernos e iglesias de ambos países habían insistido mucho para que el Papa Benedicto XVI los visitara.

-¿Desde Uruguay se cursó alguna invitación o se prevé, aunque sea a largo plazo, una visita?

-No creo que haya invitación y me parece difícil una visita a Uruguay.

-¿Cómo está hoy el catolicismo en Uruguay?

-Uruguay es un caso extremo de debilitamiento en América Latina porque vive, desde hace mucho tiempo, un proceso de secularización muy radical. Uruguay debe ser el país de América Latina que tiene el menor número de bautizados en comparación con otros países de la región. Yo digo que cuando uno pasa de Montevideo a Buenos Aires parece que se pasa a la cristiandad; y no obstante todos los problemas que tiene el catolicismo en Argentina.

-¿Cree que hay situaciones internas a la Iglesia católica que han perjudicado notoriamente su imagen como por ejemplo los abusos cometidos por sacerdotes?

-Ciertamente. Lo que pasa es que la iglesia es una comunidad de pobres pecadores, mendicantes de la gracia de Dios. A nosotros no nos causan escándalo los pecados de los cristianos, nos causan sufrimiento. Hay pecados espantosos y es verdad que atenta y empaña el testimonio que tiene que dar la iglesia.

-¿Cómo se han tomado esos casos en la Santa Sede?

-El Papa ha afrontado esto con mucha valentía y rigor. Se han agigantado las cosas en la iglesia católica, porque también tenemos generosos, abnegados, santos sacerdotes que dedican toda su vida a Dios y a la Iglesia, y tenemos una ínfima minoría de sacerdotes que se han desviado en estos crímenes abominables.

-Es común escuchar personas que dicen tener fe pero no estar de acuerdo con la estructura de la iglesia, y sobre todo con el Vaticano. Es conocida la frase de Diego Armando Maradona de `con todo el oro que tienen los techos del vaticano se podría dar de comer a miles y miles de niños`. ¿Qué responde a eso?

-Maradona dice muchas tonteras. El Dios sí pero la iglesia no, el evangelio sí pero el Vaticano no, son frases hechas que se adoptan para no tener un compromiso con nada. Porque los que dicen Dios sí y la iglesia no, el Dios sí queda en aguas de borrajas. Cristo se nos hace presente a través de esta comunidad de pecadores que somos la Iglesia.

-¿Qué sabe hoy de la sociedad uruguaya? ¿Cómo la ve?

-Visto desde lejos Uruguay aparece como un país en crecimiento económico, con una tasa de desocupación bajísima, con la disminución de la tasa de pobreza, el único tema es que hay enormes problemas en este país que no han sido afrontados.

-¿Cuál por ejemplo?

-La educación. El evangelio dice puedes ganar todo el mundo pero qué ganas si pierdes tu alma. En Uruguay el viejo laicismo se ha ido agotando, las militancias ideológicas de hace algunas décadas hoy se han ido enrareciendo. ¿Con qué energías morales, ideales vamos a construir un Uruguay mucho mejor? No solo con crecimiento económico, con baja desocupación o disminuyendo la pobreza. Son todas cosas importantísimas pero tenemos que sembrar otras cosas capaces de dar valores para vivir y convivir.

-Un pilar de la educación que hoy está en crisis es la familia...

-En Uruguay la familia está en crisis en forma manifiesta. Esto representa perder una célula fundamental, perder el verdadero lugar de iniciación educativa.

-La despenalización del aborto en Uruguay ya tiene la aprobación de la Cámara de Senadores y próximamente se discutirá en Diputados ¿Qué le diría a uno de esos legisladores que tiene que votar?

-Espero que no pase la Cámara de Diputados. Yo le diría a muchos de los que se aprestan a votarla, que son tan críticos de las políticas económicas ultraliberales, que esto también promueve conductas ultraliberales, el individualismo salvaje, que atenta contra el primer derecho que es el de la vida. Algunos quieren hacer pasar esto como una forma progresista cuando es regresiva y un subproducto de la sociedad del consumo del espectáculo.

PERFIL

NOMBRE: Guzmán Carriquiry

NACIÓ: en Montevideo

EDAD: 67

PROFESIÓN: abogado

Guzmán Carriquiry llegó con 26 años a trabajar al Vaticano. Fue el primer laico casado en ingresar a la Santa Sede. Él lo define como un "misterio" que aún no ha podido "descifrar". Comenzó trabajando en el Consejo Pontificio para los Laicos. Su experiencia allí sería de un año pero terminó superando los ocho años. Juan Pablo II lo nombró posteriormente subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos, donde trabajó hasta 2011 cuando el Papa Benedicto XVI lo nombró secretario de la Comisión Pontificia para América Latina. "Cuando me nombró me dijo `ayúdeme a intensificar los vínculos de la Santa Sede con América Latina y especialmente con las iglesias en América Latina`", cuenta orgulloso y afirma que esa es su misión hoy.

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