Montevideo - Los fuertes vientos que azotaban hoy la costa de Montevideo obligaron a posponer al menos por un día el rescate del acorazado nazi Admiral Graf Spee, hundido en 1939.
"Hay mucho viento por lo que la grúa (que debe levantar las piezas del acorazado) no podrá salir", dijo a AP el buzo profesional uruguayo Héctor Bado, a cargo del reflotamiento del acorazado.
"Si el viento calma saldremos con los buzos a reparar las líneas y cabos que se rompieron para el miércoles poder nuevamente encarar la operación", explicó.
"Pero de ninguna manera el rescate se ha suspendido. Sólo se ha pospuesto debido a las malas condiciones climáticas", agregó.
El lunes, una serie de contratiempos impidió llevar a cabo el reflotamiento del telémetro, un artefacto óptico que permitía mejorar la puntería y que convirtió al Graf Spee en la pesadilla de la flota aliada en la Segunda Guerra Mundial.
El rescate de esta pieza de 27 toneladas es el primer paso del reflotamiento total del acorazado, que demandará tres años, según los organizadores de esta operación.
Pero la inestabilidad de la grúa, cuyo ancla se enredó en medio de las maniobras, y la rotura en dos ocasiones de los cables de acero que sostenían el telémetro, dejaron con las manos vacías a los integrantes del operativo Rescate al Graf Spee luego de 13 horas y media de esfuerzos.
Los restos del Graf Spee se encuentran a unos ocho kilómetros del puerto de Montevideo, sepultados en el lodo a siete metros de profundidad en la zona de Punta Yeguas, donde el 17 de diciembre de 1939 el acorazado de 12.500 toneladas fue hundido por decisión de su capitán Hans Langsdorff.
Pese a ser considerado un acorazado "de bolsillo" por su tamaño inferior al convencional, el Graf Spee causó estragos a la flota aliada en el sur del Atlántico gracias a su notable velocidad y capacidad de fuego.
En el amanecer del 13 de diciembre de 1939 comenzó la Batalla del Río de la Plata, cuando los cruceros de guerra ingleses HMS Exeter y HMS Ajax, y el neocelandés HMSNZ Achilles comenzaron a perseguirlo.
Los convenios internacionales concedían al Graf Spee el derecho a permanecer en puerto neutral durante 72 horas, pero el acorazado necesitaba más tiempo para reparar los daños sufridos en el combate.
Tras fracasar en sus negociaciones con el gobierno uruguayo para extender el plazo de permanencia, su capitán decidió hundir el buque antes que entregarlo a los enemigos.
El acorazado estalló en el aire y se dividió en dos partes que se hundieron en el lecho del río.
Su tripulación fue remolcada hacia Buenos Aires, donde tres días más tarde Langsdorff se suicidó buscando evitar que su nombre quedara mancillado por la derrota. AP