Los rincones más vírgenes y salvajes del Uruguay

Medio ambiente. Las reservas naturales ya tienen sus turistas, pero muy poca organización oficial Fueron conservados gracias a su inaccesibilidad y al cuidado local, ahora necesitan protección

 20090411 600x581

XIMENA AGUIAR

Caminar por horas siguiendo trillos de animales o cauces de ríos, embarrarse y meterse entre la maleza es el precio de un privilegio: disfrutar de los lugares más vírgenes que quedan en Uruguay, cada vez más escasos.

Leticia y Nicolás se encaminaron hacia las quebradas del Norte. Aunque el Valle del Lunarejo en Rivera ha sido declarado reserva departamental, las indicaciones son pocas y confusas. Al pasar por los pequeños pueblos de la zona, como La Palma (100 personas, según el censo de 1996) o Lunarejo (40 habitantes), eran mirados con curiosidad. Y eso que no sabían que ellos buscaban visitar no sólo la Quebrada del arroyo Lunarejo, sino también otras más recónditas dentro del mismo valle, formadas por sus afluentes, en las que la presencia humana es aún más esporádica.

Luego de perderse, de ubicarse, de empujar la camioneta en el barro, de bajar más de 200 metros hacia el fondo del cauce, sin gente en los alrededores y sin señal celular, consiguieron lo que buscaban: un rincón solitario en el que podían espiar a una naturaleza prácticamente intocada por el hombre.

El arroyo Rubio Chico forma una pequeña cascada y un espejo de agua. En las rocas de cuevas cercanas se ven las marcas que dejaron los guazubirá frotando sus cuernos contra la piedra. Si uno se sale del cauce y entra en la vegetación circundante, encuentra alfombras verdes de helechos y nidos colgantes, contaron.

Eso fue hace dos años, pero aún hoy, cuando está agobiada, Leticia piensa en la quebrada.

No es fácil explicar cuál es la gracia de alejarse de la gente y los servicios de la ciudad para internarse en la naturaleza. "Es una sensación o una necesidad, cuando lo encontrás te das cuenta. Y luego te queda en la memoria", contó.

Algunos sitios dentro de las quebradas del Norte podrían ser considerados entre los lugares de naturaleza más virgen del país, señaló Guillermo Scarlato, coordinador del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, en proceso de conformación.

No puede decirse que haya lugares completamente "vírgenes" en Uruguay, aclaró Scarlato (ver recuadro). La topografía sin grandes accidentes ha permitido a los pobladores acceder a prácticamente todo el territorio. Mediante actividades como la explotación agrícola y ganadera y la extracción de leña de los bosques nativos, su huella llegó a prácticamente todos los rincones. "Todos los estudios muestran que son muy pocos los lugares del país donde todavía puede encontrarse bosque primario", contó Scarlato.

Pero sí hay lugares en los que los procesos naturales se mantienen con una incidencia humana prácticamente insignificante. "Hay sitios donde la presencia humana directa es casi insignificante y la influencia es a través de la llegada de efectos de actividades que se dan en el entorno, como los animales de crianza. Son zonas que se mantienen menos accesibles por caminos y carreteras, con menos infraestructura de servicios como tendido eléctrico, donde hay una densidad de población muy baja y las modalidades de aprovechamiento del territorio implican una modificación menos intensa", explicó.

¿Cuáles serían? Algunos sectores del bosque ribereño del Río Negro, en proximidades a la desembocadura del Tacuarembó. La confluencia del arroyo Queguay chico y el Queguay grande, "donde todavía probablemente pueda encontrarse algún lugar donde el monte no fue talado". Algunos sitios de las quebradas del norte, "que no fueron explotados por su inaccesibilidad y su lejanía con el lugar de consumo, donde quedan sectores de bosques muy parecidos a las selvas subtropicales del sur de Brasil". Y, aunque las transformaciones han sido mayores, también "algunas zonas de humedales o bañados que se mantuvieron sin desecar y sin ser incorporados a los cultivos arroceros, como Esteros de Farrapos" (Río Negro), consideró Scarlato.

Las zonas de bosque que nunca fueron taladas se reconocen, por ejemplo, en que los troncos de los árboles nativos son únicos y no bifurcados en varias ramas, como suelen encontrarse. Además, se forman varios estratos, con especies vegetales de distintos tamaños adaptadas a vivir a la sombra de otras, explicó.

Estos sitios han quedado protegidos hasta ahora por la dificultad para su acceso y explotación. Pero, actualmente, "para que esos niveles de naturalidad se sigan manteniendo, es importante desarrollar una política que los proteja", señaló Scarlato.

El nuevo valor que han adquirido estos lugares "tiene que ver con el hecho de que en el mundo actual son más escasos", y con la comprobación de que estas zonas naturales "contribuyen a procesos ambientales en el resto del territorio, como a mantener la calidad de agua, por ejemplo", explicó Scarlato. "Aparte de que muchos creemos que esas cosas tienen valor en sí", añadió.

Esa es quizás la parte más difícil de transmitir, pero quienes conocen estos lugares no dudan en afirmar su carácter invaluable.

Hombre y paisaje. En el Valle del Lunarejo, uno de los cerca de 190 productores privados con predios en la zona plantó olivares cerca de las nacientes del arroyo, lo que podría ocasionar una contaminación con agroquímicos, según consigna uno de los documentos de trabajo del SNAP.

