EDUARDO BARRENECHE
Cansados de los robos, los vecinos de Parque Miramar armaron sistemas de seguridad en varias "cuadras" de ese barrio. Al anochecer, un sereno —militar retirado— ingresa en una casilla y controla la calle. En la madrugada, patrulla de un lado a otro de la cuadra. Con esta modalidad, los hurtos a fincas bajaron a cero en esas zonas.
Hasta el momento hay tres casillas de guardias en Parque Miramar, una zona residencial compuesta por unas 20 manzanas conocida como "El Carrasquito".
Día a día, nuevos vecinos se suman al plan, que fue implementado copiando un sistema similar aplicado en Carrasco. Por una cuota mensual que oscila entre $ 300 y $ 500, financian el sistema que funciona todas las noches y los 365 días del año.
En dos casos, el servicio comienza alrededor de las siete de la tarde y en un tercero empieza a partir de las nueve de la noche. Los tres sistemas funcionan hasta las siete de la mañana.
Eduardo González (45), empresario turístico que vive en Parque Miramar, dijo a El País que las alarmas, perros y rejas ya no frenan a los ladrones.
Yo tengo todo eso. Pero la inseguridad era tan grande, que debía dormir con el revólver en la mano. Ahora ya no me levanto de noche para ver si alguien entró en mi casa, explicó.
Su esposa, Rosana Ripol (32) relató que, antes de que instalaran el servicio de custodia, llegaba con miedo a su propiedad. Agregó que abría el portón automático con el control remoto e ingresaba a la vivienda.
Sin embargo, tenía miedo de que hubiera alguien escondido. Al lado de mi casa hay un predio baldío. Yo pensaba que un delincuente podría esconderse allí y luego saltar la reja hacia mi casa, explicó.
En la cuadra donde viven González y Ripoll casi todos los vecinos fueron robados. Algunos hasta tres veces. En varias oportunidades a los ladrones no les importó que los dueños de la vivienda estuvieran durmiendo cuando ellos ingresaban a la finca.
Según Ripoll, en junio de este año varios delincuentes ingresaron por la noche en una casa situada en la misma cuadra. "Tanto el marido como la mujer agarraron dos revólveres y trancaron la puerta del dormitorio. El marido disparó al aire y los dos quedaron apuntando a la puerta, por si los ladrones trataban de ingresar al dormitorio. Les vaciaron la casa, expresó.
Agregó que, a partir de ese hecho, los vecinos de la cuadra comenzaron a organizarse para armar un sistema de seguridad privado con un casilla.
La familia González reside sobre la calle Alfonsina Storni entre Gabriela Mistral y García Lorca. A dos casas de la suya, vive una familia que impulsó la creación de las garitas de seguridad en esa cuadra hace tres meses atrás.
Desde la calle, esa vivienda parece inexpugnable. Al frente posee un jardín con césped bien cortado. Un muro con rejas separa a los visitantes. Las ventanas también tienen rejas, el portón cierra automáticamente y hay alarmas conectadas con un sistema de respuesta. Además, el timbre funciona con un intercomunicador.
Hartos de los continuos robos que sufrieron, esta familia decidió colocar una puerta-reja prácticamente inviolable en el descanso de la escalera que une el primer con el segundo piso. Antes de irse a dormir, la señora de la casa activa las alarmas, toma su cartera y sube a los dormitorios. Luego tranca la puerta-reja.
Dos días antes de que comenzara a trabajar el guardia privado en la cuadra suya, descendió por la mañana y quedó atónica por lo que vió: ladrones habían ingresado y le habían robado electrodomésticos, botellas de whisky y celulares. La mujer se había olvidado de conectar la alarma.
Además, los "cacos" encontraron las llaves de una camioneta Chevrolet Caravan, modelo americano, y cargaron los elementos hurtados en el vehículo. Días después, la camioneta apareció en el asentamiento situado detrás de Parque Miramar, al otro lado del arroyo Carrasco.
Soledad Fernández vive en Queguay y Rómulo Gallegos. En esa cuadra, Fernández fue la impulsora de colocar una casilla con un guardia.
