LETICIA COSTA DELGADO
La exclusión no causa esquizofrenia pero sienta las bases y aporta todos los elementos para que el trastorno se manifieste, advierte Laura Viola, catedrática de Psiquiatría Infantil. La sufren niños que creen ver y escuchar lo que no existe.
Se estima que dos de cada 10 niños uruguayos tienen problemas emocionales y conductuales. Si viven en la pobreza la cifra aumenta al 30%, pero si tienen un nivel socioeconómico alto las alteraciones se ven en menos del 9%.
Los datos se desprenden de un estudio realizado años atrás por Laura Viola, catedrática de Psiquiatría Infantil. Para la especialista sigue siendo una foto de los trastor- nos mentales en los niños uruguayos.
Entre las patologías psiquiátricas infantiles la esquizofrenia alcanza a uno de cada 10.000 (datos internacionales). No es de las más frecuentes, advierte Viola, pero sí es de las más graves porque es crónica y altera radicalmente la autonomía del niño, en todas las áreas.
En sí la esquizofrenia es una enfermedad crónica que se caracteriza por la alteración de la percepción de la realidad. Entre los síntomas con que más se la asocia están el ver, escuchar y pensar cosas desagradables basadas en hechos que no suceden.
No tiene una única causa, explica la especialista, pero sí factores que sin lugar a dudas la facilitan. Factores que en familias que están excluidas socialmente, se potencian.
"Es epidemiología acumulada", comenta Viola. "Madre adolescente, malnutrida, dificultad en el control de su embarazo, un niño con bajo peso al nacer, poco estímulo para que siga la educación escolar...". Son todos elementos que generan un "caldo de cultivo" para la enfermedad, considera la catedrática.
La lista de factores de riesgo asociados a la patología es aun más larga. La dificultad en el acceso a los tratamientos, la aparición de trastornos de conducta y la exclusión en el ámbito escolar son realidades que llegan a ser cotidianas en ciertos sectores sociales, y que combinadas no ayudan al trastorno.
"¿Quiere decir que la pobreza genera esquizofrenia?", dice Viola. "No como pobreza en sí. Es la asociación de los factores de riesgo". Según datos de 2010 del Instituto Nacional de Estadística 34 de cada 100 niños menores de 12 años viven debajo de la línea de pobreza.
En concreto, lo que los factores de riesgo hacen en el organismo de los pequeños es generar una vivencia de estrés sostenido que facilita la expresión de genes; genes que inciden en el desarrollo de la enfermedad. Algunos se heredan y otros pueden alterarse durante el crecimiento.
"No es un único gen, hay alteraciones que se asocian más frecuentemente con la patología", explica Viola. "Hay muchos genes que están siendo señalados como responsables de la vulnerabilidad o de la expresión de la enfermedad".
En lo que se conoce como "solapamiento de los genes", una misma alteración puede causar tanto esquizofrenia como autismo, trastorno por déficit atencional, o problemas de bipolaridad.
"Uno tiene que ser muy cuidadoso con eso", dice la especialista. "La genética no quiere decir que dos más dos son cuatro. Ese gen puede no expresarse". Pero si las circunstancias ambientales y familiares no son las más favorables "se va a expresar".
El hecho de que no sea una suerte de "destino marcado" en el futuro del niño abre la posibilidad de prevenir el trastorno, comenta la catedrática.
Lo complejo es que los factores de riesgo son muchos y diversos, agrega, y el realizar un abordaje efectivo implica trabajar desde diversos frentes; tanto desde la madre como desde el embarazo, el parto y el desarrollo del niño.
"No es psiquiatrizar la pobreza", remarca, "es simplemente entender que ahí tengo más riesgo que en otras situaciones". Por eso para ella es en este sector vulnerable donde tendría que estar concentrado el mayor número de prestaciones de salud.
DETECCIÓN. ¿Cómo detectarla? Hay elementos que para Viola son claros. Por ejemplo la desorganización del lenguaje. El hecho de decir cosas desordenadas, hablar de situaciones que no existen o formular una respuesta que no tiene relación con lo que se pregunta, pueden ser indicadores de un pensamiento que está desorganizado.
Las alteraciones en el comportamiento y en el humor -cuando acompañan la desorganización del lenguaje- pueden ser indicadores de esquizofrenia en los niños.
Algunas veces estos desórdenes pueden confundirse con problemas de bipolaridad, por eso los especialistas recomiendan consultar al médico si son detectados.
"Yo pienso que cada vez que los padres piensan que hay algo que no va, tienen que hacer una consulta", dice Viola. "Entonces uno le dirá `tiene razón investiguemos qué es lo que no va bien`, o `mire, está dentro de lo que se espera para la edad`. Y nos quedamos tranquilos".
Algunas veces, cuenta, la esquizofrenia se confunde con expresiones emocionales, con reacciones a situaciones puntuales, y se subestima.
"Por ejemplo te dicen `el niño dejó de hablar porque nació el hermanito`. Nadie deja de hablar en forma definitiva porque nace un hermano".
Por eso para Viola los tratamientos siempre deben incluir espacios en los que se informe a los padres de qué se trata el trastorno, qué tiene el niño y cómo pueden ayudarlo.
"La posibilidad de que puedan entender que la enfermedad psiquiátrica está y que su diagnóstico precoz mejora el pronóstico es una responsabilidad nuestra, de la academia", enfatiza.
Así como las situaciones estresantes facilitan el desarrollo del trastorno, por otra parte, un entorno de tensión permanente empeora la evolución.
Es importante que la familia comprenda, dice Viola, "cómo las situaciones caóticas van a desorganizar" aun más a los pequeños. Todo esto debe ir acompañado de un abordaje farmacológico.
Durante 2011 la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) incluyó propuestas psicoterapéuticas en las prestaciones de salud mental que para Viola mejoraron el acceso a tratamientos.
Fumar marihuana facilita el trastorno
Si a un entorno que ya es hostil se le agregan estimulantes como la marihuana, considera Laura Viola, catedrática de Psiquiatría Infantil, se suma un elemento más para que la esquizofrenia se exprese.
La catedrática dijo que es muy peligroso el pensamiento de que la marihuana "no hace nada" porque, en trastornos como este, existen estudios internacionales que prueban que el desarrollo de la enfermedad es estimulado cuando se consume cannabis.
Especialmente hay dos momentos de riesgo, comentó. Durante el embarazo y en la adolescencia. Dos momentos en los que el cerebro se desarrolla. "La marihuana hace que durante la adolescencia, cuando el cerebro nuevamente está en proceso de maduración" los cerebros que ya traen una vulnerabilidad genética se vean alterados.
"No todo individuo que fume lo va a tener pero si tiene antecedentes, si vino con complicaciones neonatales, si tuvo un ambiente de estresores continuos, mejor que no agregue marihuana porque no le va a ir bien".