Política que dio resultado

El colectivo afro fue el más beneficiado de esta década

Pese a la mejora de los indicadores, insisten en que existe una “negrofobia”.

Según el último censo nacional, el 8,1% de la población se considera afrodescendiente. Foto: AFP
Según el último censo nacional, el 8,1% de la población se considera afrodescendiente. Foto: AFP

Detrás de la devoción por el Negro Jefe, el Negro Rada y el Negro Ansina, Uruguay dejaba entrever su faceta más racista: las pésimas condiciones de vida del colectivo que dio luz, entre tantos, a estos tres referentes. Hace diez años —casi nada en tres siglos de historia— la mitad de los afrouruguayos tenía al menos una necesidad básica insatisfecha. Al término del 2017, en cambio, los postergados eran uno de cada cuatro.

Podrá decirse que los negros eran tan discriminados que cualquier mejora iba a ser significativa. Es cierto. Podrá justificarse que sus condiciones —de acceso a la educación, la salud y el trabajo— siguen siendo peores que las de la media de los uruguayos. También es cierto. Pero un informe del Ministerio de Desarrollo Social, en base a los datos que arroja la Encuesta Continua de Hogares, demuestra que el colectivo afro ha sido el que más ha mejorado en la última década si se compara consigo mismo.

De hecho en algunos indicadores la comparación vale respecto al resto de la población. En la culminación de la escuela, por ejemplo, los afrouruguayos han empardado el promedio nacional; incluso cuando la finalización de este nivel educativo mejoró para todas las ascendencias y hoy es "casi universal".

La educación es el campo en que más se nota la mejora de los afros. En doce años este colectivo duplicó el porcentaje de población que termina la enseñanza obligatoria. Y según la diputada nacionalista Gloria Rodríguez, la única legisladora titular afrodescendiente, "hoy encontramos que muchos jóvenes continúan sus estudios terciarios y hasta los están terminando".

Más allá de ser un derecho, la mejora educativa de la población afro "repercute positivamente en los indicadores globales de la enseñanza", dijo Federico Graña, director de Promoción Sociocultural del Mides. En particular porque los afrouruguayos "tienen, en promedio, más hijos que la media".

Algunas instituciones educativas, como la UTU, han resuelto un incentivo particular para los afrodescendientes. En concreto, el pasado noviembre el Consejo de Educación Técnico Profesional decidió que al menos 8% de las becas sean destinadas a la población con esta ascendencia.

Según el último censo nacional, el 8,1% de la población uruguaya se considera afrodescendiente. De ahí que sea esta la cifra que se usa para el mínimo de las becas educativas como para el porcentaje de trabajadores que deben emplear los organismos públicos.

Estas propuestas de "discriminación positiva son necesarias, incluso sería bueno extenderlas a otros campos", dijo la diputada Rodríguez. Sin embargo, los datos del Mides no permiten concluir si la mejora en la calidad de vida de la población afrodescendiente está dada por políticas específicas o por un "efecto rebote" de las mejoras de la población global.

En los últimos tres años, por ejemplo, la caída de la pobreza ha sido más significativa entre los afros que entre los no afros; eso hace suponer que haya sucedido algo específico en el colectivo. Pero los indicadores de la salud, en cambio, muestran que cada vez más afros pueden atenderse en mutualistas privadas gracias al Fonasa y no a una política determinada.

En este sentido, el acceso de los afros a los prestadores de salud privados tuvo un comportamiento similar al de la culminación de la enseñanza obligatoria: se duplicó en doce años. Hoy cuatro de cada diez afrouruguayos se atienden en las llamadas IAMC.

Sea cual sea el motivo de la mejora, Graña insiste en que "sigue habiendo una brecha que no ha podido eliminarse". Y el motivo por el cual no se han disminuido las diferencias con mayor celeridad es porque "la sociedad no reconoce el racismo".

El director de Promoción Sociocultural está aprovechando este mes de la afrodescendencia para demostrar cómo "Uruguay niega la existencia del racismo".

