A. MENDIETTA / D. FRIEDMANN
Hay vecinos de Montevideo que salen de sus casas por las mañanas y se encuentran con preservativos, materia fecal, jeringas y botellas. Que dicen que dormir no siempre es fácil entre gritos, peleas y voces de borrachos. Y sostienen que en ocasiones optan por no salir de sus viviendas para evitar robos.
Son habitantes y comerciantes de zonas en las que trabajadores sexuales ejercen la prostitución. Bulevar Artigas y Bulevar España, Propios y la rambla de Malvín son algunas de las calles que ofician de "vidrieras" y a veces de albergues transitorios.
Prostitutas y travestis son conscientes del problema, pero piden que no se generalice. Dicen que es su fuente de trabajo, de una industria que no es menor. El Ministerio de Salud Pública sostiene que existen unos tres mil trabajadores sexuales en Uruguay, aunque la Asociación de Meretrices Profesionales (Amepu) tiene datos de que hay unas siete mil prostitutas.
¿Cómo hacer que convivan trabajadores sexuales con vecinos y comerciantes? La posibilidad de establecer "zonas rojas" - áreas delimitadas para ejercer la prostitución - volvió al tapete esta semana a raíz de un planteo realizado por el edil colorado Aníbal Gloodtdofsky, quien propuso que la Rambla Sudamericana sea la zona para el trabajo sexual.
La propuesta fue rechazada por el intendente de Montevideo, Ricardo Ehrlich, que la tildó de "discriminatoria", aunque dijo estar abierto a estudiar el tema.
Para el Partido Colorado, el municipio está "omiso", ya que la ley 17.525 de 2002 estableció que cada intendencia "establecerá zonas donde se podrá ofrecer el trabajo sexual".
El Partido Nacional, en tanto, no está afín a delimitar "zonas rojas", dijo el edil Alvaro Viviano. Consideran que lo más conveniente es "abrir un proceso de consultas" sobre el tema.
Actualmente, la Comisión Honoraria de Protección del Trabajo sexual estudia la reglamentación de la ley 17.525. El grupo decidió establecer zonas de "exclusión" para el ejercicio de la prostitución. Hasta el momento hay acuerdo en que se fijen las áreas circundantes a los centros educativos como zonas donde no se pueda realizar trabajo sexual, dijo a El País María Luz Osimani, directora del Programa Sida del MSP e integrante de la Comisión. También está a estudio prohibir la prostitución en zonas cercanas a hospitales. "Hay una expresa voluntad de la Comisión en que no se hable de zonas rojas. Esto no ha dado resultado en otros países", afirmó Osimani.
La Intendencia capitalina también está a favor de establecer áreas de exclusión, según el director del Departamento de Desarrollo Social, Félix González. "La Intendencia quiere que haya lugares de encuentro para la sociedad. No nos sumaríamos a generar sitios exclusivos para un grupo de personas", dijo a El País.
Las asociaciones que nuclean tanto a prostitutas como a travestis tampoco creen conveniente establecer "zonas rojas". "Lo que queremos es que nos dejen zonas libres y que establezcan, si lo estiman conveniente áreas de no trabajo", señaló Magdalena Carrere, presidenta de Amepu.
En un sentido similar se manifestó la Asociación de Travestis del Uruguay. "Nos causó mucha sorpresa la propuesta. Concordamos con la zona de exclusión, pero no con una zona roja, que significa que muchas personas se trasladen hacia un determinado lugar", dijo "Gloria" Alvez, presidenta del grupo.
La ley que regula el trabajo sexual, en 2002, constituyó un avance en la materia, consideró su redactor, el diputado colorado Daniel García Pintos. Hasta ese momento había un "limbo jurídico", que la ley atemperó, señaló. Como ejemplos mencionó que logró que los trabajadores sexuales pasaran a "la legalidad", tuvieran un control sanitario periódico obligatorio y al estar registrados estuvieran mucho "más al alcance del orden público".
oche y día. La noche del viernes estaba fría y con rachas de fuertes vientos. A pesar de ello, por las calles de Montevideo se veían decenas de figuras que ofrecían su cuerpo por dinero.
