En 1930 las palabras "marketing" y mercadeo no existían; el concepto tampoco. Apenas había un atisbo del concepto, algún muñeco calvo de Geniol y poca cosa más.
¿Era el momento de inventar el mercadeo de una empresa periodística? Demasiado ocupado estaba don Carlos en evolucionar desde un periodismo de ideas a un periodismo de servicio comunitario, en mejorar una impresión en constante evolución tecnológica y una distribución que debía abarcar a todo el país en un lapso menor a cinco horas, sin importar la lejanía y el estado del camino.
Con 25 años se sumó al núcleo fundador de El País, y en cortísimo lapso logró consolidar económicamente un modelo periodístico que había conquistado el favor de los lectores. Ahora había que expandirlo, y además de satisfacer las necesidades intelectuales de una sociedad empeñada en robustecer la democracia, también debía brindar servicio comunicacional a las empresas que procuraban afirmarse en un mercado todavía incipiente.
Con 37 años efervescentes, tomó un hecho cualquiera como lo fue un Concurso Mundial de Belleza en Río de Janeiro, para alternar con la manifestación popular que dominaba a los uruguayos del 30, que era naturalmente el fútbol. Así, don Carlos inventó el primer Concurso Nacional de Belleza para escoger a la representante de Uruguay y, de paso, inventó los cupones y les dio forma de hoja de votación... con empresas patrocinadoras, claro está.
Hoy estos certámenes nos tienen a todos al borde del hartazgo, pero en 1930 resultaban toda una novedad y el auspicio de El País transformó el sencillo hecho en un acontecimiento de importancia nacional.
Se formaron "comités de barrio" para apoyar candidaturas y fue necesaria una flota de camiones para transportar cupones hasta la sede de El País (en Ciudadela y Rincón por aquél entonces). Tantos eran los cupones que llegó un momento en que fue imposible contarlos ... terminaron primero clasificando y luego pesando los montones de cupones. La primera selección de "cuerpo presente" se realizó en el Parque Hotel y la proclamación, apoteótica, en el Teatro Solís. Previamente, en todas las capitales del país se realizaron fiestas rutilantes y desfiles de bellezas en automóviles Graham Paige, marca también patrocinadora.
Don Carlos terminaba de dejar de manifiesto la imparable capacidad de convocatoria y la potencia de venta del diario El País. Los cupones en El País habían llegado para quedarse y para contribuir al entretenimiento de los lectores y la rentabilidad de las empresas patrocinantes.
Por ese entonces, El País ya se había consagrado como el medio periodístico que más privilegiaba la difusión cultural. Los lectores disfrutaban de la producción periodística o literaria de figuras como Javier de Viana, "Paco" Espínola, Felisberto Hernández, Juan José Morosoli y muchos otros.
Pero faltaba el humor, y humor fino de la ironía y de la fractura lógica, era una constante cotidiana de don Carlos, quien en complicidad con Julio Suárez (Peloduro), creó las primeras tiras cómicas de fútbol, con el "Pulga" como entrenador. Como todavía no había nombre para esto, lo bautizaron "Novela Gráfica", nombre que no prosperó. Algún tiempo después, esta vez en complicidad con Arthur García (Wimpi) crearon el humor escrito intelectual para una de las sociedades más cultas de la región. Y como él no tenía tiempo, pero su sangre impregnada de humor ya corría tumultuosa por toda su progenie, encomendó a Jorge y Daniel Scheck la tarea de erradicar definitivamente el humor del porrazo y completaran el camino iniciado con Wimpi para inventar el humor uruguayo.
Tratar de enumerar todas las acciones promocionales de Don Carlos es una tarea tan imposible como lo sería en su tiempo seguirlo en cada una de sus jornadas de infatigable creatividad.
Don Carlos puso a esta empresa en ebullición y demostró que la profesión de "contador perito mercantil" puede trascender largamente el ámbito de los números.