Prueba de ello, dice, en los "freeshops de Rivera no hay personas afro atendiendo al público, pero una investigación de la UdelaR sí encontró a muchos trabajando adentro de los depósitos". Eso, según Graña, deja en evidencia que "parte de la sociedad define categorías de buena presencia que son, en esencia, racistas".

Esto sin contar los hechos de discriminación más directa, como el ataque que recibió un trabajador afro, en una estación de servicio, a fines de junio, recordó Rodríguez.

Para la legisladora no hay dudas: aunque se mejore la calidad de vida, "en Uruguay sigue habiendo negrofobia".

Solo un organismo público cumplió con la cuota de inclusión

En ley: la Junta de Cerro Largo contrató 25% de afros. Foto: Gerardo Pérez.
En ley: la Junta de Cerro Largo contrató 25% de afros. Foto: Gerardo Pérez.

El ingreso al Estado de personas afrodescendientes parece correr con la misma suerte que las personas con discapacidad: los organismos incumplen la normativa de cuotas. La ley 19.122 establece que los poderes del Estado —entre una serie de instituciones— están obligados a destinar el 8% de los puestos de trabajo a ser llenados en el año, para ser ocupados por personas afrodescendientes mediante llamado público. Pero al cierre de 2017, los organismos apenas habían destinado el 2,06%; según el resumen que presentó en la Rendición de Cuentas, la Oficina Nacional de Servicio Civil.

Porcentaje.

Solo la Junta Departamental de Cerro Largo cumplió con la ley. Del total de personas que ingresaron al organismo, uno de cada cuatro era afrodescendiente —en la práctica significó la contratación de tres afrodescendientes. Las otras instituciones que estuvieron muy próximo a alcanzar el objetivo fueron el Banco de la República Oriental del Uruguay (7,69%), el Ministerio de Transporte y Obras Públicas (7,58%), y la Presidencia de la República (7,16%).

En los poderes Legislativo y Judicial, el incumplimiento fue mayúsculo, cercano al 100%. Algo similar le ocurrió al Banco de Seguros, organismo que fue citado por la legisladora Gloria Rodríguez a la comisión de Derechos Humanos de Diputados por presunta discriminación. Es que el Banco había realizado un llamo público pero dividió a los aspirantes entre afros y no afros, adjudicándole a cada grupo hasta un color diferente. "Queda claro que a los afros no se les están dando las oportunidades de las que tanto se habló".

"Se necesitan cuotas en el parlamento"
Gloria Rodríguez. Foto: Marcelo Bonjour

"El mismo partido (Frente Amplio) que promovió la ley de afrodescendientes, hoy no tiene ningún afro ocupando cargos de decisión", se quejó la diputada nacionalista Gloria Rodríguez, la única legisladora titular afro. Este "detalle" es, para ella, una muestra de que "hay una necesidad de discriminación positiva… de una ley de cuotas". La idea sería similar a lo que ya ocurre con la representatividad de las mujeres, pero a una escala acorde a la población afro. Rodríguez ha conversado el asunto con otros legisladores, aunque reconoce que no existe un proyecto elaborado "ni está en la agenda". Eso sí: la legisladora está convencida de que una ley de este tipo "debe ser solo por un período determinado, como un impulso y nada más". El director de Promoción Sociocultural del Mides, Federico Graña, no está convencido de la necesidad de una ley de cuotas porque, dice, eso debe salir de la propia comunidad afro. Pero contó que en otros países, como Colombia, ya hay normas de ese tipo.

Un lugar más allá del deporte

En algunos departamentos de Uruguay, como Artigas y Rivera, los afrodescendientes superan el 17% de la población local. Pero la visibilización del colectivo afro, según Federico Graña, "casi siempre se reduce al deporte y la cultura". A lo sumo hay un tercer campo de destaque, pero ligado a la salida laboral: el militar. De hecho al Ministerio de Defensa ingresaron el año pasado 163 soldados afrodescendientes. Y el porcentaje de este colectivo que se atiende en el hospital castrense supera a la media nacional. Esta discriminación sobre el lugar que se le asigna a los afros, dice Graña, "no es asunto de un gobierno de turno, sino de que la sociedad no logra romper con los prejuicios y con el lugar esperado para que se desarrolle esta población".

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