Bulevar Artigas muestra a lo largo de varias esquinas (Garibaldi, Martín Fierro, Vidiela, Rivera o Rodó) pequeños grupos de personas que, con escasísima ropa, intentan seducir con frases sugerentes. Si se viaja hacia la rambla de Malvín o una gran parte de Propios, la oferta cambia. Hay una mayor presencia de prostitutas, muchas de ellas adolescentes, en las paradas de ómnibus o en oscuras esquinas.
Las prostitutas no están de acuerdo con las zonas rojas. Prefieren seguir trabajando donde están, en esquinas que son conocidas por sus clientes habituales y en donde no tienen problemas con los vecinos. Totalmente opuesta es la postura de los travestis entrevistados: coincidieron en su totalidad en los beneficios de una "zona roja". "Se terminarían los problemas con la policía, con los vecinos. Podríamos tener tranquilidad, andar sin ropa si queremos y no se molestaría nadie. Es más seguro para todos".
Cuando llega el día, vecinos y comerciantes se quejan de "los vestigios" de la noche anterior. Explicaron que temprano en la mañana deben limpiar las veredas y entradas de garajes, que son utilizadas por los trabajadores sexuales para mantener sexo o como baños improvisados.
Otros vecinos acusaron que ya no salen de noche por miedo ya que han sido asaltados por los travestis. También hay quejas por ruidos en la noche que no dejan conciliar el sueño. "Se producen muchas peleas entre ellos, a veces por los clientes. Estos últimos son los que generan los problemas ya que vienen borrachos y drogados", señaló una vecina.
Han realizado varias denuncias policiales, pero se han "aburrido" ante la espera de una respuesta policial. Una fuente de la Seccional N° 13 confirmó que en los últimos dos meses se recibieron más de 40 denuncias. La misma fuente explicó que luego esas personas no quieren atestiguar por temor a represalias. "Y sin testigos, sólo podemos actuar si los encontramos manteniendo sexo en la calle pública o en jardines, cuestión que es común".
La secretaria del Centro Comunal N°4, Marisa Tettamanti, opinó que el verdadero problema no es que por Bulevar Artigas existan prostitutas o travestis, sino que mantengan sexo en la calle y en los jardines. "En la zona de Quijote y Bulevar es donde se generan más problemas. Muchas personas vienen en la noche y encuentran a una pareja teniendo sexo en su jardín, esto es lo que los vecinos nos denuncian".
datos
Los trabajadores sexuales se dividen en pequeños grupos y por zonas. A pesar de algunos enfrentamientos es muy inusual que un grupo "invada" la zona del otro.
Las tarifas en los travestis van desde los $150 a los $300. Algunos de ellos no practican sexo oral y manejan otros precios dependiendo el lugar en donde se realice el encuentro: $300 dentro de un coche y $500 en un hotel.
El tiempo por cada servicio no se extiende por más de 40 minutos por cliente. "Aunque generalmente son unos 20 minutos por persona".
En una "buena noche" un travesti atiende a unas 10 personas.
Las prostitutas tienen precios más elevados: por un servicio "standard" son $300; $150 por sexo oral; $500 la media hora y $800 una hora.
En una "buena noche", una prostituta atiende a unas cinco personas.
Todos los entrevistados dijeron obligar a sus clientes a usar preservativo, aunque se les ofrezca más dinero para no hacerlo.
También afirmaron estar debidamente habilitadas, mediante carnet sanitario, por el Ministerio de Salud Pública para ejercer la prostitución. Esta habiltiación es entregada a los trabajadores sexuales cada tres años.
Prefieren el invierno
Los trabajadores sexuales afirmaron que el invierno es la mejor época para trabajar, contrario a lo que podría ser la creencia popular.
"Trabajamos con mayoría de hombres casados, y en invierno es más fácil para ellos escaparse ya que sus esposas se quedan en las casas", explicaron.
"La noche en verano invita más a salir en pareja. Entonces se le hace más difícil a nuestros clientes poder acercarse hasta donde estamos sin levantar sospechas".