El área es un sitio prioritario para ingresar al sistema de protección, pero aún no ha sido confirmado por decreto. Por ahora tiene protección departamental pero sin implementación, por lo que es más bien un área "de papel", consigna el documento.

Sin embargo, también se entiende que su protección hasta ahora se ha debido a que la mayoría de los productores locales valora y preserva las zonas más naturales. Por ejemplo, fue el dueño de uno de los campos de la zona quien evaluó el ingreso de Leticia y Nicolás a la quebrada del Rubio Chico y les explicó las especies que podrían encontrar y la manera en que debían comportarse para no dañar el lugar.

Las costumbres de las comunidades que viven en el entorno de esas zonas agrestes también son parte de lo que se quiere preservar en la conformación de las áreas protegidas uruguayas, por lo que se suele usar la denominación de "paisaje protegido", que implica una interacción entre el hombre y la naturaleza.

Además, los lugareños marcan los recuerdos del visitante. Al contar su viaje a la naturaleza, Leticia también habló de un silbido que se acercaba en la noche, cruzando el río, y que resultó ser de un hombre que volvía a su casa en bicicleta con su traje de apicultor, y de la dura vida del dueño de un campo de la zona y de sus hijos (ver relato).

A medida que estos sitios son más valorados por turistas nacionales y extranjeros, se necesita de una infraestructura que guíe y ordene ese nuevo uso. Y en un principio son los propios habitantes locales los que la ofrecen.

En Guichón, un grupo local de amigos que disfrutaba de deportes en el río comenzó a organizar las visitas turísticas a la zona del arroyo Queguay (a 25 kilómetros de la localidad) en la década del noventa, contó el director de la junta local, Daniel Silveira. Canotaje, pesca deportiva y observación de aves comenzaron a atraer a visitantes argentinos y uruguayos que pasaban unos días en las termas de Almirón, complementando la oferta turística, contó.

Junto con ONGs ambientalistas, como Aves Uruguay, capacitaron a jóvenes locales y concretaron senderos de interpretación. Actualmente, la mayoría de esos jóvenes cursa estudios en Montevideo, y las actividades se han vuelto más esporádicas.

Pese a su utilización para el ecoturismo, siempre hubo una zona en la que no se ingresó: el Rincón de Pérez. Un monte cerrado, en una zona inundable, al que no entra ni el ganado ni los visitantes, salvo algún puntual investigador.

"Hay un sistema de bañados que protege a ese monte y lo hace bastante inaccesible, sobre todo en una especie de horqueta que se forma en la confluencia del Queguay grande con el chico", explicó Silveira.

"La zona del rincón del Queguay está fuera del circuito porque el 80% no entraría ahí, es como caminar dentro de una selva bastante cerrada, no deja ver muchas especies de plantas ni de animales. Entran estudiosos o ni siquiera ellos, a la reserva mismo ni los dueños de la estancia, porque es muy difícil de acceder", contó. Cuando alguien se interesa por el lugar, se lo suele llevar en canoa para que vea este monte ribereño desde el agua, contó.

El lugar está en la etapa de elaboración de propuesta para el ingreso al SNAP, lo que esperan que valorizaría la actividad ecoturística y mantendría la preservación de Rincón de Pérez, dijo Silveira. Mientras tanto, algunos esporádicos visitantes se siguen internando de vez en cuando en estos y otros parajes escondidos, en busca de un encuentro exclusivo con la naturaleza más agreste.

Las cifras

2 Son las áreas que ingresaron al SNAP: Quebrada de los Cuervos y Esteros de Farrapos. Hay 5 más en proceso y otras 8 en estudio.

1.300 Son las especies de animales vertebrados que hay en el país, de las que 446 son aves. También hay 2.750 especies de plantas.

Sustituir, modificar, preservar

"Un sitio `virgen` sería un lugar intocado por el hombre o por las actividades que el hombre desarrolla. En el mundo quedan muy pocos lugares vírgenes, si es que quedan. En nuestro país, sin grandes accidentes geográficos, prácticamente todo el territorio alguna vez ha sido visitado por el hombre. Además, el ganado ha llegado prácticamente a todos los rincones", explicó Guillermo Scarlato, coordinador del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP).

Sin embargo, "hay sitios del territorio que tienen niveles de naturalidad mayores que otros. En un extremo están las áreas urbanas, luego las zonas vinculadas al uso turístico intensivo, los sitios vinculados a la actividad agrícola, sean cultivos de eucaliptos, de arroz o de pasturas para la producción de leche o de carne. Y si seguimos en esa graduación, llegamos a sitios donde la actividad fundamental es la ganadería y el pastoreo en forma extensiva, donde se aprovecha fundamentalmente la capacidad de producción de los pastos naturales. Los llamamos campos naturales aunque han sufrido cambios por el pastoreo. Y finalmente hay algunos sitios a los que el ganado llega muy poco, la presencia humana es muy esporádica, sitios de difícil acceso porque son bosques en lugares inundables de forma temporaria, difíciles de penetrar, o en topografías muy quebradas para nuestro país. Esos son los sitios que uno puede decir que presentan características más parecidas a lo que uno imaginaría como sitio virgen", explicó Scarlato.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar