La fantasía en plena realidad

El teatro en un pueblo de arena

Entre pescadores y escuelas rurales dos artistas anclaron con sus artes en Cabo Polonio.

Intervención al aire libre en la escuela de Aguas Dulces. Foto: Gentileza / Maricruz Díaz
Intervención al aire libre en la escuela de Aguas Dulces. Foto: Gentileza Maricruz Díaz

Llegar por primera vez a Cabo Polonio después de una caminata de 16 kilómetros por la arena fue como meterse en una película de Bergman o Fellini, confiesa la chilena Maricruz Díaz. Nunca había sentido un olor tan intenso a bacalao, ni una luz solar tan radiante como aquel verano de 1980. Perdió noción del tiempo durante esa estadía, la abrazó el amor fraterno de los pobladores del Cabo y anheló apropiarse del lugar.

"Eran personas sencillas, tenían todo el tiempo del mundo, estaban deseosos de conversar y compartir el pan y el vino", recuerda Maricruz, que descubrió este pueblo perdido en el mapa gracias a su primer marido, y cuando se separó de ese escritor, dejó de frecuentar la Feria del Libro y el Teatro Circular, pero el Cabo no, porque le pertenecía. Se enamoró de Gabriel Valente en 1983 y de su mano corrió al Polonio a plantar bandera. Alquilaron un ranchito diminuto, bajaban a la playa y cuando veían a los pescadores remallar las redes se les acercaban con la guitarra. Maricruz y Gabriel les regalaban sus canciones y ellos les agradecían con anécdotas y pescado gratis.

El día antes de terminar las vacaciones quisieron despedirse, pero no los dejaron ir. "Ustedes no son turistas, tienen que hacerse un rancho acá", les dijeron. Gabriel contestó que no tenía dinero, y mencionó que su único capital eran 300 dólares de una moto que había vendido. "Con esa plata te hago el rancho", le aseguró Roberto Calimaris, alias "El Coya", y pronto solicitó el permiso y les construyó una pieza de 3x6 hacia la playa Sur. Así nació el romance idílico de esta pareja con Cabo Polonio. Hace 34 años que veranean allí, y tres que viven de modo permanente. En ese rancho hoy funciona un hostel y Tatuteatro. Reciben artistas de todo el mundo y el plan es lograr tener una obra por día para grandes y chicos.

Teatro en el Cabo Polonio

Antecedentes.

A Maricruz siempre le picó el bichito del teatro y participaba en talleres u obras independientes. En noviembre de 2012 murió la Chela, hacedora del mejor pan del Cabo y personaje emblemático del lugar; el alma de Maricruz se sacudió. "Apenas se fue la última pareja de turistas de mi casa salí corriendo a la playa a escribir algo que parecían memorias". Ese impulso a modo de tributo se convirtió en el monólogo La niña de madera de aquel Polonio. Lo actuó la propia Maricruz, dirigida por Fabio Zidán, y la obra les trajo un sinfín de alegrías.

La técnica emotiva "destapó una cajita" y la animó a escribir otras dos obras: Vivir con honor, morir con gloria y Tintaya. Los seleccionaron para el encuentro de teatro Entepola, en Jujuy, y nunca más tuvieron que postularse a otro evento semejante porque les llovieron invitaciones. Las obras los llevaron por Francia, Italia, Portugal, Suiza, España, México, Perú, Argentina, Chile y Brasil.

Maricruz se jubiló hace tres años y decidieron mudarse al Cabo porque era la posibilidad de vivir con muy poca plata y dedicar algún ahorro a viajar. Gabriel cobró este mes su primer sueldo como pasivo, ya que no tenía edad para jubilarse antes. Durante un año fue y vino, pero hace dos optó por dejar su trabajo en la OPP para hacer teatro en Cabo Polonio.

Teatro en el Cabo Polonio

Armá tu historia.

Esta pareja se propuso llevar el arte por los pueblos de Rocha y en esos trayectos se veía una escuela rural cada 10 kilómetros. Cada vez que se topaban con una comentaban: "¿cómo podemos hacer para entrar a contar cuentos aquí?". Sucedió solo y se los propuso la maestra Verónica Alonso. Después de ver una función de Vivir con honor..., en Aguas Dulces, se presentó: "soy la maestra del Cabo y tienen que ir a la escuela a hacer lo que quieran".

El rancho de Maricruz y Gabriel está a los pies de esa escuela y le contaron que soñaban con poder entrar pero no sabían cómo acercarse. "El lugar es de ustedes", les contestó.

Así arrancó el proyecto "Cuenta Conmigo" tres años atrás. La primera experiencia fue con cinco alumnos de entre 3 y 12 años en el Cabo. En lo que va de 2018 han llevado sus cuentos y canciones por más de 30 escuelas rurales de Castillos, 19 de Abril, Valizas, El Palmar, Arachania y Aguas Dulces, y tienen otros tantos pueblos más en lista de espera. Salen tres veces por semana, visitan tres escuelas y no cargan escenografía. Solo llevan títeres y una guitarra. Gabriel conduce a los niños para que construyan su relato. Usa la misma técnica que los grandes cuentistas del Cabo (Bonifacio, el Nene Veiga y el Zorro): inventar valiéndose de la realidad.

El punto de partida es preguntar: "¿Qué cuento quieren que les cuente? Conozco cuatro historias: las que empiezan bien y terminan bien, las que empiezan mal y terminan mal, las que empiezan bien y terminan mal, las que empiezan mal y terminan bien". Ellos eligen el principio, el final, dos personajes, y lo van tejiendo. Luego aparecen los títeres, y terminan cantando y bailando. El cuento es un disparador para que hablen, enriquezcan su vocabulario, imaginen e inventen. Maricruz y Gabriel sueñan con que esos niños lleguen a sus casas, apaguen el televisor y obliguen a sus padres a escuchar un relato. Hace poco se organizó una reunión en Cerro de los Rocha para oír los cuentos: eran tres escuelas y había siete niños. "El panorama es doloroso: son escuelas divinas, en parajes preciosos pero no quedan familias. Nos quieren prestar los salones para ensayar porque están vacíos", se lamenta Maricruz. Cabo Polonio, teatro, escuelas rurales.

Teatro en el Cabo Polonio

DE CARA AL MAR.

De cara al mar

Yoga, cine y una radio comunitaria sin nombre

La maestra Verónica Alonso abrió las puertas de la escuela de Cabo Polonio para que Maricruz y Gabriel pudieran contar sus cuentos a los niños. Ella se encargó, además, de convertir el centro educativo en un espacio cultural, hecho inédito en este pueblo de pescadores favorito de los turistas.

Desde hace un par de años hay clases de yoga semanales, se proyecta cine todos los domingos, y ahí funciona una radio comunitaria (97.7 FM), que no tiene nombre porque "todavía no nos hemos podido ponernos de acuerdo sobre cómo llamarla", dice Gabriel

El proyecto Cuenta Conmigo solo se hizo en el Cabo durante el primer año. Maricruz y Gabriel grababan con sus celulares esas intervenciones para luego pasarlas en la FM local. El boca a boca surtió efecto, maestras de otras escuelas rurales se enteraron del proyecto y empezaron a invitarlos a que contaran sus cuentos en sus salones. Entonces se volvió imposible registrar y editar tanto material. Pero en la mente de los niños quedó eso latente y hace poco los observaron haciendo el mismo juego mientras la maestra atendía cuestiones administrativas. "Ya está instalada entre ellos la picardía de contar cuentos", dice orgullosa Maricruz..

Un cuento para niños, sus padres y vecinos

Los alumnos de la escuela de Cabo Polonio representaron a su pueblo en un encuentro de teatro que agrupó a todas las instituciones educativas de Rocha en 2017. Hicieron la obra El ruiseñor y la serpiente, un cuento creado por Gabriel, que se adaptó para la ocasión. Se usaron elementos reciclados para armar la escenografía y los trajes. Padres, madres y vecinos de esos niños los acompañaron al teatro 25 de Mayo y los observaron orgullosos.

El plan para este año es preparar una salida con la escuela especial de integración en Castillos a fin de "visibilizarlos. Vamos a salir con disfraces y cantando en procesión hasta la plaza. Nos instalaremos ahí y contaremos cuentos a los padres y vecinos", cuenta Maricruz.

No les cabe en el pecho tanta felicidad por este proyecto. "El vocabulario de los niños del Cabo al principio era muy acotado, y hoy son unos pororós", dice Maricruz. Acumulan miles de fotos de los ojos de esos chicos "devorándonos". El plan es seguir replicándolo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)

º