Tener serpientes en Uruguay: el miedo inicial, el cariño a los reptiles y el precio de las ratas congeladas

Nahuel compró una boa cuando tenía 22 años y no le dijo a su madre y a su hermana hasta días después de haberla metido en su cuarto.

Boa.
Boa.
Foto: Unsplash

A Nahuel siempre le gustaron los reptiles, pero fue a los 22 años, cuando comenzó a trabajar en una carpintería, que consideró la posibilidad real de comprar una serpiente.

En la carpintería hacía terrarios, que se vendían a Alternatus Uruguay, un criadero de reptiles de Piriápolis. Fue hablando con el dueño del reptiliario que Nahuel decidió comprar a Medusa, una boa que puede crecer hasta dos metros y medio de largo y que ahora vive en un terrario en su cuarto.

“Mi padre sabía, fue al único al que le dije. Mi madre y mi hermana no, porque primero, no me iban a dejar entrar a casa con una boa, y segundo, le tenían fobia. La entré a escondidas y por ahí quedó hasta que un par de días después se dieron cuenta. Al principio se murieron más o menos, pero ahora ya no le tienen fobia, le tienen respeto”, contó Nahuel a El País.

Medusa, boa de Nahuel.
Medusa, boa de Nahuel.
Foto: Cortesía de Nahuel

Si bien sus familiares no se acercan a la serpiente por temor, a Nahuel no le da miedo dormir junto a ella. “Si sale no me haría nada a mí, porque sabe que no soy una presa para ella, y no tiene cómo abrir el terrario, que tiene dos vidrios corredizos que no puede mover”, explicó.

Una de las cosas que más curiosidad generan al hablar de tener serpientes es su alimentación. Nahuel comenzó dándole pequeños ratones. Ahora, alimenta a Medusa con ratas.

“Le compro ratas congeladas a un hombre que cría ratones de laboratorio. Le doy una por semana. Cuando sea más grande, pasa a comer conejos, ahí se le da uno cada 15 días”, señaló.

Cuando compra las ratas, que vienen en paquetes de a diez, Nahuel las pone en una bolsa ziploc y las deja en el freezer. Al pasar una semana, saca una de las ratas, la pone en un tarro con agua para descongelarla y poco después se la da a Medusa.

El paquete de diez ratones chicos le salió $ 500 cuando lo compraba; los ratones más grandes estaban a $ 750. Ahora, paga las diez ratas a $ 1.000. “Me dura dos meses y medio la comida”, dijo el joven y destacó lo económico que resulta tener una serpiente en lugar a un animal doméstico tradicional.

Medusa, boa de Nahuel.
Medusa, boa de Nahuel.
Foto: Cortesía de Nahuel

“Muchos dirán ‘es un animal que no hace nada, capaz que no te da ni cariño, como un perro’. Pero es muy curioso verla. Ahora está toda enrollada atrás de un tronco, pero ayer por ejemplo estaba colgando de un tronco tomando agua, y vos la ves y es tipo pah, pueden pasar 800 cosas. Sacarla, tenerla contigo, ver cómo reacciona... es lindo tenerla. Es para el que le gustan los reptiles, porque si no te aburrís, pero es lindo”, señaló.

“A veces la saco de la jaula, la tengo conmigo, paseo por la casa con ella. No la saco afuera de la casa por el tema de la temperatura, porque las boas no son de acá. Si fuera una pitón por ejemplo sí podría sacarla”, explicó el joven.

Medusa, boa de Nahuel.
Medusa, boa de Nahuel.
Foto: Cortesía de Nahuel

Ahora, el joven quiere comprar una boa macho y que las serpientes se reproduzcan. “(Las crías) se podrían vender. Me gustaría vivir de eso”, expresó.

“El tema de tener reptiles está bueno hoy en día porque con tanto edificio, tanta gente que no puede tener perros o gatos, es un animal de compañía que no ocupa lugar, no tiene olor, no tenés que sacarlo, no hace ruido”, concluyó.

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