Saludar es más rápido

ANDREA DURLACHER

La murga saluda porque va en grupo y no conoce al público. Pero en Malvín, cuando los conocidos se encuentran por casualidad, rara vez lo agradecen.

Ayer vi a Yamila. Me miraba hasta que la descubrí. Ahí, bajó la cabeza. Yo la hubiera saludado, pero me hermané con la causa de fingir que el encuentro no había acontecido. Claro que podría haber gritado "Yamila", "Yamila". Alegaré que guardé silencio por respeto. Y es un respeto sin retorno: cuando decidís que te harás "el gil" debes abordar con seriedad la empresa, porque si un juez presenciara el evento diría que el culpable de la antipatía fue el más alevoso, no el primero que decidió cometerla.

Quizá el que no saluda teme que los conocidos le pregunten por algo que prefiere mantener debajo de la alfombra. Como en un casamiento que tuve hace unos meses, en esos salones-chacra que están de moda, por el kilómetro once. Caminé medio metro de alfombra y la miré. Instantáneamente volteó a apoyar su trago en la bandeja del mozo, como quien le devuelve el vaso vacío, pero, ¡su vaso estaba casi lleno! Además, para calzar tacos de diez centímetros, se alejaba demasiado rápido, casi al trote. Poco después supe que se había acostado -escandalosamente- con el esposo de una mujer que conozco.

La tiranía del destino o la estupidez hace que los conocidos convivan sin saludarse mucho más tiempo del que habían calculado: Quizá Yamila estimó que saludarme le tomaría un par de minutos que prefería dedicar a otra cosa. Pero luego nos tocó hacer juntas la cola. Estudios demuestran que la víctima y el victimario se reencontrarán, y la satisfacción de haber zafado de saludar en el pasado no compensará la incomodidad/enojo despertado.

Como la fila avanzaba despacito, uno de atrás dijo fuerte: "Qué atraso". Su amigo le contestó: "Típico que lo decís para sacar charla con los de adelante". En el tiempo muerto, los desconocidos buscan trabar lazos mientras que los conocidos procuran, a menudo, perderlos. Y después escucho que la globalización une a la gente… vamos, la desconexión nos azotará hasta en la muerte.

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