Para el embajador de Francia en Uruguay, Laurent Joseph Rapin, la explicación de porqué se eligió Uruguay como la primera sede del Pasteur en Latinoamérica se remonta incluso a los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y se relaciona íntimamente con los logros de la diplomacia uruguaya.
"Los gobiernos uruguayos, desde la Segunda Guerra Mundial, han sido capaces –de una manera muy inteligente– de aprovechar dentro del marco de las Naciones Unidas la oposición tradicional entre Brasil y Argentina para proponer personalidades del más alto nivel para ocupar posiciones importantes", dijo Rapin. En su opinión nombres como el de Enrique Iglesias en el BID, el de Eduardo Giménez de Aréchaga en la Corte Internacional de Justicia de la Haya o el de Carlos Pérez del Castillo como director del Consejo General de la Organización Mundial de Comercio y candidato a la presidencia de este organismo, son la punta del iceberg que, en su opinión, demuestran la "sobrerepresentación" de Uruguay. "Este país no es sólo los 3.300.000 habitantes que tiene", dijo el embajador.
Rapin va más allá y considera que el estado uruguayo se logró consolidar a fines del siglo XIX gracias a una diplomacia "de primer nivel" que luego se hizo tradición en el país y que, al menos, continuará durante 10 años, mientras que la actual generación de diplomáticos se mantenga al frente.