GABRIELA VAZ
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Concursos organizados por marcas multinacionales, festivales con el apoyo de empresas privadas, publicidad mediática de alta rotación, venta de merchandising y una convocatoria en imparable ascendencia son algunos de los argumentos que esgrimen los descreídos del rock para culparlo de adquirir una dimensión demasiado comercial.
Es que aquel rock de los años 60, 70 y 80 nació como movimiento de resistencia a una sociedad consumista, a la que hoy le debe su existencia. Sin embargo, ante tales acusaciones, llega la defensa obvia: ¿acaso es posible subsistir hoy sin el apoyo de empresas privadas? Es evidente que los músicos tienen derecho a vivir de su arte, y parece evidente también que pretendan masividad. Pero en eso hay acuerdo. El dilema es otro: ¿ser masivo a costa de qué? ¿Hasta dónde vale transar?
NEGOCIO. El boom del rock latino es —por más reservas que genere esta palabra en el ambiente— un negocio que pocos pierden de vista. Ataques y aplausos llegan de todos lados. Sin embargo las críticas más fuertes provienen de los propios gestores de la movida: los músicos. Algunas bandas se expresan con ironía. Los españoles de Mojinos Escozios titularon su sexto trabajo Más de 8 millones de discos vendidos, en alusión a las maniobras publicitarias más propias del pop. A su vez, la sponsorización del rock por empresas de refrescos y cerveza genera una polémica sin fronteras, mientras productores de eventos musicales en América Latina aseguran que repudiar esto es parte de un romanticismo y un prejuicio ya obsoletos.
Tampoco faltan opiniones en este rincón del mundo, menos aún cuando el rock rioplatense vive su apogeo. Integrantes de La Renga —una de las tres bandas argentinas de mayor convocatoria, junto a Los Piojos y Bersuit Vergarabat— se declararon orgullosos el año pasado porque llenaron el Monumental de River sin hacer publicidad, y la gente se enteró por el "boca a boca". Gabriel Iglesias, bajista del grupo, aseguró al diario argentino Página 12 que: "el rock es así. Tiene que estar el que quiere estar, no el que va porque armaste una campaña publicitaria impresionante", a la vez que Jorge Iglesias, el batero de la banda, sentenció: "el rock es combativo, no vengas con otra cosa".
En la misma línea está Charly García. En una entrevista concedida a Sábado Show en abril de 2003, el músico explicó su ausencia en los premios Gardel: "Yo soy rockero y desde siempre, por tradición y por convicción, el rock trató de estar en contra de la música comercial, reclamando un poco más de honestidad (...) Yo sabía que iba a estar todo ese entorno, la industria y todo eso, y no es mi asunto. Yo soy rockero, no transo".
Gustavo Cordera, vocalista de la Bersuit, ha asumido públicamente la contradicción existente entre el discurso "contra el sistema" del grupo, y el hecho de pertenecer a una multinacional. "Nos dimos cuenta que no podíamos manejar comercialmente nuestra carrera y cedimos parte del dinero, para poder dedicarnos más a lo artístico que a lo comercial. Respeto a aquellos que independientemente han tenido logros maravillosos como los Redonditos de Ricota. Me hubiera gustado poder hacerlo así pero la verdad no tengo esa capacidad de ganar dinero".
Al respecto, y como apunte, vale decir que quejas nunca faltan. A las críticas por el andamiaje publicitario se suman otras por la supuesta deformación a la esencia del sonido. Ni siquiera una banda mítica como Los Redondos, que desde sus inicios se mantuvo fiel a sus propias reglas (sin contrato discográfico, productor, sponsors, ni megapromoción en radios y televisión), pudo escapar en su momento a los nostálgicos que criticaron las variaciones musicales que fue tomando el grupo, clamando por un rock más visceral. Fue el Indio Solari, el que entonces, se rebeló: "me importa un pito el rock and roll si es algo que me va a poner una circunstancia square. Mi negocio es la vitalidad".
URUGUAYOS. Mientras tanto la movida rockera se instaló también por estos pagos. Entre concursos y festivales, el rock nacional vive su mejor momento. Y para no ser menos, también aquí están divididas las aguas. La pregunta es: ¿sólo queda un ‘cliché del rock’, funcional a un buen negocio?
Tabaré Rivero, gestor y vocalista de La Tabaré, consideró que "el rock simplemente se está ablandando. Está perdiendo ideología, sustancia. O ya la perdió. Tiene poco que decir, y eso, que es lo más publicitado, es lo que la gente quiere escuchar. Hoy queda poco de la esencia del rock. Queda la pose, la imagen, el grito y el volumen del grito. Igual, entre artistas que no tienen nada qué decir, siempre hay algunos que sí tienen. Y de éstos hay pocos que la gente escucha, porque los que no tienen nada qué decir son siempre los más publicitados. Entre la excepción a esta regla está La Tabaré".
Por su parte, Guillermo "Cuico" Perazzo, baterista de Trotsky Vengaran, opinó: "eso de que lo pop prevalece sobre lo contestatario... Creo que son etapas. Etapas del rock, de la vida misma. En los 80 era más lógico el rock contestatario. Hoy se puede ver más en países donde hay más enfrentamientos. El rock ‘pop’ de hoy es una moda, es circunstancial y va a durar un tiempo, pero la esencia del rock va a ser la misma. La energía arriba del escenario, descargarse y decir lo que uno piensa, más allá de todo".
Aunque por otra vía, algo parecido concluyó Emiliano Brancciari, vocalista de No te va gustar: "el rockero está en contra de muchas cosas, pero tampoco es bobo. Hay que saber utilizar lo que sea para poder decir cosas. No vas a ir a la guerra con un escarbadiente. El rock es un género que se masificó y está bueno aprovechar eso. Está bien que haya empresas que lo usen en su beneficio, mientras no te cambien el arte. Apostamos a eso, a que se apoye. Si nos negamos, estamos mintiendo; si nos ponemos una careta de rebeldes y no decimos nada. Mientras podamos decir lo que queremos, que nos apoye quien sea".