Tomó como ejemplo el siste-ma de seguridad aplicado en Carrasco.
A su hermana, que vive en esa zona montevideana, le robaron siete veces.
"Los que roban son los de los asentamientos. Entiendo a la gente que no tiene dónde vivir. Pero sabemos que después que roban acá, los ladrones agarran para esos lados. Esas zonas marginales crecen cada día más y creo que la Policía ya no entra allí", dijo.
Fernández explicó que la inseguridad es tan grande en Parque Miramar que si "uno va al fon- do, tiene que trancar todo. Para que no me roben, nunca dejo mi casa sola".
Cecilia Pacheco, una empleada de 34 años, aún no se incorporó al plan de custodia de su calle, pero piensa hacerlo a la brevedad.
Vivo con una sensación de inseguridad permanente. Cuando me voy, pienso que me pueden robar en mi ausencia, destacó.
DIFERENCIAS. Detrás de este barrio residencial, unido apenas por un puente de madera que solo permite el paso de peatones con carritos, se encuentra el asentamiento 19 de Agosto.
Para los residentes del denominado Carrasquito, en este barrio marginal está el origen de sus problemas.
Muchas personas honradas viven en el asentamiento y trabajan en Parque Miramar o en barrios privados situados en las inmediaciones al Aeropuerto de Carrasco.
"Los residentes de Parque Miramar no van a parar de quejarse hasta sacarnos a todos de acá. Yo no puedo pagar un alquiler. Si me echan, vamos a hacer otro asentamiento. Tengo dos hijos", dijo Carvallo, un obrero de la construción que no deseó revelar su primer nombre.
Con tatuajes en varias partes de su cuerpo, Carvallo destacó que "quedamos mal mirados" por los residentes de Parque Miramar porque "no tenemos buenas casas y armamos ranchos" en los terrenos ocupados en agosto del 2001.
Estos terrenos se encuentran sobre el lado norte del arroyo Carrasco. Carvallo, sentado frente a su casa con su esposa y sus tres amigos, veían el frente de varias residencias de dos pisos, de colores salmón, amarillo y rojo, situadas en Parque Miramar. Una de las viviendas tenía un cartel enorme donde se leía: "Se vende".
MIRADA. La gran mayoría de las casas de Parque Miramar son de mediano y alto valor. Muchos son ex habitantes de Carrasco, Malvín y Pocitos, quienes vieron en este barrio la comodidad de vivir en una zona residencial pero a precios menos onerosos.
La Policía satisfecha por medida
Para la Policía de Canelones es positivo que los vecinos de Parque Miramar contraten custodias para brindarles seguridad, ya que funcionan como el programa "Vecinos Alerta" al avisar a los agentes sobre la presencia de personas indeseables en la zona.
En la entrada de Parque Miramar, el Comando de la policía canaria dispuso que un patrullero quede de guardia durante las 24 horas. Por su parte, los vecinos compraron un celular y lo entregaron al conductor de este móvil.
Según una fuente policial, el personal de vigilancia de las casillas no hace ningún procedimiento, sino que avisa al patrullero si personas sospechosas rondan la zona. La fuente indicó que Parque Mirmar "está rodeado" de malvivientes en alusión a los asentamientos ubicados en el lado norte del arroyo Carrasco.
También destacó que los vecinos del barrio cuentan con sistemas de alarmas con respuestas, quienes avisan a la Policía cuando se activa uno de esos dispositivos.
"De esa forma, todos trabajamos juntos por la seguridad de la zona", explicó.
Hace cuatro años, en Parque Miramar se veía a cientos de niños paseando en bicicletas por todo el barrio. También las utilizaban para ir a los colegios de la zona. Ahora, las calles están vacías de bicicletas. Es que, durante un tiempo, menores marginales empujaban a los niños y se llevaban sus bicicletas.
"Ya ningún niño anda en bicicleta en el barrio. Tienen mucho miedo. Cuando mi hijo anda en bicicleta, no le saco la mirada de encima", expresó.