DeSagana Diop
La NBA, la liga de basquetbol número de uno del mundo, ha extendido su influencia en Asia, e India figura como próximo destino de sus ambiciosos planes, pero, desde hace un tiempo incrementa sus esfuerzos en África. En marzo, abrió su primera representación africana, en Johannesburgo, Sudáfrica, bajo la guía de Amadou Gallo Fall, quien es oriundo de Senegal, descubrió a DeSagana Diop y se desempeñó como ejecutivo del club Dallas Mavericks. Basquetbol Sin Frontera, un programa internacional de desarrollo y apertura a las comunidades, visitó Senegal hace dos semanas y por primera vez las jornadas se realizaron fuera de Johannesburgo. "Aquí hay mucho talento", afirma DeSagana Diop.
The New York Times
DeSagana Diop explica que la cancha de basquetbol está situada en Parcelles Assainies, el barrio donde él se crió en Dakar, Senegal, un punto de partida improbable para una carrera de nueve años en la NBA. Apunta que sus padres todavía viven en el barrio. El predio estaba sucio y con basura antes de que Diop lo inaugurara hace dos semanas. "Antes de que hiciéramos el trabajo aquí, esto era la nada", dijo Diop, por teléfono, desde la capital de Senegal, un país situado en el Oeste de África. La apertura de la cancha es otro pequeño paso de la NBA -la liga de basquetbol número uno del mundo- en un continente en el que intenta dar el gran salto. La liga ha extendido su influencia en Asia, e India figura como próximo destino de sus ambiciosos planes.
Además de algunos éxitos, como fue el caso de Hakeem Olajuwon, de Nigeria, quien fue incorporado por Houston Rockets en 1984, el talento para el basquetbol del continente africano, donde el fútbol es el principal deporte, no ha sido aprovechado o desarrollado. La NBA hizo incursiones en el continente y condujo campamentos y clínicas, pero las visitas no tuvieron un efecto perdurable.
"Aquí hay mucho talento", afirma Diop, "Tenemos que hacer más campamentos y enseñar este deporte cada vez más. Tienen muchos atletas. Lo que deben aprender son los fundamentos: tirar, saltar, pasar. Eso va a ayudar al basquetbol".
Diop encabezó un contingente de la NBA a Dakar que incluyó a los jugadores africanos Hasheem Thabeet y Luc Mbah a Moute, al italiano Danilo Gallinari, que juega para los Knicks de Nueva York y Ronny Turiaf, de Francia. Los jugadores y varios jerarcas de la NBA recibieron a 60 de los principales jugadores adolescentes del continente, que representaron a países desde Angola hasta Zambia.
Diop se ve a sí mismo con idéntico prisma que a muchos de los chicos. Tuvo más suerte que la mayoría, ya que no debió salir a la búsqueda de su siguiente comida. Su padre era director de un liceo y su madre era maestra. Pero, al igual que algunos de los chicos que concurren al campamento, Diop incursionó en el basquetbol sólo después que tuvo demasiada estatura para jugar al fútbol. Fall descubrió a Diop y lo envió a EE.UU., a la potencia del basquetbol de enseñanza secundaria que es la Academia Oak Hill, en Virginia.
Diop progresó en la cancha, y lo que es más importante, también en el salón de clase. Fue elegido para pronunciar el discurso en nombre de los estudiantes que egresaron.
"Sólo necesitaba que le dieran las herramientas, pero era evidente que tenía mucho potencial", dijo Fall. "La cuestión era si podía estar en el lugar apropiado para aprender a jugar al basquetbol".
Diop ingresó a la NBA como un atleta con talento en bruto, pero como una gran promesa. Cleveland Cavaliers lo eligió en el octavo lugar general del draft, en 2001, apenas cuatro años después que empezó a jugar a este deporte. En cuatro temporadas en Cleveland, fue considerado un fracaso. La curva de aprendizaje fue demasiado alta para él. Resucitó su carrera en Dallas Mavericks al contribuir a que el equipo se encaminara a las finales del campeonato. Ahora es suplente en Charlotte Bobcats.
Diop dice que, a veces, se pregunta si hubiera podido llegar a ser una estrella de haber tenido mejor orientación en sus años de adolescente. Fall, quien se desempeñó como microbiólogo y jugó al basquetbol en la Universidad del Distrito de Columbia, se hace la misma pregunta. En otros tiempos pensó que lo mejor era que África exportara jugadores para que aprendieran el deporte. Ahora, quiere que África sirva como el lugar de aprendizaje.
"Hay muchas personas en África que no tienen la suerte de aprender o desarrollar sus habilidades, y su talento termina desperdiciándose", indica Fall. "Por eso, estamos tan contentos de poder provocar impacto con el basquetbol a nivel de las bases sociales y de enseñarle a los jóvenes que no tienen porqué ir a otro lugar a aprender".
Diop viaja a Senegal casi todos los años. En 2003, él y Fall comenzaron la Academia Seeds, que es la sigla en inglés de Deportes para la Educación y Desarrollo Económico. Diop subrayó que el basquetbol es solo uno de los aspectos de la vida que él enseña. "Lo que llevamos a cabo no es solo sobre el basquetbol", puntualiza. "Es sobre la vida en general. No todos van a llegar a la NBA. Quiero ayudar a enseñarles que pueden convertirse en lo que deseen. Pueden ser docentes. Pueden ser médicos".
Pero, algunos avanzan en el basquetbol. Diop todavía recuerda al desgarbado y atlético Mbah a Moute, cuando asistió al campamento en 2003. "Ahora lo enfrento en las canchas de la NBA", dice, entre risas. "¿Parece algo demasiado alocado?".
Quizás, en otros tiempos pudo parecer improbable. Ahora, progresar así está basado en la realidad. Otros dos jóvenes surgidos del programa Basquetbol Sin Fronteras en África -Christian Eyenga, quien fue el primer elegido por Cleveland Cavaliers en el draft de 2009 y Solomon Alabi, de Toronto Raptors- firmaron sus contratos con esos clubes de la NBA a mediados del corriente año, lo que constituyó otro avance en la búsqueda no de gestos simbólicos, sino de influencia significativa y desarrollo.
"El basquetbol es una enorme herramienta que puede tener impacto en la comunidad", sostiene Fall.