Para. Todo para. Paran los funcionarios del Estado, que quieren ganar más pero no aceptan trabajar más (ni siquiera las seis horas que quiere el gobierno). Para la banca pública, que afirma que el gobierno ataca a los trabajadores del sector y, como represalia, paraliza la compensación de cheques y deja a miles y miles de trabajadores de otros sectores sin un peso.
Para. Todo para. La cartelera de movilizaciones es más extensa que la de espectáculos. Paran los municipales de Montevideo, levantando plataformas que nadie explica demasiado para adoptar medidas que a todos nos afectan demasiado. Paran los que levantan la basura. Y al día siguiente los que transportan a los que levantan la basura. Y al día siguiente todos, para reunirse en asamblea. Y nos tapa la basura. Y a la vez, nos va tapando el agua sin que nos demos cuenta.
Para. Todos paran. No hay sindicato que no esté movilizado. El estado de agitación es constante. El que no hace un piquete está amenazando con una ocupación. El que no quiere imponer a la patronal de turno la reducción de la jornada laboral exige aumentos que, de pagarse, pondrían en riesgo la existencia de no pocas empresas y vaya a saber uno cuántos puestos de trabajo. Y todavía habría que preguntarse qué pasaría con la inflación si una parte de esos incrementos salariales que se demandan se trasladara a los precios.
Para. Todo para. Y la sociedad se pregunta hasta cuándo. Los sindicalistas afirman que la situación es "pasajera". Que cuando terminen los Consejos Salariales el país volverá a funcionar. Pero muchos ya empiezan a preguntarse si el caos no llegó para quedarse. Porque a esta negociación seguirán otras demandas, y más tarde otras nuevas. Porque el movimiento sindical vive una interna muy compleja, una pulseada entre gigantes, que está pagando el país entero.
Para. Todo para. Todos piden más. Todos reclaman. Todos exigen y muestran los dientes, dispuestos a ir a fondo. La sociedad observa. Algunos con incredulidad. ¿Acaso no era a Lacalle al que el PIT-CNT le iba a volver la vida imposible si ganaba? Otros, con bronca. ¿Por qué los gremios están poniendo a un gobierno de izquierda en esta encrucijada? Y no pocos, con dolor. Porque en lugar de aprovechar la tremenda bonanza y el viento de cola que arrastra a su economía, el Uruguay está paralizado, perdiendo un tiempo precioso en boxes mientras el mundo sigue andando y en el ranking Doing Business del Banco Mundial, ese que los inversores miran cuando los llamamos a poner su dinero en nuestras tierras, el país ya se ubica en el peor tercio a nivel global.
¿Y el gobierno? ¿No será tiempo, a casi nueve meses de haber llegado al poder, de que el gobierno empiece a gobernar? ¿No llegó la hora de tomar decisiones, de definir un rumbo y de traducir en acciones concretas las buenas intenciones que se enuncian en discursos y audiciones radiales?
El país de primera sigue esperando.
elpepepregunton@gmail.com