Muchos pensaron este fin de semana en las inundaciones de 1959 -las mayores de la historia uruguaya- por el aumento en el nivel de los ríos, los cortes de luz y de agua que se registraron en Treinta y Tres y Durazno.
El intendente de Treinta y Tres, Gerardo Amaral, dijo que las actuales crecidas "superan en mucho la peor inundación que se recuerda en la zona, ocurridas en 1959". El río Olimar creció por encima de las crecidas de 1959.
Este fin de semana Soriano también se vio afectado. El intendente, Guillermo Besozzi, informó que "en esta oportunidad el río estará a 1.40 metros de la creciente del año 1959".
Aunque la cifra de evacuados no se compara. En 1959 hubo 44.726 damnificados.
A las inundaciones de octubre de 2001, también se las comparó con las de 1959. José Rivero, director del Sistema Nacional de Emergencia (SNE) en 2001, dijo que "en 1959 fue diferente, estaba en peligro una represa, Rincón del Bonete, y se tuvieron que producir varias explosiones para desviar el curso del agua. Eso obligó a evacuar ciudades enteras en previsión de posibles desastres", afirmó el ex director.
Carlos Lorente, actual coordinador del SNE, dijo que en 1959 las condiciones viales del país eran totalmente distintas a las de hoy. Los puentes eran diferentes, y en algunos puntos del país ni siquiera existían.
Los poemas de una creciente
En "Poemas de la ciega" el escritor Washington Benavides muestra lo que vivió Santa Isabel de Paso de los Toros en las inundaciones de 1959, donde él era docente. El poema "En la ruta cinco" dice: "No es la furia del agua destronada del cielo... Cuatro cosas arrastra otra oscura corriente: un farol y una silla, un viejo y una vieja..."